En otra entrega del libro Monsieur Morrison, les compartimos una hipótesis arriesgada del autor: por medio de números sagrados como el 27 y de sustancias psicotrópicas, un grupo de iniciados utilizó el cuerpo de Jim Morrison (como fueron usados antes los de Marilyn Monroe, Sharon Tate, Elvis Presley y Kurt Cobain) para obtener beneficios comparables a su belleza y talento.

Por José Miguel Lecumberri

Ciudad de México, 19 de octubre (BarbasPoéticas).- La palabra chamán —el que sabe— tiene origen siberiano. A él se le atribuye la poderosa capacidad de modificar la realidad. Posteriormente, el término se generalizó y sirvió para nombrar a cualquier persona que ejerciera la sanación, la brujería o la comunicación con los espíritus y los muertos. Hoy en día, el neochamanismo —que se centra en conceptos como la magia del caos— permea una gran vastedad de culturas y cosmologías alrededor del mundo.

México —arraigado a una serie de tradiciones indígenas que se mezclan con los ritos africanos importados en los barcos europeos de esclavos y se adhieren al sincretismo de la iglesia católica tropicalizada y al paganismo implícito de esa cosmovisión— es cuna de un chamanismo único: el de los brujos, el del h’ilol —vidente en tzotzil—, el de maracáme —según los huicholes—, el de los tlahuelpuchis —en náhuatl—, el de Pachita y sus rituales.

Jacobo Grinberg —investigador luminoso, neurocientífico mexicano, desaparecido en 1994— funda sus estudios sobre la conciencia en las prácticas que compartió con esta famosa chamana guerrerense. Pachita se dedicaba a la sanación —a curar y operar personas con un cuchillo de cocina que tenía un indio con penacho grabado en la hoja—. Decía que no era ella, sino el espíritu del último emperador azteca —a quien ella llamaba Hermano Cuauhtémoc— el que realizaba la magia.

A través de Pachita, Grinberg descubrió que existen personas cuyos campos neurales y orbitales de conciencia están mucho más en sinergia con la lattice —una especie de matriz holográfica que todo lo abarca, que contiene toda la información del universo—. Estos seres pueden, por ejemplo, materializar órganos humanos a partir de la nada o sanar estructuras biológicas y sistemas vivos sólo a través del uso de la conciencia —que Grinberg definía como la capacidad perceptual de crear realidades—.

Sin embargo, así como el chamanismo es capaz de sanar o de otorgar vida, también puede usarse con fines egoístas y oscuros. Es bien sabido que el sacrificio humano, como ritual, sirve para que quienes lo ejecutan reciban la energía vital y el poder del ente sacrificado.

En esta ficción —Monsieur Morrison—, planteo una hipótesis tan arriesgada como necesaria: por medio del uso de ciertos números sagrados como el veintisiete; de algunas sustancias psicotrópicas como el LSD o la mezcalina; de símbolos mágicos como el sigilo, y de otros elementos rituales, un grupo de iniciados utilizó el cuerpo de Jim Morrison —como antes y después fueron usados también los de Jesucristo, Juana de Arco, Giordano Bruno, Marilyn Monroe, Sharon Tate, Elvis Presley y Kurt Cobain, entre muchos otros— para obtener beneficios, tan grandes como eran su belleza y su talento.

Me atrevo a decir, entonces, que su espíritu y la potencia de su alma fueron usados para abrir un portal a dimensiones superiores de la conciencia y para tener contacto con entidades en reinos más elevados de la matriz sintérgica.

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