“La promoción a vehículos híbridos y eléctricos, y la aplicación de normas de emisiones y eficiencia energética más estrictas para vehículos a gasolina o diésel involucra al gobierno federal”. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro

La movilidad es un tema crucial en toda ciudad. La Ciudad de México representa un reto en este sentido. Su complejidad y tamaño, entre otras características, así lo muestran. Al respecto, hay un trabajo que viene desde administraciones pasadas que abona al contexto en el cual se encuentra la ciudad actualmente. Actualmente se hace énfasis en la ampliación y modernización de la red de transporte público y la delimitación de vialidades para vehículos no motorizados (bicicletas, esencialmente). También están los segundos pisos, el teleférico, pasos a desnivel, la promoción a taxis híbridos. Todo esto busca abonar a la movilidad de los habitantes de esta urbe.

Esto no viene sin bemoles. Posturas a favor y en contra de cambios en los patrones de movilidad y, por ende, convivencia han ocasionado que en no pocas veces se politice el asunto; menoscabando lo que se hace. Una variable a considerar refiere al momento en el cual llevar a cabo alguna estrategia que pueda tener detractores, y los tiempos actuales son clave para la implementación de nuevas estrategias y esquemas de movilidad.

La pandemia y la subsecuente reclusión para contener el virus ocasionaron una reducción en el tráfico vehicular, y esta situación ha permitido ahondar en los trabajos para mejorar la movilidad, tanto en el establecimiento de ciclopistas en vías importantes de la ciudad, como en el apresuramiento de los trabajos para actualizar y desarrollar nueva infraestructura (como en las líneas de Metrobus). Ha sido el momento adecuado para implementar estos trabajos.

Esto puede tener por objetivo desalentar el uso del transporte privado, pero hay varios sectores de la población que no forman parte de esta transición (sea por preferencia, condición o cotidianeidad). Una vez que la gente esté de nuevo en la calle, según el contexto de la “nueva normalidad”, se verá el impacto de estas acciones en el tráfico y la movilidad. Reducir carriles a vehículos automotores en avenidas que usualmente están congestionadas en horas pico puede tener implicaciones tanto para ciudadanos como para el gobierno.

En este contexto, se tienen que considerar otros elementos que pueden abonar a mejorar la movilidad y que ya están en marcha debido a la pandemia. Este es el caso de los horarios escalonados para transportarse al trabajo. Algo similar pudiera darse para el sector educativo. El trabajo en casa (home office) también debería preservarse, así como el uso de herramientas tecnológicas para el sector educativo (las clases en línea han asistido a que estudiantes no pierdan el ciclo escolar, aun con el acceso diferenciado a internet y equipo de cómputo). La logística en la distribución y abastecimiento de productos puede también ser acordada no solo al interior de cada empresa o sector, sino en coordinación con gobierno y otros actores.

De preservarse posterior a la pandemia, este tipo de acciones redituarán en beneficio del medio ambiente, pues se estarán reduciendo emisiones contaminantes ocasionadas por el transporte; lo que permitiría hablar de una transición hacia una movilidad verde. El camino parece ser el correcto, y hay que considerar y actualizar diversos temas relacionados, como los comentados previamente. Otros ya son considerados y es importante enfatizar en su continuidad, como la electrificación del transporte tanto público como privado. Esto implica la interacción entre niveles de gobierno. La promoción a vehículos híbridos y eléctricos, y la aplicación de normas de emisiones y eficiencia energética más estrictas para vehículos a gasolina o diésel involucra al gobierno federal. La coordinación con otros estados y municipios de la Zona Metropolitana del Valle de México también es crucial, tal como ha sucedido con el ProAire de la Megalópolis, que incluso pudiera servir de base para profundizar en la mejora de la movilidad no sólo en la Ciudad de México. Aunado a esto, la búsqueda de la reducción de emisiones contaminantes ocasionadas por transporte infiere el desarrollo de una estrategia integral que vaya más allá de la movilidad per se, para incluir esquemas de reverdecimiento y enverdecimiento de la ciudad.

Todo esto debe suceder con la implementación de una estrategia integral de movilidad que reditúe en múltiples beneficios para la ciudad. La pandemia ha indicado el camino. Como sociedad, debemos aprender de los cambios y observar los beneficios de largo plazo.