Sinfín, la más reciente novela del escritor y periodista argentino Martín Caparrós, se sitúa en el año 2070, donde la sociedad ha hallado el mayor logro de nuestra civilización: la fórmula para la vida eterna, a través de la virtualidad…

“La pandemia aceleró varios años nuestra relación con las pantallas, con lo digital. Al ver cómo fue evolucionando la pandemia, me di cuenta a qué grado resignificaba mi novela; muchas de las cosas que contaba parecían coincidencias”, confiesa el autor en entrevista para Puntos y Comas.

Por Mario Alberto Medrano

Ciudad de México, 9 de enero (SinEmbargo).- Dentro de la suma literaria de Martín Caparrós (Buenos aires, 1957), Sinfín, su más reciente novela, ocupa un lugar peculiar: el de la distopía. Ambientada en un futuro lejano, 2070, la sociedad ha hallado una manera de contrarrestar la muerte… la virtualidad.

Novela finisecular, propone un Tsian, voz china que refiere al paraíso, a sus protagonistas, así como la realización de la vida eterna. Narrada como una crónica, Sinfín (Alfaguara, 2020) comienza en un pequeño pueblo de la selva patagónica, un lugar donde existen la vejez, la enfermad y, por ende, la muerte. Este será el punto de partida para desvelar secretos, misterios y circunstancias.

Al respecto, Martín Caparrós da cuenta de su novela y las circunstancias que la hermanan con la pandemia, así como sus últimas lecturas y la reciente muerte de un ídolo de su país. Esta es la entrevista para Puntos y Comas.

CÓMO DERROTAR A LA MUERTE

“Lo que pone sobre la mesa mi novela es que lo virtual termina siendo el gran recurso para derrotar a la muerte, que es la gran aspiración de las civilizaciones humanas. Después de haber recurrido a distintos relatos religiosos durante los últimos milenios, ahora se les ocurría, en mi novela por lo menos, un relato técnico que les permite el mismo objetivo, que es derrotar a la muerte. Para lograrlo, lo que hacen es justamente aceptar una vida virtual, aceptar que tu mente se encierre en un espacio virtual donde sigue, supuestamente, tu vida en las mejores condiciones posibles… es decir, un paraíso a medida donde puedes subsistir para siempre (¡vaya a saber qué es “siempre”!). Un gran triunfo de la virtualidad como aspiración.

Yo creo, de verdad (y en la novela está exacerbado), que esto último nos va a pasar. Lo creía mientras estaba escribiendo, y lo que nos está pasando ahora, con la pandemia y la comunicación a distancia, de algún modo lo sostiene; ahora hablamos de México a Buenos Aires, Estados Unidos, Barcelona… Nos inventamos una forma de encuentro que hace diez años había sido impensable, ¡imaginemos cómo va a ser esto en cincuenta años! Es impresionante ver cómo la virtualidad se está apoderando del mundo, insisto, la pandemia aceleró ese proceso de forma extraordinaria”, reconoce el autor.

UNA FALSA CRÓNICA

Acaso una de las cualidades esenciales de Sinfín es que se postula como una ficción sin novela. Al cuestionar al escritor argentino sobre esta teoría, reconoce que intentó romper los modelos canónicos del género.

“Quise hacer una ficción sin novela en el sentido de que está escrita como una crónica, está presentada como una crónica, pero obviamente es ficción. La historia plantea lo que sucedería en 50 años, y me interesaba darle la vuelta al camino que muchos hemos recorrido, pues si la crónica consiste en utilizar herramientas de la novela para contar la realidad, en cambio, aquí tomo recursos de la crónica para contar una novela. Es exactamente lo inverso de lo que venimos haciendo todos estos años; en ese sentido me parecía interesante, quería ver qué resultaba.

Desde los inicios venimos haciendo ficción, inventando relatos, como los religiosos, en los cuales te decían ‘hay un mundo cuando recién acaba todo, y ése es el verdadero mundo, y puedes acceder a él siempre y cuando en este mundo me hagas caso, si cumples, podrás entrar a ese mundo maravilloso’, y esto es puro relato, esa esencia nace de la ficción. Debe ser muy agradable creérselo porque de algún modo esquivas esa angustia básica del ser humano por saber en qué acaba todo. Como ya las religiones están perdiendo espacio, la ciencia de algún modo ocupa ese espacio y va comenzando a prometer formas de inmortalidad, y esto es cierto. Aunque en mi novela ya está muy avanzada esa idea, esto ya sucede. Hay gente que está buscando formas de solucionar la muerte con mucho dinero y entusiasmo”, asegura Caparrós.

FUTUROS NO TAN LEJANOS

Uno de los mayores retos de esta novela fue describir una sociedad que viviera un futuro el cual aún no conocemos. Caparrós crea un mundo con sus propias leyes y obligaciones; en cuanto a esto, afirma que su novela puede ser considerada una “ficción social”.

“Hay una excusa técnica de ciencia ficción, es decir, esta idea de que se transfieren los cerebros a un ordenador y allí se arma esta realidad virtual ideal (que en la historia llaman Tsian), pero efectivamente, es una ficción social, un intento de pensar algunos aspectos de cómo podría ser el mundo dentro de unos 40 o 50 años, si seguimos por el camino por el que vamos. Realmente lo que me interesa es imaginarme sociedades; yo no soy un científico, pero sí me he dedicado a analizar cómo funcionan distintas sociedades, que es algo que ya había intentado en otros libros”.

EL MUNDO ES “PLANO”

Postulado en una columna en el New York Times, Martín Caparrós ya había afirmado que “el mundo es plano”, pues nuestra relación con las pantallas nos ha limitado a un rectángulo virtual. La pandemia, reconoce el autor, vino a potenciar esta situación.

“Cuando escribo una novela lo que busco es enfrentarme a algo que no me haya confrontado antes. Al ver cómo fue evolucionando la pandemia, me di cuenta a qué grado resignificaba mi novela; le daba muchos sentidos, parecían coincidencias, y muchas de las cosas que contaba en Sinfín se miraban distinto a partir de la pandemia.

Una cosa que me impresionó mucho fue que una de las condiciones que se arman para que las mentes revivan en esos computadores donde las transfieren es que estén aisladas, y esa es la condición para sobrevivir, y eso es lo que ahora nos han dicho hasta el cansancio durante el año… el mundo de pronto tuvo que comenzar a cumplir con esa misma condición.

La presencia de “lo plano” comenzó a avanzar, si en el libro es muy fuerte, en la vida real también es muy extraordinario. La pandemia aceleró varios años nuestra relación con lo digital. Vamos a ver qué pasa cuando esto termine, qué cosas volvemos atrás y qué cosas ya se han instalado definitivamente. Va a ser un tiempo muy extraño”, afirma el también periodista.

EL HUMANO Y LA MÁQUINA

Crítico social, mordaz en sus interpretaciones de la vida cotidiana, Caparrós no excluye un análisis severo en esta nueva novela. En cuanto a la relación del ser humano con la máquina —en este caso las computadoras y su mundo virtual— el autor afirma que se acelerará la sustitución de la fuerza laboral.

“Eso está pasando desde la Revolución industrial. Antes ocurría a sobresaltos, pero ahora dimos un salto muy grande. Suelo pensar que la cuestión social y económica de las próximas décadas consistiría en ver quién se queda con los beneficios de estos cambios, pues por el momento los dueños de las grandes empresas están dejando de pagar empleados porque tienen máquinas que hacen el trabajo, por lo que están teniendo mayores ganancias y cada vez hay más desempleados.

Esto va a generar una reacción social fuerte, lo mismo que ocurrió en el siglo XIX, cuando los obreros comenzaron a darse cuenta de que debían unirse para conseguir mejores salarios y condiciones. Creo que la situación se va a complicar para muchos… esto va a ser la tónica socio-política en las próximas décadas, es decir, quién se queda con el beneficio de ese cambio de máquinas y virtualidad por lo hombres”.

UN ASTRO MENOS

Hincha de Boca Juniors, Martín Caparrós nunca ha ocultado su gusto por el fútbol. Sobre la reciente muerte de Diego Armando Maradona, el pasado 25 de noviembre de 2020, el escritor da su opinión:

“A esta altura ya me comienza a aburrir el tema Maradona. Fue una persona significativa, un futbolista extraordinario, fue un señor a quien los argentinos, y no sólo los argentinos, quisimos mucho. Sin embargo, no olvidemos que fue un jugador de fútbol… en Argentina pareciera que se murió el fundador de la nación, por lo menos. Fue un tipo que jugaba extraordinariamente, y nos dio momentos de mucho placer, pero ya está, se murió, qué se le va hacer. Además, hace 20 o 30 años que no nos daba esos momentos de gusto; los últimos 20 años no hizo nada interesante desde ningún punto de vista”, concluye.


Mario Alberto Medrano González es narrador, poeta y periodista. Su poesía formó parte de la antología Después del viento, trece homenajes a Jesús Gardea, en el Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes, Chihuahua. Ganó el Concurso Literario sobre la salud y Cultura de la Prevención 2013, convocado por la Secretaría de Salud. Actualmente es jefe de corrección en el diario Excélsior, donde también es periodista cultural y crítico literario. Colabora en las revistasEste País y Periódico de Poesía de la UNAM. Es autor de libro Nebde (Ediciones del Lirio, 2019).