Luego de que las autoridades sanitarias de Argentina levantaran la cuarentena para negocios como el de Tito Loizeau, éste convoco a sus empleados, sin embargo la mayoría de ellos ya laboraban en otros lugares.

Argentina, 04 marzo (Vanguardia).- Lo que parecía ser un sueño hecho realidad tras abrir su negocio, este se desmoronó ante la llegada de la pandemia.

La cuarentena obligatoria y voluntaria ha sido un factor clave para que muchos negocios se vean obligados a cerrar debido a la falta de gente, y por ende a que muchos queden desempleados.

Tal fue el caso de Loizeau y su hijo Gastón, que juntos abrieron su soñado restaurante con temática de Hollywood. Y pese a la dura crisis económica por la COVID y haber cerrado su negocio, siguió pagándole a sus empleados para “apoyarlos”, sin embargo, estos cobrarán y ya tenían otro trabajo.

A través de redes sociales, el microempresario compartió su cruda realidad ante la pandemia.

“Después de 12 meses cerrados por la cuarentena, el Gobierno decidió habilitar los cines. Así que reabrimos El Capitán. 11 meses pagando salarios de 20 personas. Ahora los convoco a trabajar y 14 de las 20 estaban laborando en otro lado. Pelotudo es poco lo que me siento!!”, publicó Tito Loizeau en la red social Twitter.

Con la llegada de la pandemia, Loizeau se vio obligado a cerrar su local, sin “desproteger” a sus empleados. Mismos que lo traicionaron cobrando cada semana su cheque sin regresar a trabajar.

“Como todos, yo pensaba que iba a durar quince días. Pero fueron treinta y luego dos meses y después ya no sabíamos cuándo iba a terminar todo esto”, relata.

“En el medio quedaron sus empleados, 20 personas, todos relacionados al rubro gastronómico, a quien les siguió pagando el sueldo del 1 al 5 de manera religiosa: “Por un decreto el Gobierno no nos dejó despedir ni suspender a nadie y por eso nos anotamos en el ATP que nos cubrió el 50 por ciento de los salarios, la otra mitad la pagaba yo de mi bolsillo, sin tener ningún ingreso”.

Mientras tanto el chat de WhastApp que tenía Tito con sus empleados se mantenía activo: “Hola chicos, les cuento que la situación viene dura, pero en los próximos días van a recibir el sueldo”, les escribía Loizeau.

Una vez autorizada la reapertura de algunos establecimientos, incluyendo el de él, convocó a sus empleados: “Buen día, vamos a reabrir el restaurante. Necesito que vengan así lo ponemos en condiciones”, dijo. Pero no llegó ni una sola respuesta.

Tito les escribió por privado a cada uno y allí se enteró lo que pasaba. De los 20 empleados, 14 ya habían conseguido otro trabajo, algunos desde hacía varios meses, pero nunca le habían dicho.

“Siguieron cobrando la ayuda del Estado”, mientras duró, “y el sueldo que les pagaba” Loizeau a pesar de que tenían otros empleadores.

“Fue una decepción. Fue pensar ‘yo te banqué, no te dejé en la calle tirado y así y todo me cagaste’. Gasté dos millones y medio de sueldos durante todo el año, manteníamos un diálogo, una relación y esa fue su forma de respuesta”, cuenta ahora Tito, bastante indignado.

Ante esto confesó que no tomará acciones legales contra los empleados, solamente espera su renuncia por escrito.

Afirma que hasta el momento solo trabajan seis personas con él, y aunque buscara más empleados está en espera de “luz verde” para abrir.

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