Pese a que en muchos estados el semáforo sigue en rojo, los habitantes han salido a realizar sus actividades. Foto: Cuartoscuro.

Cuando a mediados de marzo se dio la instrucción de que los mayores de 60 años con sobrepeso e hipertensos debíamos quedarnos en casa y no salir hasta que se nos dijera lo contrario, pensé que sería tan sólo por poco tiempo y que ni llegarían a cumplirse los 40 días de la cuarentena, sin embargo, ya pasaron más de 100 días y sigo viviendo exclusivamente en el interior de mi domicilio, en compañía de mi esposa y con visitas reguladas de mis hijos y nietos.

Tengo 74 años y morbilidad, y aunque la orden para cuidar mi salud es “quédate en casa”, en estos días tuve que salir a realizar gestiones que me requerían en persona; transité la ciudad, armado con mi cubrebocas, mascarilla y cachucha, y manejando mi automóvil sin acompañante.

Empecé a sentir una sensación angustiante cuando observé la gran movilidad humana que se produce en las calles de Ciudad Juárez; tomando en cuenta que los contagios y fallecimientos permanecen en índices alarmantes, tanta gente en las calles aumenta el riesgo de que siga elevándose la tasa de mortalidad, pero mi inquietud aumentó cuando vi la cantidad de adultos mayores que también andaba fuera, tratando de realizar algún trabajo o labor para sustentar su vida.

En Ciudad Juárez los exempleados de las maquiladoras, cuando llegan a la tercera edad, no se refugian en el hogar porque las condiciones de vida de sus hijos y nietos no están para dividir los escasos recursos con el abuelo o abuela, por lo que los viejos de la ciudad, como casi todos los otros juarenses, deben salir a diario a trabajar, aunque los empleos que tienen disponibles son de baja calidad, y de mucho riesgo en la contingencia actual.

Uno de los trabajos que desempeñan frecuentemente los hombres de este sector es de parquero, apoyando a conductores en sus intentos de estacionar sus vehículos en los grandes estacionamientos de los centros comerciales o en las calles del Centro de la ciudad; son cientos de ellos desarrollando esta labor, comprendida por el resto de la ciudadanía como un trabajo de pago simbólico y solidario que amerita apenas unas monedas o un billete de baja denominación. Aunque las mujeres de edad avanzada usualmente se desempeñan en la venta informal y tareas de limpieza, algunas también operan como parqueras.

Ese trabajo en esta ciudad, que en verano y entre la 1 y las 5 de la tarde es azotada por temperaturas cercanas a los 40 grados, resulta ser bastante complicado de por sí, pero ahora, ante la emergencia sanitaria y el peligro virulento, estar en la calle tratando de conseguir los recursos para sobrevivir se convierte para los hombres y mujeres mayores en una verdadera aventura por la vida.