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La tragedia en Skid Row

Un barrio en Los Ángeles sucumbe en las garras del “asesino encubierto”: el fentanilo

16/11/2022 - 9:23 pm

De unos años para acá el fentanilo se ha apoderado de varias regiones en todo el continente. Su variedad de presentaciones, en pastillas, en polvo y hasta de colores, ya causa estragos en nuestro país vecino.

Por Ben Westhoff

*Ben Westhoff es autor de Fentanilo Inc.: How Rogue Chemists Created the Deadliest Wave of the Opioid Epidemic (Fentanilo Inc.: cómo un grupo de químicos inescrupulosos crearon la más letal epidemia de opioides)

Estados Unidos, 16 de noviembre (Insight Crime).- En su época de adicción a los opioides, Matt Meakin, de 35 años, oriundo de Sherman Oaks, llegó a vivir en Skid Row, un campamento permanente de vagabundos que colinda con lujosos condominios en el corazón de Los Ángeles. Esa zona ha sido por décadas sinónimo de miseria, alcoholismo y drogadicción. Pero para muchos es también una comunidad estable.

Meakin dejó los opioides y ahora trabaja como “acompañante sobrio” de celebridades sumidas en la adicción a las sustancias (algo así como una niñera disponible las 24 horas). Él mismo se ve como un muchacho de clase media que se desvió del buen camino, con la barba sin afeitar y las manos, el pecho y el cuello llenos de tatuajes.

Meakin guarda afecto por la zona y, en una visita reciente a Skid Row, saluda con un gesto a amigos que caminan sin zapatos y abre carpas para ver cómo están algunos viejos camaradas. Cuenta cómo no hace mucho los vendedores de drogas de esa cuadra —Wall Street, entre la sexta y la séptima— ofrecían crack y heroína.

“Ahora es muy difícil encontrar esas drogas”, comenta. “Puede que haya un tipo ahí que venda heroína pura, pero básicamente es inexistente”.

También están ausentes las “azules”, píldoras adulteradas cortadas con fentanilo que pretendían replicar las tabletas de oxicodona M30. Traficadas en enormes cantidades desde México, las azules fueron las primeras tabletas prensadas de gran potencia elaboradas por los carteles mexicanos, quienes comenzaron a producirlas hacia 2016.

D.J. Meek, un drogadicto sin hogar de 40 años, fuma metanfetaminas en Skid Row. Foto: AP

Para 2019, las azules proliferaban en Estados Unidos. Los comprimidos circulaban tanto entre los vecinos de Skid Row como entre los consumidores adinerados y, para el ojo no entrenado, se parecían mucho a las M30 legítimas. No se sabe cuántas personas murieron sin darse cuenta de que habían ingerido fentanilo.

Ahora, sin embargo, ya no es secreto. El fentanilo domina la oferta de estupefacientes en la Costa Oeste, y la tendencia se extiende por todo el país. El fentanilo en polvo, junto con las metanfetaminas, son casi todo lo que puede encontrarse aquí en Wall Street, explica Meakin; e incluso es probable que las metanfetaminas estén cortadas con fentanilo.

En cuanto a las azules, siguen rodando por ahí, pero cada vez engañan a menos gente.

“La gente las consume con pleno conocimiento de que se trata de fentanilo y no de Oxy-Contin”, observa Emanuel Sferios, fundador de DanceSafe, organización que lleva un registro detallado de la epidemia de opioides, refiriéndose a la versión de oxicodona de acción gradual. “Muchos —por no decir que la mayoría— de los consumidores de opioides ilícitos en estos días saben que están consumiendo fentanilo”.

El mercado ha evolucionado al punto que ya se le ha dado un mote al fentanilo, al menos en el sur de California: Fetty.

“Fetty es como otro nombre para el fentanilo”, comenta Mary Schafer, antigua consumidora residente en San Diego. “En realidad nadie dice ‘fentanilo’. ‘¿Tienes fetty?’ No suena tan mal cuando se pronuncia en público”.

Es posible que los carteles mexicanos hayan notado el cambio. Ahora producen pastillas M30 “arcoíris”, de colores, que aparecen en redadas antidrogas por todo el país. No parece probable que los consumidores crean que esas coloridas píldoras sean un producto farmacéutico legítimo, y la DEA afirma que es una forma ingeniosa de atraer a consumidores más jóvenes.

En esta imagen sin fecha proporcionada por la oficina del forense del condado de Cuyahoga se ven píldoras de fentanilo, dentificadas como si se tratara del opiáceo menos potente oxycodona. Foto: Oficina del forense del condado de Cuyahoga vía AP

El mote también demuestra que muchos consumidores estadounidenses, quizás la mayoría, ahora son conscientes de que están consumiendo fentanilo ilícito. Hasta ahora, la crisis del fentanilo se caracterizó por el hecho de que los consumidores no se daban cuenta de que drogas como la heroína, la cocaína, las metanfetaminas y otras píldoras de venta ilícita venían adulteradas con fentanilo.

Aún se usa el fentanilo para adulterar esas sustancias, pero por primera vez la mayoría de consumidores estadounidenses parecen estar al tanto, en especial en lo que respecta a opioides como la heroína, y a pastillas como la oxicodona.

“Estoy seguro de que ahora es más —la gente que sabe que está consumiendo fentanilo— que antes”, comenta Steve Campman, examinador médico jefe del condado de San Diego.

CHAPOPOTE Y FENTANILO EN POLVO

A mediados de la década de 2010, en los primeros días de la crisis del fentanilo, la Costa Este fue la más golpeada. Cuando la epidemia se desplazó del sureste al medio Oeste, se la describió como un fenómeno “de la oferta”, donde el fentanilo rara vez se vendía como fentanilo, sino que se mezclaba con heroína, metanfetaminas y cocaína. La mayoría de los consumidores no la pedían; era un asesino encubierto.

“Se ha desarrollado muy poca jerga de drogas para designar el fentanilo”, señalaba en 2018 Sarah Mars, investigadora del Departamento de Medicina Comunitaria y Familiar de la Universidad de California, en San Francisco, “lo cual apoya la idea de que esta no es una epidemia motivada por la demanda”.

Pero el fentanilo tuvo una dinámica distinta en la Costa Oeste, debido en parte al hecho de que la heroína en forma de alquitrán negro o “chapopote” está más extendida al oeste del río Mississippi, y no es creíble la mezcla con el fentanilo, un polvo blanco. (Debido a las rutas de distribución de narcóticos, la heroína en polvo blanco se encuentra principalmente al este del Mississippi).

Fentanilo y metanfetamina incautados por oficiales de Aduanas y Protección Fronteriza de EU el jueves 31 de enero de 2019 en Nogales, Arizona. Foto: Mamta Popat/Arizona Daily Star vía AP

Por esa razón, en el oeste, el fentanilo no ha tenido tanto impacto como adulterante, pero sí como droga de preferencia. Esa es una evolución alarmante y asombrosa. Después de todo, fue tan solo en 2015 que la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) afirmó que era “improbable [que el fentanilo] asuma una parte importante del mercado de opioides”, debido a su acción limitada y a la elevada tasa de mortalidad.

Esta tendencia ha tenido un gran auge en la Costa Oeste de Estados Unidos. Desde Seattle hasta San Diego, se vende fentanilo directamente y los consumidores en la calle lo piden por su nombre (o su mote). En el proceso, el fentanilo continúa cobrando vidas de consumidores, en especial la presentación en polvo, que puede ser inyectada, o fumada en papel aluminio, una práctica en aumento (la cual, según algunos expertos, no es más segura).

“Cuando empecé, los muertos por pastillas eran tres por uno”, señala James Fontaine, quien asumió a comienzos de 2021 como Jefe de División del Departamento Central de Narcóticos de la Fiscalía de Distrito de San Diego. “Ahora la relación se invirtió, con tres muertos a uno por causa del polvo”.

De hecho, quienes están sumidos en la adicción “buscan activamente fentanilo en polvo”, afirma Adam Gordon, Coordinador de la División Criminal de Opioides de la Fiscalía Federal del Distrito Sur de California. “Lo confirman todas las estadísticas que tenemos”.

Lo mismo indican las estadísticas de sobredosis en Estados Unidos, que de nuevo rompieron un récord histórico en 2021. Hay pocas razones para ser optimistas de aquí en adelante. Los expertos entrevistados para este reportaje coincidieron en que el cambio de comportamiento del fentanilo en la Costa Oeste, de pasar de moverse por la oferta a hacerlo por la demanda, puede llegar a extenderse al resto del país.

“Quienes buscan activamente fentanilo no se conforman con las píldoras porque son demasiado suaves, demasiado inconsistentes en términos de potencia real”, hace notar Gordon.

UNA HISTORIA FATÍDICA AL NORTE

Para tener idea de cómo podrían evolucionar las cosas, una buena comparación sería Canadá, que lleva años dominada por el fentanilo.

Canadá y Estados Unidos son dos de los únicos países con epidemias de fentanilo, motivadas por la prescripción indiscriminada de opioides. Pero la crisis ha tenido una evolución distinta en Canadá; allí los carteles mexicanos no tienen tanta participación, y aunque la crisis estadounidense pasó del Este al Oeste, en Canadá la crisis se ha movido del Oeste hacia el Este.

Comenzó en Vancouver, que es, en muchos aspectos, el punto cero del problema norteamericano. Más de 10 mil personas han muerto por sobredosis de drogas desde 2016 en la Columbia Británica, y en 2021, el 83 por ciento de esas muertes tuvieron que ver con fentanilo.

Hacia 2016 comenzó a decaer la oferta de heroína en Vancouver y empezó a venderse el fentanilo “como fentanilo”, relata Travis Lupick, periodista oriundo de Vancouver y autor del cubrimiento de la crisis.

“Hubo un cambio hacia la aceptación de que ya no había más que fentanilo”, agrega.

El fentanilo llegó a Toronto unos años después, y ahora domina el país. “Creo que el resto de Estados Unidos llegará allá también”, pronostica Lupick, quien ahora reside en el sur de California.

Eso no quiere decir que los consumidores prefieran el fentanilo; más bien, muchos lo describen simplemente como una forma económica y eficiente de sobrellevar el “mono” o los síntomas de la abstinencia, como náuseas o insomnio, entre otros. Cuando Meakin consumía, por ejemplo, le gustaba más la heroína, pero eventualmente buscó fentanilo. “Cuando se llega al fentanilo nunca se regresa”, dice. “Es muy potente”.

El fentanilo llegó a Toronto unos años después, y ahora domina el país. Foto: Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos vía AP

Meakin tocó fondo en 2020 cuando decidió suicidarse, inyectándose una gran dosis de fentanilo en su auto en Skid Row. Pero de milagro, cuenta, mientras estaba inconsciente un indigente se metió por la ventana abierta del auto y le suministró Narcan —el medicamento para revertir los efectos de la sobredosis de opioides— por la nariz. Eso le salvó la vida.

Desde entonces ha superado el tratamiento de Red Door Life en Los Ángeles y ahora ayuda a otros a enfrentar sus adicciones. Practica la reducción radical de daños, por lo que en ocasiones lleva a las celebridades con quienes trabaja a Skid Row para ayudarles a conseguir lo que necesitan, para minimizar el riesgo.

“Si alguien lleva una semana sin metanfetaminas, no va a tener la cabeza en su lugar, pero yo sí tengo la cabeza bien puesta”, dice.

Lleva Narcan consigo a todas partes, consciente de que sus clientes lo necesitarán en algún momento, así como él lo necesitó alguna vez.

“Con el fentanilo, sólo es cuestión de tiempo para tener una sobredosis”, considera. “Y hay fentanilo por todas partes”.

Mientras baja caminando por Wall Street, rodeado de campamentos de indigentes, se percibe un aroma a flores recién cortadas.

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