Es criminal seguir dañando el subsuelo de la Ciudad de México en las zonas del antiguo lago. Foto: Cuartoscuro

En estos momentos debería estar sonando una nueva alarma sísmica legal: la que deberíamos instalar cada vez que un gobernante lanza un proyecto de ley o modifica un reglamento que podrá en riesgo de nuevo a la ciudad. En estos momentos Mancera está proponiendo ante la Asamblea una iniciativa alarmante.

Es muchísima la gente poderosa que se ha beneficiado con la corrupción legal que se desencadenó con el Bando 2 de López Obrador (y que en cada gobierno posterior ha tenido mutaciones empeorándola) que permitió construir edificios mucho más altos en zonas donde el temblor del 85 había enseñado que no deberían hacerse. Un argumento de soberbia tecnológica, convertida en soberbía comercial y financiera, les dice que ya se pueden construir edificios seguros de gran altura en las zonas de alto peligro. Arquitectos, ingenieros y sobre todo desarrolladores y constructores afirman que lo importante no es la altura sino la solidez de la construcción. Ninguno de esos soberbios reconoce que nunca se hacen estudios sobre los efectos sobre el entorno del subsuelo de cada edificio. Los funcionarios aprovechadores al frente, por supuesto.

Una idea clara, por mínima prudencia y responsabilidad debería empezar a ser aceptada: Cada nueva construcción afecta no sólo el terreno sobre el cual se cosntruye sino al entorno. Deberían hacerse estudios del efecto de cada cosntrucción en el subsuelo de la ciudad y de manera obligatoria en las zonas del lago. Ninguna nueva construcción debería hacerse sin ellos. Y mientras tanto deberían prohibirse los edificios altos, que siempre son de alto riesgo, si no para el edificio mismo, siempre para el entorno. Es criminal seguir dañando el subsuelo de la Ciudad de México en las zonas del antiguo lago con el pretexto de una soberbia tecnológica para la construcción de los edificios aislados.

Si una enseñanza nos dejó el gran geofísico especialista en sismos, Cinna Lomnitz, es que el subsuelo de la Ciudad de México nunca ha sido suficientemente estudiado. Las zonas blandas son más complejas de lo que se cree. La densidad de humedad aumenta en tiempo de lluvia creando fenómenos similares a verdaderos ríos de temporal. Y ese es sólo uno de los fenómenos que no han sido estudiados palmo a palmo. No se debe seguir  construeyndo edificios de alto riesgo en zonas de alto riesgo. Tan elemental como eso. Pero la soberbia de los cosntructores, de la mano de sus negociantes públicos y privados no permite verlo, ni siquiera aceptar su posibilidad.

En un artículo claro y valiente, (publicado el 8 de octubre en Nexos (http://www.nexos.com.mx/?p=34116), Salvador de Maria y Campos, acaba de denunciar la atroz iniciativa de Mancera ante la Asamblea de la Ciudad de México para permitir que la norma que permite hacer edificios altos en los terrenos donde se derrumbaron construcciones este 19 de septiembre tengan permiso de crecer dos niveles más. El autor pone un ejemplo de cómo un edificio enorme en la calle de Amsterdam destrozó las dos casa pequeñas de al lado. Las tres construcciones están en riesgo. Pero no son las únicas el mismo fenómeno se multiplica en toda la zona lacustre. El censo de edificios en riesgo tendría que incluir este factor.

Pero hacerlo implicaría aceptar que el bando dos de López Obrador, la norma 25 de Ebrard, las 30 y 31 de Mancera y esta nueva iniciativa hiperpeligrosa son equivocadas y son altamemte responsdables de aumentar el riesgo de esta ciudad.