Morena y el reto del 2021. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro.

Los conceptos de Izquierda, Centro y Derecha, desde que se empezaron a usar para designar agrupaciones políticas en función de sus propuestas y prioridades de Gobierno durante la Revolución francesa y hasta la fecha, se han ido simplificando para facilitar al ciudadano común la comprensión de sus identidades ideológicas.

Sin embargo, esa accesibilidad ha derivado en la superficialidad de los conceptos pese a que, al ser referencias de ubicación lineal, están en constante modificación y cambio; por ejemplo, la izquierda francesa de 1793 consideraría que la izquierda de México de 1968 es más bien de derecha porque ser de izquierda al término del Siglo XVIII significaba llevar a la nobleza derrotada a la guillotina, cuando en el Siglo XX sólo se pedía respetar las libertades políticas.

Ahora, tratemos de ubicar a la izquierda actual, y de paso a Morena, aclarando que esta es una simple opinión y no el resultado de una investigación académica.

En 1918, cuando se empieza a consolidar el régimen que hemos derrotado, se comenzó a construir una oposición desde el reclamo por los derechos de obreros, campesinos e hijos de quienes murieron en la Revolución; estos grupos vieron como los políticos de Sonora se adueñaron del poder y empezaron una persecución dura contra la izquierda mexicana, representada en aquel entonces por el naciente Partido Socialista de México, luego Partido Comunista Mexicano, fundado en 1919.

La izquierda entonces se relacionaba con el socialismo, animada por la reciente toma del poder en Rusia por los marxistas al mando de Lenin; fue perseguida por los gobiernos posrevolucionarios, se vio fortalecida por las organizaciones de base social y se convirtió en un apoyo importante para el Gobierno de Lázaro Cárdenas, quien transformó los paradigmas contrarrevolucionarios de los gobiernos anteriores y cumplió las aspiraciones de los ciudadanos libres, obreros y campesinos.

Pero al terminar el cardenismo, otra vez la izquierda quedó marginada mientras la oposición de derecha, inspirada por el nacionalismo hitleriano, se agrupó, primero en el movimiento Sinarquista y después en la organización del Partido Acción Nacional.

Tiempo después, en 1940, la naciente partidocracia corruptora y la derecha filonazi panista se adueñaron del discurso del Gobierno y del lugar de la oposición, y sólo existían las voces del PRI Gobierno y de la oposición de derecha, moralista, hipócrita y defensora del libre mercado, por lo que miles de mexicanos sin voz tuvieron que enfrentar la pobreza, la persecución y la marginación mientras se consolidaba la élite millonaria en el poder. La izquierda estaba fuera de los procesos de elección gubernamental.

Finalmente, en 1988 los de abajo tuvieron una alternativa político electoral que los representara: el Frente Democrático Nacional, dirigido por un grupo distinguido de ciudadanos liderados por Cuauhtémoc Cárdenas (entre ellos se encontraba el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador). Ellos se aliaron en Zacatecas con el Partido Mexicano Socialista que dirigía Heberto Castillo y esa alianza, de los rebeldes del Gobierno y la izquierda nacida del Partido Socialista de México, se propuso la toma pacífica del poder.

Esta nueva izquierda, conformada por los nacional revolucionarios del PRI y por la izquierda socialista de aquel tiempo, se acuerpó en el Partido de la Revolución Democrática y desde ahí impulsó una lucha por el derecho a la elección imparcial, el respeto a la voluntad de los electores y por los puntos de enlace entre el movimiento socialista mexicano y la corriente Nacional Revolucionaria del PRI, buscando la reivindicación de la población mexicana a través de mejores salarios, derecho a la vivienda y educación, protección a los ancianos y a los sectores vulnerables de la sociedad y equidad de género (entendiendo que se deben dar mejores oportunidades a la mujer que al varón, para permitir que la equidad se convierta en el futuro en igualdad).

Por otro lado es paradójico que, quienes se declararon enemigos mortales en 1940, denunciaron a sus adversarios como hijos de Hitler y acusaron al partido en el poder de inmoral, ladrón y antidemocrático, hoy finalmente se unan en una especie de pandilla delictiva autobautizada como el Cártel de la X; han olvidado la historia, su origen y la rudeza del adversario y se han unido a los chuchos para tratar de recuperar el antiguo régimen que hundió al país en la corrupción, el narcotráfico, la inseguridad, la violencia y la pobreza. El mismo régimen que desde 1982 sometió a los obreros al mismo sueldo durante 36 años mientras se enriquecía con su poder corrupto.

Estos 36 años de prianismo le han hecho más daño a los mexicanos que los 30 años del Porfiriato y si me dieran a escoger entre ellos y don Porfirio, diría claramente que éste último fue mejor para México que los gobiernos sucesivos del PRI y el PAN. Esa es mi opinión y sostengo que el término Izquierda, aunque no se ha construido como concepto, es importante como referencia para saber por qué luchamos el día de hoy.

Por eso la izquierda no puede permitir que vuelvan a ganar los herederos de los nazis mexicanos o los hijos de los Duarte incrustados en el PRI y el PAN. No hay opción más que salir adelante.