La crisis dejará una larga huella en la economía, la mayor parte de los países miembros retrocederá el año próximo a niveles de 2013 si hubiera una segunda oleada de la pandemia.

Colombia registrará un desempleo del 10.63 por ciento; le siguen Estados Unidos con una pérdida del 8.15 a 9.84 por ciento; Irlanda del 6.67 y 8.21 por ciento; Portugal del 5.65 y 7.10 por ciento; y España 5.28 y 6.38 por ciento.

París, 7 de julio (EFE).- La crisis económica por el coronavirus ha disparado la tasa de paro en el conjunto de la OCDE, que alcanzará a finales de 2020 niveles muy superiores a los de la crisis financiera de 2008, sobre todo en Colombia, que aparece como el país más perjudicado en términos relativos.

En su informe anual de perspectivas del mercado de trabajo publicado este martes, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) calcula que el número de personas empleadas caerá de media en sus países un 4.09 por ciento este año, pero el porcentaje será del 4.98 por ciento si hubiera una segunda oleada de la pandemia.

COLOMBIA SUFRIRÁ DESCALABRO

Colombia, que registrará descensos en el número de personas ocupadas del 10.63 y del 12.58 por ciento (si existe esa nueva oleada), será el país miembro que sufrirá el mayor descalabro debido a la situación de partida y a que, como buena parte de Sudamérica, es una de las naciones más sacudidas por el coronavirus.

A continuación se sitúan Estados Unidos (con descensos entre las personas con empleo del 8.15 y 9.84 por ciento), Irlanda (6.67 y 8.21 por ciento), Portugal (5.65 y 7.10 por ciento) y España (5.28 y 6.38 por ciento).

La tasa de paro del conjunto de la OCDE, que era de apenas el 5 por ciento en febrero antes de que se dejaran sentir los primeros efectos de los confinamientos, ha crecido al 8.4 por ciento en mayo, una décima por encima del pico que se registró durante la anterior crisis financiera global de 2008-2009.

De ahí seguirá en una senda ascendente hasta el 9.4 por ciento a finales de año, en razón de una caída sin precedentes del producto interior bruto (PIB), el 7.5 por ciento.

Eso si no se produce un nuevo brote del coronavirus de aquí a finales de año, que agravaría las cosas y elevaría el desempleo en ocho décimas más por un hundimiento del PIB del 9.3 por ciento.

Para finales 2021, la tasa de paro bajará, pero seguirá a un nivel muy elevado, del 7.7 por ciento de media, siempre que se materialice una esperada recuperación económica. Porque en el escenario de un segundo rebrote, el desempleo se quedaría en el 8.9 por ciento.

HUELLAS DURADERAS

La crisis dejará una larga huella en la economía, de forma que la renta per cápita en la mayor parte de los países miembros retrocederá el año próximo a niveles de 2016 en el mejor de los casos, y a los de 2013 si hubiera una segunda oleada de la pandemia.

La OCDE justifica las medidas de confinamiento para evitar el colapso de los sistemas sanitarios e impedir “miles, si no millones de muertes”. Pero en los primeros tres meses de la crisis indujeron un bajón de la actividad económica de al menos el 15 por ciento.

El número de horas trabajadas descendió en ese periodo diez veces más que en los tres primeros meses de la crisis financiera global en 2008-2009, pese a que un 39 por ciento de los asalariados, de media, han estado teletrabajando.

Las empresas han recurrido masivamente a fórmulas de paro parcial con expedientes de regulación de empleo temporales (ERTE), que han llegado a afectar al 25 por ciento de los asalariados en el conjunto de la organización, con porcentajes muy variables: hasta el 70 por ciento en Nueva Zelanda, el 55 por ciento en Francia, el 30 por ciento en Alemania, el 18 en España, o menos del 1 por ciento en Estados Unidos.

El director de Empleo, Trabajo y Asuntos Sociales en la OCDE, Stefano Scarpetta, considera que esos dispositivos constituyen “una medida importante y positiva”, en particular en una crisis como ésta en la que se ha impuesto el cierre temporal del negocio a muchas empresas.

Para Scarpetta la prioridad más urgente es evitar una segunda ola de la pandemia y prepararse para el caso de que se materialice. Eso pasa por el teletrabajo al que pueden recurrir alrededor de un tercio de los empleos en condiciones normales.

PROTEGER A VULNERABLES

Para los empleados que corren mayor riesgo de infectarse en el trabajo, lo fundamental es fijar protocolos sanitarios y de seguridad rigurosos y garantizarles cobertura generosa en caso de caer enfermos para que no se vean obligados de seguir, con el riesgo de contagiar a otros.

Deberán seguir recibiendo ayudas, al menos temporalmente, las empresas y los asalariados de sectores que siguen sin poder volver a la actividad, como una parte del sector turístico.

Pero simultáneamente habrá que reorientar a aquellos que están en negocios que han dejado de ser viables para dirigirlos hacia otros con futuro.

Los autores del informe hacen notar que, como las perspectivas de encontrar trabajo serán bajas, algunos países deberían ampliar la duración de los subsidios de paro, y eso será todavía más necesario en caso de rebrote de la pandemia.