Foto: Rashide Farías, Cuartoscuro

La legalización de la mariguana en México es inminente. Las señales que apuntan en este sentido están a la vista. La más reciente proviene de California, que partir del primero de enero de este año se ha convertido en el octavo estado estadounidense en permitir la venta de mariguana a mayores de edad para uso recreativo. Es sólo cuestión de tiempo para que en nuestro país el cannabis se una al alcohol como droga recreativa social y legalmente aceptada. Sin embargo, sería un error sentarnos a esperar a que el futuro nos alcance; México tendría que legalizar la mariguana inmediatamente, pero por razones distintas a las que normalmente solemos considerar.

Los motivos más comunes para defender la necesidad de legalizar la mariguana lo antes posible son (1) la evidente inconsistencia de penalizar algo que es menos nocivo y adictivo que otros productos legales –como el alcohol o el tabaco- y (2) la reducción de la violencia ante el confirmado y documentado fracaso de la “guerra contra las drogas”. El problema es que ninguno de estos puntos tiene la fuerza suficiente para acelerar el proceso de legalización al punto de volverlo inminente. Aunque el punto (1) es ya es un valor entendido y el cambio cultural en curso es inevitable, la evolución de transformaciones de este tipo suele tomar años o décadas. Por otro lado, la idea detrás del punto (2) es cuando menos debatible; la legalización de la mariguana por sí sola difícilmente sería suficiente para erradicar la violencia, pues las actividades ilegales del crimen organizado van más allá de lo relacionado con el cannabis.

Sin embargo, hay un tercer motivo que, aunque menos discutido que los dos anteriores, soporta con mayor fuerza la idea de que esta legalización es tan urgente como impostergable: (3) legalizar el cannabis para uso recreativo es urgente por motivos económicos. Uno podría justificar la urgencia en este sentido apelando inicialmente a que (a) mientras que Estados Unidos, el principal promotor de la fallida “guerra contra las drogas”, legaliza a pasos acelerados esta droga con el fin de producirla y distribuirla – acumulando con ello millones de dólares-, un país con más de la mitad de su población en condiciones de pobreza, en nombre del combate al combate a la producción y distribución de la mariguana, desperdicia miles de millones de pesos tan sólo para acumular ejecutados y desaparecidos.

Pero esta justificación tampoco logra capturar completamente el motivo de la urgencia que impone el presente momento. Es por ello que esta debe ser complementada con (b), la idea de que mientras más tardemos en legalizar, mayor será nuestra desventaja competitiva cuando nos decidamos a hacerlo. Para ser claros, la idea es que si desaprovechamos la actual ventana de oportunidad perderemos acceso a una de las rebanadas principales del pastel de enormes beneficios económicos que la legalización implica. Es más, en caso de no actuar de inmediato nuestro país podría incluso perder parte importante del dinero que hoy fluye ilegalmente desde el norte, que se quedaría en manos de empresas estadounidenses.

Es común escuchar que cuando la mariguana sea legal alrededor del mundo, México será potencia mundial en este terreno y, por ende, será de los principales beneficiarios de la derrama económica que este cambio traería. Las razones en las que se basa esta suposición son claras y directas: si nuestro país es uno de los principales productores y exportadores de este producto, tendría sentido suponer que al ampliarse el mercado estaremos en una posición privilegiada para poder capitalizar nuestro superior “desarrollo”.

Sin embargo, la anticipación de Estados Unidos en esta carrera echaría por la borda este optimismo. Si bien los productores y distribuidores de mariguana en aquel país encuentran todavía restricciones derivadas de leyes federales, es un hecho bien documentado que cada vez son más los inversionistas que ponen su capital en fondos destinados a potenciar a empresas que buscan apoderarse de parte de un mercado que, tan sólo en California, equivaldría a 5 mil millones de dólares anuales .

Esto significa que actualmente hay todo un ecosistema que trabaja intensamente investigando y desarrollando las mejores técnicas y procesos de producción, distribución y comercialización. A este ritmo, cuando la mariguana sea legal en ambos países, las empresas mexicanas estarán rezagadas años luz con respecto a sus contrapartes estadounidenses.

Para ver por qué este es el caso, imaginemos que es 2020 y que una empresa californiana, llamémosle Highboro, ha desarrollado patentes, tecnificado sus procesos de producción y perfeccionado sus estrategias de financiamiento. Además, Highboro cuenta con un catálogo de productos posicionados en Estados Unidos –por ejemplo, Highboro Green, Highboro Brown, etc-, con estrategias de venta, redes de comercialización –rutas, puntos de venta, etc- y otros tipos de conocimiento del mercado que, por su condición subterránea, los traficantes mexicanos no están en condiciones de desarrollar. Esto no es todo; en vista de su enorme potencial y del éxito obtenido, Highboro recibe constantemente asesoría y aportaciones financieras de otras empresas, entre las que figuran gigantes de Silicon Valley.

Ahora supongamos que un año adelante, en 2021, el congreso mexicano –finalmente- decide legalizar el cannabis. ¿Estarían las empresas en condiciones de competir en el mercado estadounidense? Difícilmente. Lo más probable es que sean las empresas norteamericanas las que vengan a México. Hay al menos tres posibilidades. La primera es (a) que vengan buscando exportar sus productos al mercado mexicano, en cuyo caso nos convertiríamos –quién lo diría- en importadores de mariguana.

Otra posibilidad es que (b) que las empresas norteamericanas volteen a ver nuestra mano de obra barata y que decidan invertir como capitalistas nuestro país, como se hace en tantos otros rubros, quedándose con el grueso de las ganancias de este proceso; es decir, que nos convirtamos en maquiladores de mariguana. Peor aún, (a) y (b) no son excluyentes; esto significa que bien podría ser el caso de que (c) algunas materias primas o productos relacionados con el cannabis sean producidos en México por inversiones estadounidenses, enviados a Estados Unidos, y luego exportados, procesados y empaquetados para su venta en nuestro país. De esta forma, terminaríamos cooperando el en crecimiento de marcas como Highboro, que, desde luego, se llevarían el grueso de las utilidades a su país. Esta lógica, por desgracia, la conocemos muy bien en México.

Aún no es demasiado tarde para incorporarnos de lleno a la lucha por un mercado del que nuestro país podría obtener enormes beneficios. Pero la acción requerida tiene que ser rápida y decisiva. Si bien el motivo (3) para legalizar expuesto arriba es eminentemente económico, éste contribuye como ningún otro a justificar la necesidad no sólo de legalizar el cannabis, sino de hacerlo inmediatamente. Sin embargo, a ello es posible agregar que tomar los pasos necesarios ante esta coyuntura de urgencia conllevaría también a reforzar el motivo (1), la eliminación la evidente inconsistencia de penalizar la mariguana al tiempo que permitimos la venta legal de alcohol o el tabaco, y el motivo (2), la posibilidad de probar, vía el fortalecimiento del desarrollo económico y en las oportunidades formales que de este se derivan, los efectos de la legalización en la reducción de la violencia que hoy tiene a nuestro país arrodillado.

[1]https://www.nytimes.com/2017/12/27/business/smallbusiness/california-marijuana-start-ups.html

 

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