Junto con Diego Luna, degustan vinos y exquisitos platillos (en tres tiempos) las personas más buenas, influyentes y comprometidas con México. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro.

Esta semana decidí escribir una breve reflexión sobre la nueva serie de Diego Luna en Amazon Prime titulada, muy apropiadamente: “Pan y Circo”. Esta serie de siete episodios, coproducida por la empresa La Corriente del Golfo [interesante nombre]—de los “charolastras” Luna y García Bernal, protagonistas la ‘profundísima’ película “Y Tu Mamá También” (2001) y creadores del festival de cine documental “Ambulante”—fue estrenada el pasado viernes 7 de agosto. La serie cuenta con una producción extraordinaria y con la participación de grandes personalidades del activismo, las bellas artes, la política, el arte culinario, la intelectualidad y el mundo del espectáculo.

El proyecto me atrapó inmediatamente al enterarme de los temas que se abordarían, los protagonistas (comenzando con la presencia de Diego Luna y sus aliados), las organizaciones que participarían y, por último, los intereses que ahí serían representados. Por lo anterior, me di a la tarea de investigar más a fondo los créditos, la trayectoria de los personajes, su estrategia de mercadotecnia y, sobretodo, el origen y antecedentes de sus patrocinadores. “Pan y Circo” es un combo fenomenal, de gran contenido y alcance, de producción millonaria y con una agenda bien clara. Recomiendo ampliamente—a los que tienen la manera, el interés y el poder adquisitivo para hacerlo—que vean la serie y que analicen el contenido con rigor y más allá de su mensaje aparente.

Desafortunadamente, muchos en México no tendrán la oportunidad de disfrutar de la sofisticada serie (en todos los sentidos), ni de conocer el mensaje “inclusivo” que quieren dar a conocer el “charolastra” Luna y sus socios progresistas sobre los temas que importan (según ellos) para México y para el mundo. Pocos en mi país pueden pagar Amazon Prime. Al mismo tiempo, es la gran minoría de los mexicanos la que puede tener acceso al privilegiado mundo de los comensales que participan en “Pan y Circo”. Esto es una verdadera tristeza pues el lenguaje del programa y los temas que se discuten aspiran a ser verdaderamente incluyentes. No obstante lo anterior, son nuestras élites políticas y culturales quienes, bajo este formato, se asumen como los adalides de la justicia y la diversidad en un mundo postmoderno. ¡Bien por ellos! Dichosos los privilegiados que discuten los temas relevantes y quieren hacer el bien.

En la serie y alrededor de una mesa—con platillos de alta cocina, los mejores vinos y la crème de la crème de los ámbitos artístico, político y cultural—se discuten los temas más importantes de la agenda global: migración, racismo, cambio climático, identidad, política de drogas, violencia de género, feminicidio y, por supuesto, la crisis mundial sanitaria por la pandemia del COVID-19. Todos estos temas se aterrizan para el caso de México. La intelectualidad, el activismo de élite, la mística de la internacional progresista, la inspiración de la agenda 2030 de Naciones Unidos y un lenguaje inclusivo se conjuntan en todos los episodios de este gran proyecto audiovisual.

Para el principal comensal y moderador en “Pan y Circo”, este proyecto constituye un verdadero esfuerzo para combatir la intolerancia. En este contexto, Luna nos explica lo siguiente: “Si opinas distinto, igual te puedo escuchar, y puedo tratar de entender tu punto de vista” (entrevista para Proceso.com.mx, 8 de agosto). En un mundo tan polarizado, este objetivo parece realmente loable. Sin embargo, faltaron las voces de élite patrióticas y nacionalistas. Luna se justifica y expresa tajantemente que en su elegante mesa no se sentarían ni el presidente Trump, ni quien fuera sheriff del condado de Maricopa en Arizona, Joe Arpaio. Esto parece bastante entendible; todos tenemos nuestras filias y fobias, y también razones para no ser tan abiertos, ni tan incluyentes.

En la serie “Pan y Circo”, parece dominar la agenda de la denominada “izquierda cultural”. Ciertamente, en el proyecto de los “charolastras” (y sus socios) no parece haber cabida para quienes se sintieron excluidos en el nuevo orden mundial y se vistieron de patriotas o nacionalistas para protegerse del avance del globalismo y sus empresas transnacionales que no reconocen fronteras y que intentan deconstruir culturalmente (más no materialmente) la realidad. Es importante precisar que este es un noble proyecto, pues entre los comensales no se encuentran únicamente políticos influyentes, intelectuales y artistas de gran prestigio, sino también privilegiados y aclamados activistas que luchas por los derechos de los indígenas, la movilidad humana, la legalización de las drogas y la protección al medio ambiente. No he visto aún el episodio sobre migración, pero no me sorprendería escuchar en esa mesa algún elogio a la formación de caravanas migrantes como una forma de autodefensa ante los embates del racismo y la xenofobia, y la glorificación de sus organizadores como facilitadores de la movilidad humana.

Junto con Diego Luna, degustan vinos y exquisitos platillos (en tres tiempos) las personas más buenas, influyentes y comprometidas con México, intentando resolver los problemas más apremiantes del mundo. Entendemos así que este no sea un espacio para el pueblo, es decir, para los obreros, los campesinos, las empleadas domésticas (excluyendo a la protagonista de “Roma”), etcétera, es decir, para la gente común y corriente. Aunque seguro se nos colará alguno que otro mortal; por ejemplo, algún anti-inmigrante o Trumpista a quien los comensales convencerán y harán entender la realidad. Las élites arreglan el mundo en una mesa. Recordemos que sólo la burguesía hace las revoluciones. Y en la revolución cultural de hoy en día, los activistas de élite conspiran contra el racismo sistémico, el feminicidio, la misoginia, el supremacismo blanco y los muros fronterizos. Los pobres y los migrantes no pueden hacerlo solos. Benditos aquellos que tienen el tiempo y los recursos para abolir las cadenas de nuestra esclavitud moderna.

“Pan y Circo” es, como dice mi amigo Federico Mastrogiovanni, “la perfecta representación de la gauche caviar identitaria mexicana, que discute los problemas del mundo desde el lujo y lo políticamente correcto”. Es emblema de la superficialidad y el elitismo global disfrazados de inclusión e ideología de corte progresista. La serie, protagonizada por uno de los chicos dorados de Hollywood y Netflix—ahora convertido en activista y vocero de los grandes intereses globales—enarbola el status quo o estado profundo de nuestros tiempos, obscurece la lucha de clases y trivializa la desigualdad material, que es el verdadero opio del pueblo. En la era del COVID-19, llega a México la visión imperialista y la superioridad moral de chefs y payasos progresistas a través de Amazon Prime.