Diversos especialistas han declarado que la vacuna contra la COVID-19 en realidad no traerá grandes diferencias en el corto plazo; epidemiólogos que fueron encuestados expresaron queno esperan que la vida vuelva a ser como era antes de la pandemia.

Ciudad de México, 4 de diciembre (SinEmbargo).– Las vacunas contra el coronavirus están en camino. Pero la realidad es que no harán mucha diferencia en el corto plazo. Cientos de epidemiólogos no esperan que sus vidas vuelvan a la normalidad previa a la pandemia. La mayoría ha tomado algunas precauciones: ir al supermercado o ver a amigos al aire libre. Pero son tan cautelosos como siempre con respecto a muchas actividades de la vida diaria.

Estados Unidos registró más de 3 mil 100 muertes a causa del COVID-19 en un día, superando el récord impuesto en la primavera. El número de estadounidenses hospitalizados con el virus también ha superado los 100 mil por primera vez.

Margot Sanger-Katz, Claire Cain Miller y Quoctrung Bui, periodistas de The New York Times, hicieron una labor titánica: encuestar a 700 epidemiólogos. “La mitad dijo que no cambiarían su comportamiento personal hasta que al menos el 70 por ciento de la población estuviera vacunada. El treinta por ciento dijo que haría algunos cambios una vez que se vacunaran”.

Hace seis meses preguntaron un grupo similar de epidemiólogos sobre cuándo la vida podría volver a la normalidad. La mayoría supuso entonces que la gente tendría que esperar un año o más para que se normalizaran muchos aspectos de la vida diaria. Esta vez, como la propagación del virus ha empeorado pero los tratamientos han mejorado, centraron sus preguntas en cómo han estado viviendo en medio de la pandemia.

Pese a la vacuna, diversos especialistas no confían al 100 por ciento que la situación regrese a la normalidad antes de la crisis sanitaria. Foto: Biontech vía EFE

Y hay lecciones qué aprender para los ciudadanos comunes.

“Una minoría de los epidemiólogos dijo que si las vacunas altamente efectivas se distribuyeran ampliamente, sería seguro que los estadounidenses comenzaran a vivir más libremente hasta el verano”, dicen. “Pero la mayoría dijo que incluso con las vacunas, probablemente tomaría un año o más para que muchas actividades se reiniciaran de manera segura, y que algunas partes de sus vidas nunca volverían a ser como antes”.

“Los epidemiólogos están preocupados por muchas incógnitas, incluido cuánto dura la inmunidad; cómo puede mutar el virus; los desafíos de la distribución de vacunas; y la posible renuencia a aceptar la vacuna entre algunos grupos. En la víspera del invierno de COVID-19, los epidemiólogos viven con estrictas precauciones y nuevas soluciones, mucho más estrictas que las de muchos estadounidenses comunes. Sin embargo, esas precauciones han evolucionado desde la primavera pasada, ya que los científicos han aprendido más sobre cómo se propaga el coronavirus y qué lo previene”, agrega el texto de The New York Times.

De las 23 actividades de la vida diaria sobre las que preguntó la encuesta, sólo hubo tres que la mayoría de los encuestados había realizado en el último mes: reunirse al aire libre con amigos; traer correo sin precauciones; y hacer mandados, como ir al supermercado o la farmacia. “Los epidemiólogos han evitado casi por completo otras partes de la vida antes de la pandemia, incluidas las actividades que muchos estadounidenses están haciendo ahora. Casi ninguno dijo haber asistido a un evento deportivo, obra de teatro o concierto; se encontró con alguien que no conocía bien; o asistió a una boda o funeral”.

“Tres cuartas partes de los encuestados dijeron que planeaban pasar Navidad, Hanukkah u otras fiestas de invierno sólo con miembros de su hogar, o no celebrar en absoluto. Cuando se les preguntó acerca de las actividades más seguras y riesgosas de la lista, la mayoría de los epidemiólogos estuvieron de acuerdo con estos principios generales: están menos preocupados por las actividades al aire libre y por tocar superficies, y más preocupados por las actividades en interiores y aquellas con grupos grandes”.

Bill Clinton y George Bush se ofrecieron para vacunarse contra la COVID-19 y ayudar a que la población confíe y se apliqué el medicamento. Foto: Twitter @ClintonCenter

EXPRESIDENTES A VACUNARSE

Tres expresidentes estadounidenses dijeron que estarían dispuestos a ponerse públicamente la vacuna contra el coronavirus una vez que esté disponible, a fin de alentar a la población a inyectarse para protegerse de una enfermedad que ha cobrado más de 275 mil vidas en todo el país.

El expresidente Barack Obama dijo durante un episodio del programa “The Joe Madison Show” de SiriusXM’s transmitido el jueves: “Les prometo que una vez que esté disponible para personas que están en menor riesgo, me la pondré”.

“Podría terminar pasándolo en televisión o grabándolo”, añadió Obama, “para que la gente sepa que confío en esta ciencia”.

Eso podría tardar algún tiempo. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) considerará autorizar el uso de emergencia de dos vacunas, una desarrollada por Pfizer y la otra por Moderna, en las próximas semanas, pero los estimados actuales proyectan que no habrá más de 20 millones de dosis de cada vacuna disponibles para finales del año. Cada producto requiere dos dosis, lo que significa que las vacunas se racionarán en las primeras etapas.

Sin embargo, el expresidente Bill Clinton “definitivamente” estaría dispuesto a vacunarse, tan pronto como una vacuna “esté disponible para él, con base en las prioridades determinadas por las autoridades de salud pública”, dijo el portavoz Ángel Ureña.

“Y lo hará en un sitio público si eso ayuda a que todos los estadounidenses hagan lo mismo”, añadió Ureña en un comunicado emitido el jueves.

En tanto, Freddy Ford, jefe de despacho del expresidente George W. Bush, comentó en la cadena CNN que Bush había pedido recientemente reunirse con el doctor Anthony Fauci, el experto en enfermedades infecciosas del país y la doctora Deborah Birx, la coordinadora de la respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, para hacerles saber que “cuando sea el momento adecuado, quiere hacer lo que pueda para ayudar a alentar a sus conciudadanos a que se vacunen”.

El único otro expresidente vivo, Jimmy Carter, quien a los 96 años de edad es el expresidente de mayor edad en la historia de Estados Unidos, también alentó a la gente a vacunarse, pero no se comprometió a hacerlo en público.

“Jimmy Carter y su esposa, Rosalynn, dijeron hoy que apoyan por completo las labores de vacunación contra el COVID-19 y piden a todos los que son elegibles que se vacunen tan pronto como esté disponible en sus comunidades”, dijo el Centro Carter en un comunicado.