La ciudad donde se encuentran Bollywood y la principal bolsa de valores de la India tenía más de 41 mil contagiados hasta el jueves y un sistema de salud desbordado.

Por Yirmiyan Arthur

KOHIMA, India, 4 de junio (AP).- No hay secretos en las estrechas calles de Dharavi, el barrio pobre más grande de la India. Todo el mundo sabe cuando un marido alcohólico se torna violento, cuando regañan a un niño o cuando el televisor de una familia tiene el volumen demasiado alto.

Por ello, la noticia de que un vecino había sido hospitalizado con el nuevo coronavirus causó conmoción en este sector de 2.5 kilómetros cuadrados (una milla cuadrada) donde viven un millón de los residentes más pobres de Mumbai.

Kunal Kanase vivió toda su vida en ese slum y vio cómo las autoridades ignoraron siempre las tragedias que ocurrían, como desagües que se rebalsan y episodios de violencia doméstica. Sabía que no podía esperar ayuda.

Estudiante y activista de 31 años, Kanase acudió a todos los servicios de asistencia del Gobierno y trató de convencer a las autoridades de que ordenasen una cuarentena para la familia del vecino contagiado. No fue escuchado, por lo que envió un tuit a la Policía de Mumbai, que pronto se hizo presente y llevó a la familia a un centro de cuarentenas.

“Les enseñaba a sus dos hijos. Me sentí bien por la familia porque ahora están relativamente a salvo”, expresó desde el pequeño departamento de dos ambientes que comparte con sus padres y un hermano menor.

Un hombre se baña en uno de los estrechos callejones de Dharavi, uno de los barrios marginales más grandes de Asia, en Mumbai, India, el 10 de julio del 2014. Foto: Rafiq Maqbool, AP.

Miembros del colectivo Dharavi Diary reparten comida en Dharavi, uno de los barrios pobres más grandes de Asia, en Mumbai, India, el 6 de mayo del 2020. Un millón de personas viven en 2.6 kilómetros cuadrados y el barrio es un foco de contagio del coronavirus, con mil 800 casos confirmados. Foto: Kunal Kanase vía AP.

Kansase es uno de muchos héroes anónimos que se esfuerzan por proteger a los sectores más vulnerables de la India durante la pandemia, que ha dejado a millones de personas sin poder ganarse la vida.

Cuando se contagió del COVID-19 una mujer que vive a dos casas de la suya -a menos de tres metros (10 pies), Kanase de nuevo trató de alertar a las autoridades. No pudo hacerlo y nadie fue a hacerle pruebas o a aislar a los otros seis miembros de la familia de la mujer.

Kanase veía cómo los servicios sanitarios trataban de contener el brote y desinfectaban las calles, mientras drones sobrevolaban el slum para vigilar los movimientos de la gente.

Dharavi tiene más de mil 800 casos confirmados de COVID-19 y es uno de los principales focos de contagio de Mumbai.

La ciudad donde se encuentran Bollywood y la principal bolsa de valores de la India tenía más de 41 mil contagiados hasta el jueves y un sistema de salud desbordado.

El estado de Maharashtra, donde se encuentra Mumbai, en el centro de la India, es el más golpeado por el coronavirus en una nación donde hay más de 210 mil infecciones confirmadas, de las cuales 104 mil se han recuperado. Hasta ahora hay unos seis mil muertos.

Raja Kadam fotografiado en su cama adentro de un baño público de Dharavi, en Mumbai, India, el 16 de mayo del 2020. Kadam vive desde hace nueve años en este baño de Dharavi, uno de los slums más grandes de Asia y foco de contagio del coronavirus. Foto: Kunal Kanase vía AP.
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Vista aérea de Dharavi, un slum de 2,6 kilómetros cuadrados en el que viven un millón de personas en Mumbai, India. El barrio, donde se filmó la película Slumdog Millonaire, ganadora de un Oscar en el 2008, es un fuerte foco de contagio del coronavirus. Foto: Rafiq Maqbool, AP.

La tasa de infecciones y de muertes es relativamente baja comparada con las de Estados Unidos, el Reino Unido y otras naciones. Pero los epidemiólogos afirman que todavía falta mucho para llegar al pico de infecciones.

Dharavi ganó fama mundial porque aquí se filmó la película Slumdog Millonaire que ganó el Oscar en el 2008. Se encuentra entre las vías de un tren y el río Mithi, que está muy contaminado y el cual separa el slum de un sector de modernos rascacielos. El barrio consiste en un laberinto de pequeños callejones donde viven cantidades de personas, muchas de ellas en casuchas de lata. En una sola habitación viven familias enteras o trabajadores migrantes del interior. Casi nadie tiene un baño privado.

No cuenta con agua corriente confiable y la principal preocupación es la situación sanitaria. El barrio se libró de otro desastre esta semana al no ser afectado por un ciclón que pasó por la ciudad.

Kiran Dighavkar, un funcionario de Mumbai que supervisa personal médico y a voluntarios, dijo que su prioridad es limpiar los 500 baños públicos del lugar. Al menos mil personas visitan cada baño todos los días.

“Vienen dos veces al día a buscar comida y usan los baños. Se imagina lo difícil que es mantener el distanciamiento social”, comentó Dighavkar.

Kanase integra Dharavi Diary, un grupo que trabaja para mejorar las condiciones del slum y que ayuda a los afectados por la pandemia, entregando bolsas de arroz, aceite para cocinar y azúcar, lo suficiente como para alimentar a una familia por dos semanas. Pero carecen de recursos como para asistir a todo el mundo y a menudo tienen que ser selectivos y ayudar a los más necesitados entre los necesitados.

El activista comunitario Kunal Kanase, de 31 años, posa para una foto en una calle de Dharavi, una de las barriadas pobres más grandes de Asia, en Mumbai, India, el sábado 16 de mayo de 2020. Foto: Rafiq Maqbool, AP.

Personal de los servicios sanitarios de Mumbai le toman la temperatura a residentes de Dharavi, uno de los slums (barrios pobres) más grandes de Asia, el 13 de abril del 2020.  Foto: Rafiq Maqbool, AP.

Todos los días una cantidad de personas, sobre todo migrantes del interior, hacen cola en la calle principal para esperar que Dharavi Diary y otros voluntarios, organizaciones y dependencias del gobierno repartan comida.

Los pobres de la India han llevado la peor parte de la pandemia y muchos trabajadores migrantes regresaron a sus pueblos por temor a morirse de hambre en las ciudades. A veces tuvieron que caminar cientos de kilómetros.