La derecha patriarcal no sólo extraña el poder político que le quitó un partido que no pertenece al cártel neoliberal. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro.

Calificar de patriarcal a la derecha es para ella un halago, porque en su ignorancia obscurantista no se ha dado cuenta de que la ideología patriarcal ya fue sepultada, y huele a cadáver de 15 días, por el desarrollo social logrado gracias a la capacidad productiva de las mujeres mexicanas.

Lo anterior viene a cuento porque esta semana, utilizando las redes sociales (Twitter en particular) y las oportunidades que ofrece el presidente durante su diálogo mañanero, se lanzaron en contra de una funcionaria importante del Gobierno federal, utilizando como pretexto la estrategia publicitaria de una editorial digital que aprovechó la coyuntura comercial abierta por los procesos electorales para promocionar el libro de un político varón, que probablemente sea precandidato de Morena en uno de los estados en juego en el 2021, y su buena (o mala) fama.

Sin embargo, al no encontrar suficiente músculo donde clavar sus colmillos, la derecha estridente inventó, como siempre, una falsedad que buscaba repetir una y mil veces para hacerla creíble; pero no se lanzaron contra el político que habría resultado beneficiado de la estrategia publicitaria de la editorial, sino que fueron contra una funcionaria ajena al proceso electoral en curso y, careciendo de evidencia alguna, derivaron una serie de conclusiones falsas y generaron un linchamiento que pretendía ser político, pero se convirtió en una expresión irritante de la violencia de género.

En los 50 años que tengo haciendo política no recuerdo una agresión tan vulgar, violenta y desalmada como la que realizó la derecha pedestre en redes sociales contra la funcionaria; no estoy para repetir los nombres ni los insultos de esa tribu de bárbaros misóginos, pero es increíble que todavía existan humanos con penes, y algunas mujeres, capaces de rescatar del cajón de las perversidades tales agresiones y bajezas.

El único delito de la funcionaria fue ser mujer con un puesto de importancia en el Gobierno Federal, y por ello recibió decenas de insultos, vulgaridades y los peores chistes provenientes de una época cuando los machos agredían y se burlaban sistemáticamente de las mujeres, que debían soportar vivir arrumbadas en sus casas.

No me explico de dónde salieron estos tipejos que se ensañaron de tal manera contra la funcionaria, pero estoy seguro de que los movió la envidia machista y la convicción de que ella está ocupando un puesto que le corresponde a un varón, porque desde su perspectiva todos los puestos importantes deben ser ocupados por varones.

Me sorprendió ver que, en la política, los miembros de la derecha patriarcal son capaces de cualquier infamia y perversidad, aunque les degrade como seres humanos, pero también me sorprendió el silencio y la distracción de cientos de mujeres que prefieren callar y voltear para otro lado cuando una compañera es víctima de la peor violencia de género que puede enfrentar en este ámbito. De esta misma manera se han lanzado en contra de la esposa del presidente, de la secretaria de la Función Pública y de la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

La derecha patriarcal no sólo extraña el poder político que le quitó un partido que no pertenece al cártel neoliberal que actualmente está construyendo un monstruo de Frankenstein político para el 2021, ni los recursos económicos que manejaba en su beneficio, sino que también le duele hasta el tuétano que haya tanta mujer participando en las decisiones de la nación, y cada vez que tiene la oportunidad de lanzarse contra alguna de ellas, lo hace con los argumentos más deleznables e indignos.

Hechos son amores y no buenas razones, podrán escribir libros textos y conferencias sobre la violencia de género, pero de nada sirven cuando se guarda silencio ante un ataque concreto y específico contra una mujer identificada con el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador.