Enfrentarnos a una nueva cepa de influenza. Foto: Igualdad Animal/Animal Equality

La salud mundial ha colapsado, ha sido más de medio año de restricciones de movilidad, de confinamiento, de enfermedad y muerte. El mundo entero ha tenido que adoptar de tajo nuevas medidas de convivencia que cada día nos separan más, nos hacen vivir con miedo y sin libertad, pero, ¿basta todo esto para salir victoriosos de esta pandemia y frenar nuevas?

Hacerle frente a cualquier pandemia, no significa sólo tomar medidas en medio de la tempestad, es evidenciar la raíz de ellas, y solo lo lograremos si estamos dispuestos a realizar cambios profundos que rompan con los paradigmas que nos han devastado como sociedad.

Nuestra relación con los animales y los sistemas de producción que hemos construido alrededor de ellos, que conllevan la matanza masiva de animales y su comercialización, ha puesto en jaque al planeta, no solo por acabar y contaminar los recursos naturales o ser responsable del calentamiento global, también nos han dotado de las más grandes pandemias que hemos vivido.

El virus que causa la COVID-19 no es el primer virus mortal que se relaciona con el comercio y el consumo de animales vivos. El brote de influenza aviar en 2005, virus mortal entre aves de corral, la pandemia de influenza de la gripe porcina en 2009 que saltó de los cerdos a los humanos y el MERS (Síndrome respiratorio de Oriente Medio) en 2012 por consumo de carne o leche de camello, son otros ejemplos de virus que probablemente se originaron en animales y luego saltaron a los seres humanos causando brotes peligrosos.

Sin embargo y a pesar de que la historia nos ha dado un indicio claro del problema y la solución, en medio de esta pandemia causada por COVID-19, una nueva cepa del virus H1N1 de gripe porcina surgió recientemente en una granja de cerdos en China y los científicos han declarado que tiene el potencial de convertirse en pandemia.

El NUEVO VIRUS 64

De acuerdo con un estudio publicado en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, el virus, que ya ha sido identificado como G4, desciende genéticamente de la cepa H1N1 que causó una pandemia en 2009. Según los autores del estudio, científicos de universidades chinas, del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de China, de la OMS y de la Universidad de Nottingham, este virus presenta “todas las características esenciales de estar altamente adaptado para infectar a los humanos”.

El estudio, que se basó en el monitoreo en granjas de 10 provincias de China entre 2011 y 2018, también reveló que el 10.4 por ciento de los trabajadores dieron positivo en la prueba de G4 EA H1N1 y que los trabajadores entre los 18 y 35 años dieron positivo en una tasa más alta: 20.5 por ciento.

El virus H1N1 es altamente infeccioso y se esparció por el mundo en 2009 matando alrededor de 285 mil personas, mientras que la nueva cepa G4 EA H1N1 ha estado presente en granjas porcinas de China desde 2016 de forma común.

El estudio también señala que “los virus G4 tienen todos los sellos esenciales de un virus pandémico candidato” y a los investigadores les preocupa que el virus pueda desencadenar un brote mundial ya que podría mutar una vez más y muestra todas las características para adaptarse a un nivel en que pueda infectar a humanos.

Enfrentarnos a una nueva cepa de influenza, aún cuando el mundo intenta poner fin a la actual pandemia de coronavirus, es un recordatorio de que el riesgo seguirá latente en la medida de que no cambiemos nuestros hábitos de consumo y nuestra relación con los animales.

La vacuna más eficaz para prevenir enfermedades que luego se pudieran convertir en pandemias, es optar por dejar a los animales fuera de nuestros platos y no alterar su ecosistema.