Los investigadores advierten que las personas con un diagnóstico mental preexistente corren un riesgo mayor de enfermar por COVID-19.

Ciudad de México, 11 de noviembre (RT).- Uno de cada cinco afectados por COVID-19 desarrolla una enfermedad mental en un plazo de 90 días tras dar positivo por coronavirus, revela una investigación publicada en la revista The Lancet Psychiatry.

Entre los padecimientos mentales que sufren los pacientes con COVID-19 destacan distintos trastornos de ansiedad, de adaptación, de estrés postraumático, a los que se añaden pánico, insomnio o incluso demencia.

El estudio se basa en un análisis del historial médico de 69 millones de personas que residen en EU, entre los que figuran 62 mil 354 que se infectaron por COVID-19 entre el 20 de enero y 1 de agosto.

Asimismo, el estudio, que ha sido llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Oxford, concluye que las personas con un diagnóstico mental anterior son un 65 por ciento más vulnerables a contagiarse del virus, en comparación con los que no habían padecido ninguna enfermedad mental. Para el mundo científico, ese descubrimiento ha sido ”inesperado”, asegura el doctor Max Taquet, uno de los científicos que llevaron a cabo la investigación. “La existencia de una enfermedad mental debe añadirse a la lista de los factores de riesgo de COVID-19”, señala Taquet.

El estudio, uno de los primeros de esta escala realizados hasta la fecha, ha sido posible gracias a TriNetX, una red global de investigación sanitaria que aglutina los datos impersonales de las organizaciones médicas.

“COVID PROLONGADO”: UNA MUJER SE VE OBLIGADA A DEJAR SU TRABAJO 

Una profesora de arte de una escuela secundaria en la ciudad norirlandesa de Belfast (Reino Unido) afirma que se vio obligada a dejar su empleo porque no podía trabajar debido a los síntomas residuales del coronavirus que contrajo en marzo durante el inicio del brote en la isla.

“Tuve que dejar un trabajo muy bien pagado, no podía enseñar a los niños, tenía la garganta inflamada y ni siquiera podía caminar por la habitación”, afirmó Margaret McAtamney en una entrevista para Daily Mail.

La mujer, de 48 años, contó al medio que antes de enfermarse con COVID-19 pasaba mucho tiempo al aire libre, salía a correr y practicaba yoga con regularidad. Pero a pesar de estar en forma y no tener condiciones subyacentes, McAtamney se encontró entre los miles de pacientes desafortunados cuya batalla con el virus ha superado por mucho el periodo habitual de dos semanas.

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Las personas con el llamado “COVID prolongado” pueden experimentar síntomas de la enfermedad durante muchas semanas e incluso meses. Aunque sus síntomas no necesariamente son lo suficientemente graves como para que sean hospitalizadas, sí son debilitantes y persisten durante mucho tiempo, impidiendo que vuelvan a la vida normal.

“Tengo una pequeña cantidad de ahorros, pero eso no va a durar para siempre”, dijo McAtamney, quien además de ser maestra de arte en una escuela secundaria, también es diseñadora y en marzo estaba a punto de abrir su propio negocio de manualidades, cuando de repente cayó enferma. Ocho meses después, la mujer todavía padece tos y dificultad para respirar y mantiene su condición con un cóctel de medicamentos e inhaladores de esteroides, aunque nunca ha tenido asma en su vida.

EL “COVID PROLONGADO”

El mes pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció la existencia de lo que ahora se conoce como el “COVID prolongado” y ha advertido que, por esto, y al ver que hay personas que se contagian dos veces, las estrategias de inmunidad de rebaño “no son una opción para esta pandemia”.

Un estudio internacional preimpreso, publicado recientemente en el portal medRxiv, analizó los datos de 4 mil 182 casos de la enfermedad. El 13.3 por ciento de ellos reportaron síntomas como fatiga, dolor de cabeza, disnea y anosmia que duraron más de dos semanas después de enfermarse, el 4.5 por ciento durante más de 8 semanas y el 2.3 por ciento durante más de 12 semanas. Los autores asociaron una mayor incidencia de este “COVID prolongado” a factores como la edad avanzada, el índice de masa corporal o el sexo, siendo más común en mujeres.

Otra investigación de científicos estadounidenses que analizó la condición de un grupo de 233 pacientes con coronavirus que no fueron hospitalizados, encontró que el 24.1 por ciento de ellos todavía tenía síntomas después de 90 días, mientras que el 43.4 por ciento los experimentaron durante más de 30 días. Estos síntomas a largo plazo incluían la pérdida del olfato y del gusto, dificultad para respirar, pérdida de memoria, dolor de cabeza y de pecho, dolor al respirar profundamente, mareos y taquicardias.

“No entiendo por qué se habla tanto sobre el confinamiento y de que la gente no reciba la COVID. ¿Qué pasa con las personas que ya lo tienen y están realmente enfermas? Necesitamos apoyo en todo el país porque hay miles de personas como yo”, expresó McAtamney.

La mujer afirma que ella y sus compañeros del grupo de Facebook de británicos con “COVID prolongado” se sienten “olvidados” y privados del apoyo. “En Irlanda del Norte, la única ayuda que tenemos es de nuestro médico de cabecera, que dicen que no pueden hacer nada más y simplemente nos envían a casa y nos dicen que controlemos nuestros síntomas”, indicó la mujer.

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