Irak va dejando atrás años de guerra. Las autoridades iraquíes declararon la victoria sobre el Estado Islámico en 2017 tras arrebatarle todo el territorio que controlaban en este país, aunque aún continúan los atentados de ese grupo terrorista, fundamentalmente en el norte.

Por Amer Hamid

Bagdad, 11 de mayo (EFE).- Doce años después de un atentado que dejó decenas de muertos, Al Mutanabbi, la calle de la cultura iraquí, hogar de poetas, artistas e intelectuales, vuelve a reverdecer en una Bagdad que poco a poco se acostumbra a vivir sin el conflicto y va recuperando algunas de sus joyas más anheladas.

Los puestos ambulantes con cientos de libros expuestos en el suelo a ambos lados de un pequeño pasillo apenas permiten a los paseantes transitar por esta calle poblada con librerías, imprentas y cafés que se llena de gente especialmente los viernes.

El paseo finaliza en una gran estatua del poeta árabe Abu Altayb Al Mutanabi, que da nombre a la calle, y una vista a un muelle a orillas del rio Tigris, que divide la capital iraquí, una estampa que disfrutan decenas de visitantes, muchos de ellos habituales, mientras toman fotos.

Allí nadie parece acordarse del 5 de marzo del 2007, cuando un coche bomba causó al menos 30 muertos y dejó decenas de heridos en un atentado que arrasó esas mismas librerías, comercios y edificios como el de la Almaktaba Alasrya “la librería moderna”, construida en 1908.

El que no lo olvida es Mohamed Aljashaly, dueño del café de Alshahbandar, uno de los lugares emblemáticos de la calle.

Allí acuden poetas, intelectuales, escritores y periodistas y sus paredes están decoradas con pinturas y cuadros de varios periodos de la historia de Irak.

Aljashaly perdió a cuatro de sus hijos y uno de sus nietos en aquel atentado, pero su determinación por continuar fue más fuerte y hoy sigue contando la historia del establecimiento.

“Este edificio antes era una imprenta y luego en 1917 se convirtió en un café al que acudían los residentes de la zona y visitantes de los departamentos gubernamentales que se encontraban en el edificio de Alqishla situado al lado del café”, narra.

En 1963, el café se enfocó en las actividades culturales y literarias y se suspendieron los juegos como dominó, apuestas y los otros que se jugaban antes en el café, señala, haciendo la crónica de aquel tiempo.

“Muchos poetas e intelectuales que visitan la calle de Al Mutanabbi, pasan el tiempo en el café para discutir todo lo nuevo en la poesía, en la novela y las otras artes”, dijo.

Ahora celebra que la mejora en la seguridad está contribuyendo a recuperar la actividad cultural en la calle.

La presencia policial, la prohibición de circulación de vehículos, el registro de los visitantes que acceden y el corte del tráfico el puente de Al Shuhadá que empalma la calle con la otra orilla del río han contribuido a fortalecer esa seguridad.

La recuperación se va sintiendo más y más en una ciudad que hace seis meses vio como se volvían a abrir los accesos a la denominada Zona Verde, el área de embajadas que se fortificó y cerró al tráfico en 2003 tras la invasión estadounidense.

Irak va dejando atrás años de guerra. Las autoridades iraquíes declararon la victoria sobre el Estado Islámico en 2017 tras arrebatarle todo el territorio que controlaban en este país, aunque aún continúan los atentados de ese grupo terrorista, fundamentalmente en el norte.

Al Mutanabbi parece sacado de otro país. Subeh Alsaadi, uno de los habituales del lugar, dice que la calle es “el pulmón a través del cual respiran los intelectuales y artistas de Irak” y “uno de los hitos de la civilización iraquí y una incubadora de todo conocimiento, ciencia, arte y literatura”.

“Cientos de intelectuales, artistas, periodistas, poetas y pintores aseguran la calle de Al Mutanabbi todos los viernes y así se convierte a una protesta cultural que representa a todas las variedades de la sociedad iraquí”, dice.

Al Mutanabbi respira lejos de la violencia pero no se olvida de ella.

En la entrada de la calle, un chico de 14 años, muestra libros antiguos y usados sobre la acera.

“Trabajo en este lugar todos los viernes y los días festivos porque soy estudiante de secundaria. Ayudo a mi hermano mayor que trabaja también en vender los libros viejo y usados”, dijo a Efe Ibrahim.

“Me esfuerzo para vender tantos libros que puedo para ayudar a mi familia ya que mi padre murió por una explosión de un coche bomba hace cuatro años y mi hermano y yo ayudamos a nuestra madre en manejar los gastos de nuestra familia”, añade.