Imagen ilustrativa. Foto: Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, Facebook

El conductor tenía problemas con el frenado del tren, lo dejó detenido en una pendiente y se dedicó a buscar ayuda. Sin embargo, el peso de los vagones hizo que cedieran los frenos y el convoy comenzó a deslizarse hacia atrás, desembocando en un trágico accidente en Tacubaya, de donde acababa de salir dicha máquina. El amable lector pensará que estoy relatando el incidente del 10 de marzo de este año, en la estación del Metro Tacubaya; no obstante, me refiero al accidente ocurrido el 19 de agosto de 1913 en las líneas férreas del mismo rumbo. En ambos casos hay diferencias, pero trágicas similitudes.

La relación de Tacubaya con los trenes es añeja y precoz, las vías férreas de la Ciudad de México iniciaron su vida rumbo a aquella lejana zona en las afueras de la capital en 1856. En medio de un país convulso, en ese momento al mando de Ignacio Comonfort inició la construcción de dicho ferrocarril. Fue tal la prosperidad y utilidad de la línea, que en 1870 Benito Juárez autorizó la ampliación de la ruta hacia Popotla, por un lado, y hasta Arcos de Belén, por el otro. Sin embargo, esta venturosa relación entre Tacubaya y los trenes, como adelanté, ha tenido episodios amargos.

El tren recibió una alerta en el tablero de control por lo que la máquina se bloqueó en automático. Los manuales establecen que lo que correspondía era aplicar el freno de estacionamiento, los tecnicismos en esta historia son inevitables, y desalojar el tren, pero el conductor siguió avanzando. Desafortunadamente el maquinista y la reguladora de estación omitieron realizar dicho protocolo y por ocho minutos personal entró y salió del vagón guía hasta que el frenado perdió fricción y el tren completo comenzó una marcha de reversa sin control alguno. Desafortunadamente su viaje lo detuvo otro convoy que estaba estacionado en la estación del Metro Tacubaya. El impacto produjo 41 personas lesionadas y un fallecido, en el todavía fresco incidente de este año.

Para dar un mayor misterio y vínculo a la historia de 2020 y a la de 1913 me gustaría afirmar que la pendiente de la que ambos trenes se deslizaron hacia atrás es la misma, pero no voy a mentir en pro de un mejor relato. Simplemente desconozco esa información. Pero lo que sí es conocido es que, en aquel verano de 1913, en el que gobernaba Victoriano Huerta, un tranvía eléctrico cargado con toneladas de pólvora salió de Tacubaya en dirección de Santa Fe. El motorista sintió que los frenos de aire no funcionaban correctamente, por lo que dejó estacionado su pesado vehículo para regresar a la base y pedir otra máquina para continuar el viaje. Todos quienes hemos viajado de Tacubaya a Santa fe sabemos que no hay otra opción que recorrer un camino cuesta arriba. En aquel momento, las leyes de newton volvieron a su infalibilidad y el tren se soltó para volver por donde vino. Se volcó en Tacubaya y produjo una explosión que, según los relatos, se percibió a 10 kilómetros de distancia y delimitó un perímetro de desastre de 300 metros. Según, José Guadalupe Posada, el trágico saldo fueron 400 personas perjudicadas, entre muertos y lesionados. Un accidente mucho más fatal y desastroso que el de este año.

Podría reflexionar sobre el papel de los conductores en estas tragedias y buscar más similitudes entre ambos sucesos. Sin embargo, espero que hasta aquí haya logrado distraerlo con esta reconstrucción comparativa, a usted lector, y así, trasladarnos a otras latitudes, emociones y tiempos, fuera del encierro forzado de esta pandemia, de la cual también hay historias similares que por ahora no voy a contar.