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Alejandro De la Garza

18/05/2024 - 12:03 am

Cultura letrada y lucha política

“A lo que iba el arácnido tiene que ver más bien con las recientes confrontaciones suscitadas en redes sociales entre escritoras, editoriales y funcionarias culturales”.

“Y no es que los escritores mexicanos no se hallan enfrascado en polémicas y enfrentamientos variados y numerosos”. Foto: Rogelio Morales Ponce, Cuartoscuro.

El sino del escorpión observa cómo los numerosos enfrentamientos en la arena política de nuestro país siempre acaban trasladados también al ámbito cultural y letrado, y si la discusión de nuestros políticos es simplista, elemental y retórica, sería de esperar una discusión más racional e inteligente de los integrantes de la llamada “comunidad cultural”. No obstante, quienes encabezaron a los dos grupos culturales hegemónicos durante el neoliberalismo —reunidos en torno a las revistas Nexos y Letras Libres—, rebasaron hace muchos años la lucha ética y estética desde el campo de la cultura y las artes para llevar su accionar al activismo político directo, cuando menos en las elecciones de 1988, 2006 y 20012. De igual forma hoy, se han lanzado con argumentos que sorprenden por “simplistas, elementales y retóricos” contra el régimen morenista y, en particular, contra el presidente López Obrador, a quien no soportan ni en pintura y menos en una “Mañanera”.

Y no es que los escritores mexicanos no se hallan enfrascado en polémicas y enfrentamientos variados y numerosos, sostiene el alacrán mientras recuerda las batallas periodísticas de los liberales Altamirano y Guillermo Prieto en los diarios El Siglo XIX y El Monitor Republicano, y al muy conservador Lucas Alamán en el diario El Universal. De igual forma, la Revolución de 1910 fue apoyada por muchos escritores célebres, como Díaz Mirón, y rechazada por otros como José Juan Tablada. Todo el siglo XX está cruzado por estos enfrentamientos entre grupos y bandos: Estridentistas contra Contemporáneos; Cardenistas contra Liberales puristas, etcétera. Incluso viene a la memoria del venenoso aquella frase solipsista de Carlos Fuentes en 1971: “Echeverría o el fascismo”. Y ya para qué hablar del apoyo de tanto intelectual y escritor a Salinas de Gortari (¿a quién no engañó Salinas?, le dicen al escorpión sus allegados).

Pero una disculpa al lector por caer en esta digresión, cuando a lo que iba el arácnido tiene que ver más bien con las recientes confrontaciones suscitadas en redes sociales entre escritoras, editoriales y funcionarias culturales. Una cuenta denominada #Terroreditorial (al estilo de #MeToo) tiene ya un buen tiempo haciendo públicas numerosas denuncias de las malas circunstancias laborales en esta industria cultural, donde se convence a diseñadores, formadores e incluso a escritores, de trabajar en pésimas condiciones, con pagos mínimos y horas extras con el pretexto de “los sacrificios” que requiere la cultura y una editorial independiente. Un caso reciente fue el de la editorial Sexto Piso, que ofertó empleo a un diseñador, con un sinfín de responsabilidades y sin límite de horario, por 12 mil pesos. La convocatoria salió en redes y la respuesta crítica fue inmediata, al grado que la editorial tuvo que aclarar que no eran tantas responsabilidades, sino trabajo de equipo, pero del salario no corrigió ni aclaró nada.

A lo anterior, se añadieron enseguida una serie de quejas y denuncias de un trato laboral injusto y hostil por parte de la directora de la Revista de la Universidad, la muy reconocida escritora Guadalupe Nettel, quien durante los últimos siete años logró un cambio extraordinario en esta publicación cultural, de las más importante de nuestra máxima casa de estudios. Sus dossiers sobre el Ejército Zapatista, sobre la inteligencia artificial, sobre el movimiento feminista y el movimiento de 1968, son memorables y de colección. No obstante, se reiteraron denuncias en su contra. Finalmente, las autoridades universitarias anunciaron que Nettel dejaría la dirección de la RU y le agradecieron su estupenda labor en la institución. Al mismo tiempo, se supo que la escritora había obtenido una residencia de escritura en la Universidad de Columbia, a donde se trasladaría en breve.

El caso es otra muestra del papel de las redes sociales, que pueden impulsar a hundir a alguien con facilidad. El escritor Pablo Raphael publicó un sentido artículo en apoyo y alabanza a su compañera de generación y colega (suplemento cultural Laberinto), lamentando que hayamos llegado a este tiempo de cancelación y linchamiento. Por su parte, la escritora Vivian Abenshushan advirtió que había colaborado varias veces en la RU, donde recibió un trato adecuado y pago oportuno, pero que suspendería sus colaboraciones hasta que el tema se aclarara. En todo caso, los nombramientos de la oficina de Difusión Cultural de la UNAM siempre han sido polémicos, baste recordar que el anti-juangabrielista (jeje) Nicolás Alvarado y el multi funcionario prianista Jorge Volpi pasaron por ahí.

Otro caso reciente pone de nuevo en la mesa la discusión sobre la relación entre el autor y su obra, la imaginación literaria y la vida del artista. Luego de que se concediera un Premio Pulitzer a la escritora Cristina Rivera Garza por su libro El invencible verano de Liliana, se presentaron denuncias de malos tratos hacia sus alumnos en la Universidad de Houston, donde la multipremiada escritora imparte cursos y sostiene la editorial Canal Press. Se denunció desprecio por el trabajo de sus talleristas y alumnos e incluso la utilización de los escritos de su alumnado en provecho propio. El escorpión escribió en este espacio hace tiempo un texto sobre Rivera Garza: la importancia de esta autora en la literatura mexicana es innegable. En su pequeña y delgada figura concentra cualidades literarias superiores que el libro sobre la vida de su hermana ratificó con creces. Feminista comprometida contra la violencia hacia las mujeres, el feminicidio y la impunidad, sus causas son dignas y serias. Y las denuncias ahí están.

Estos temas álgidos siguen su curso, pero el alacrán recupera un comentario del crítico Jezreel Salazar, publicado en el portal Medium, donde lamenta la cultura de la cancelación e indaga en la deshumanización y la escritura: “Es como si existiera, de manera generalizada, la sensación de una vulnerabilidad extrema debido a la cual una diferencia de opinión o un intercambio que no lleve al consenso, a la adhesión y a la unanimidad implica un gesto intolerable y se lee como una agresión de la que debe uno escapar o defenderse cortando de tajo”. El escorpión regresa a su nido antes de que lo “funen”.

@Aladelagarza

Alejandro De la Garza
Alejandro de la Garza. Periodista cultural, crítico literario y escritor. Autor del libro Espejo de agua. Ensayos de literatura mexicana (Cal y Arena, 2011). Desde los años ochenta ha escrito ensayos de crítica literaria y cultural en revistas (La Cultura en México, Nexos, Replicante) y en los suplementos culturales de los principales diarios (La Jornada, El Nacional, El Universal, Milenio, La Razón). En el suplemento El Cultural de La Razón publicó durante seis años la columna semanal de crítica cultural “El sino del escorpión”. A partir de mayo de 2021 esta columna es publicada por Sinembargo.mx

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