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María Rivera

16/11/2023 - 12:01 am

Hospitales

“Los hospitales que no han sido, no pueden ser evacuados”.

Doctoras palestinas atienden a un bebé nacido prematuramente en el hospital Al Aqsa, el domingo 22 de octubre de 2023, en Deir el Balah, Franja de Gaza.
“Los miles de enfermos y refugiados subsisten gracias al heroísmo de los médicos palestinos que, sin recursos, han logrado salvar la vida de pacientes”. Foto: Adel Hana, AP

Vuelvo al tema, querido lector. No entiendo, francamente, como es que el mundo no está volcado en los acontecimientos brutales que siguen ocurriendo en la Franja de Gaza. Los noticieros en México pasan por encima del tema, rápidamente, como si fuera algo usual o menor o peor aún, como si la enorme tragedia humana no sucediera.

Las dimensiones de la crisis se han agudizado terriblemente, de la semana pasada a esta. En estos momentos la mayoría de los hospitales en Gaza han dejado de funcionar como tales, por falta de electricidad, de agua, de alimentos, de medicinas producto del bloqueo de Israel, qué digo del bloqueo, del estrangulamiento de Israel a la infraestructura de toda la ciudad, la política de limpieza étnica y genocida que lleva a cabo.

Algunos hospitales han sido bombardeados y la gente que se encontraba allí, obligada a evacuarlos. Enfermos regulares, heridos por los incesantes bombardeos israelís de estas semanas y de refugiados han sido forzados a salir penosamente con el riesgo de ser asesinados a la hora de salir, como está ocurriendo. Periodistas palestinos han documentado caminatas ingratas de desplazados llevando a sus familiares en sillas de ruedas, recién amputados; familias con niños que murieron en el camino en busca de seguridad y un lugar donde enterrarlos. Personas enfermas obligadas a caminar kilómetros que desfallecen en el camino, en lo que no se puede denominar sino como infames marchas de la muerte. Mientras, ambulancias son bombardeadas y sus ocupantes, heridos y paramédicos, asesinados. Personas que son detenidas por los militares israelís son vejadas, desnudadas, humilladas o directamente asesinadas. Penosísimas y vergonzosas filas de civiles con banderas blancas caminando en medio de calles destruidas en las que también son asesinados. Caminos repletos de cuerpos que nadie recoge. Cuerpos de personas siendo arrolladas por tanques, sí, leyó bien, arrolladas por tanques deliberadamente. Todo esto está registrado en videos que se pueden ver en la red, querido lector.

Los hospitales que no han sido, no pueden ser evacuados, como el Al-Shifa viven el asedio militar de Israel, así como el de la muerte por falta de asistencia médica, por lo que han convertido sus patios en fosas comunes donde entierran los cuerpos de personas que van muriendo porque no hay electricidad, ni agua, ni medicinas para atenderlas, personas asesinadas por Israel en crímenes de guerra sin nombre.

Los miles de enfermos y refugiados subsisten gracias al heroísmo de los médicos palestinos que, sin recursos, han logrado salvar la vida de pacientes. Heroísmo es una palabra que no los describe suficientemente. Realmente, los médicos han demostrado una calidad humana que no es frecuente ver en ninguna parte del mundo en un conflicto tan sangriento, donde ellos mismos son blanco de ataques. Han dado su vida por no abandonar a sus pacientes y han sido asesinados por Israel como el resto de la población, inmisericordemente. Bebés que se encontraban en incubadoras han tenido que ser desconectados y algunos han muerto. Estos crímenes son cometidos por Israel frente a los ojos del mundo entero. Eso es lo brutal, querido lector. No importa cuánto suplique el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, nadie lo escucha. No importa cuánto suplique la organización Médicos sin Fronteras, nadie los escucha. No importa cuán fuerte hable Amnistía Internacional, nada pasa. No importa cuánta sangre, asesinatos de niños, mujeres, hombres documenten los periodistas palestinos, nadie los escucha.

Un país ha podido dejar sin hospitales a millones de personas, cortarle todos los suministros a los enfermos y heridos para que agonicen sin remedio y nadie hace nada. Israel continúa con su matanza, impune. Esta es la naturaleza del horror que sucede ahora mismo en Gaza. ¿No le parece que merecería que los medios lo informaran de manera profusa? No, lo que los medios hacen es reportar que Israel dice que debajo del hospital hay túneles en donde opera Hamas (que además no han podido probar). Como si esos supuestos túneles le dieran legitimidad a los crímenes de guerra que están cometiendo contra hospitales y enfermos. La barbarie total se ha impuesto en esa parte del mundo, pero también entre los aliados occidentales, consumidos en la hipocresía, que soportan o financian el genocidio palestino y los medios de comunicación que ocultan la inconmensurable tragedia, repitiendo los despachos de prensa del gobierno israelí.

Estamos frente a un horror que recuerda al horror cometido por los nazis contra los judíos, hay que decirlo. La retórica deshumanizante contra la población palestina por miembros del gobierno de Netanyahu es sencillamente escandalosa. Nada tiene que ver con un discurso de una nación liberal y democrática. Netanyahu invoca pasajes religiosos para exterminar a niños y mujeres, por ejemplo. Está convencido, como muchos israelís más, que tienen un derecho divino sobre la tierra que es de Palestina. Lo subrayo, querido lector: divino. Su discurso supremacista es aterrador, cuando se escucha en colonos que se han dedicado a robarse la tierra de sus vecinos. Los consideran subhumanos, por decir lo menos. Animales que pueden ser detenidos, torturados, asesinados. Niños que pueden ser detenidos por lanzar piedras, trasladados en camiones del ejército y encarcelados, repito: encarcelados. Casas arrasadas, pobladores obligados a abandonar sus casas para que sean ocupadas por colonos israelís.

Si el mundo le hubiera puesto un alto a Israel hace mucho, y hubiera intervenido para detener su expansión territorial y sus continuas violaciones a la ley y los derechos humanos de los palestinos, el horror de Hamas no hubiese sido posible, sencillamente.

El debate de fondo, sin embargo, no es si hay túneles o no debajo de hospitales, sino si la población palestina es suficientemente humana frente a las potencias occidentales, si tiene derechos humanos. Sí, suena brutal, pero ese es. Resulta evidente que este horror no podría haber sido cometido en Londres, en París, en Berlín, o en Washington frente a la pasividad del resto de la comunidad internacional ¿Por qué el mundo entero está aceptando que el gobierno Israelí cometa un genocidio? ¿Por qué Israel puede cometer actos atroces como dejar sin agua, sin electricidad, sin medicinas, sin servicios médicos a millones de personas encerradas en un gueto mientras lo bombardea? ¿por qué puede asesinar a bebés al retirarles las incubadoras? ¿Por qué el mundo encuentra aceptable esta infamia? ¿por qué permiten que el ejército esté asesinando periodistas y funcionarios de la ONU sin que nadie lo detenga?

La única respuesta, querido lector, es porque los gobiernos cómplices de Israel consideran que no, los palestinos no tienen derechos humanos como ellos. Es un oprobio y una vergüenza mundial, y ha revelado la inmensa catástrofe que significa que la ONU no solo sea incapaz de parar el horror, sino que se haya convertido en su víctima, lo cual implica un riesgo enorme para todo el mundo ¿quiénes más, qué otros pueblos pueden ser masacrados con total impunidad por Israel? Si se le ha permitido esta barbarie, no se detendrá, téngalo por seguro.

María Rivera
María Rivera es poeta, ensayista, cocinera, polemista. Nació en la ciudad de México, en los años setenta, todavía bajo la dictadura perfecta. Defiende la causa feminista, la pacificación, y la libertad. También es promotora y maestra de poesía. Es autora de los libros de poesía Traslación de dominio (FETA 2000) Hay batallas (Joaquín Mortiz, 2005), Los muertos (Calygramma, 2011) Casa de los Heridos (Parentalia, 2017). Obtuvo en 2005 el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.
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