Las diversas muestras “resultan fundamentales” para comprender el tipo de materiales que se pueden encontrar en las regiones que han experimentado vulcanismo, pues se piensa que la sonda se posó en una de las coladas de lava más jóvenes que se conocen.

Madrid, 19 de diciembre (EFE).- En solo dos semanas han llegado a la Tierra muestras de suelo recogidas en el asteroide Ryugu y en la Luna, un material de gran interés para la exploración espacial y que debe manipularse con extremo cuidado para evitar su contaminación, explica el astrofísico Josep Maria Trigo.

Ryugu proporcionará pistas sobre la formación del Sistema Solar, mientras que las rocas de nuestro satélite aportarán conocimiento relevante para su futura exploración, dice a Efe Trigo, del Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña.

La sonda japonesa Hayabusa2, tras un viaje seis años y 5 mil 200 millones de kilómetros, dejó caer el pasado día seis sobre Australia un contenedor con una pequeña cantidad de polvo y gas del remoto asteroide Ryugu.

Un material de “extraordinario interés” para avanzar en el conocimiento del origen del Sistema Solar, encontrar “detalles fundamentales” sobre la formación de Ryugu, hace 4 mil 600 millones de años, y comprender mejor su afinidad con una clase de meteoritos llamados condritas carbonáceas.

Los asteroides como este, denominados transicionales, retuvieron agua y materia orgánica de los fríos entornos en los que se originaron y que más tarde fueron sembrando sobre la Tierra, formada en condiciones de alta temperatura y en ausencia de esos materiales volátiles.

Trigo también destaca que es preciso conocer las propiedades y composición de un objeto que “podría ser representativo de un futuro asteroide potencialmente peligroso en ruta de colisión contra la Tierra”.

Esta semana aterrizó en Mongolia la sonda china Chang’E 5, con dos kilogramos de muestras lunares, tomadas en Oceanus Procellarum, en la cara visible de la Luna, una zona no visitada hasta la fecha.

Estas muestras “resultan fundamentales” para comprender el tipo de materiales que podemos encontrar en las regiones que han experimentado vulcanismo, pues se piensa que la sonda se posó en una de las coladas de lava más jóvenes que se conocen.

Su estudio y datación aportarán “información relevante” sobre nuestro satélite también en vista a su exploración, por ejemplo, explica, podrían encontrarse áridos ligeros que fuesen relevantes para la construcción de futuras infraestructuras en la Luna.

El equipo de Trigo es el único en España que ha trabajado en misiones de retorno y análisis de muestras procedentes de la Luna, del cometa 81P/Wild 2 y del asteroide Itokawa.

En cuanto sea posible, su equipo pedirá acceder a estos nuevos materiales. “Estamos sumamente interesados”, señala Trigo, cuyo trabajo se centra en la composición química y minerológica, las propiedades magnéticas y mecánicas y aspectos relacionados con la interacción de esas rocas primigenias con el agua.

Hace unos años descubrieron que el agua en presencia de formamida hace que los minerales de las condritas carbonáceas posean propiedades catalizadoras de compuestos orgánicos que son claves en la química prebiótica.

El científico relata que con las muestras llegadas del espacio se trabaja en una sala blanca, la cual garantiza un entorno lo más limpio posible “para minimizar su contaminación” y que las medidas físico-químicas de los experimentos sean “lo más representativas posible de las del asteroide”.

Sin embargo, es “imposible” que las muestras llegadas de Ryugu supongan un riesgo biológico, aunque “obviamente se toman ciertas precauciones”, pues al ser un asteroide sin atmósfera, cualquier posible organismo vivo “hubiese sido esterilizado por la radiación cósmica a lo largo de miles de millones de años”.

Las muestras se almacenan en contenedores dentro de un armario especial, de donde solo salen para operar con ellas y, al final de los experimentos, hay que devolverlas.

Algunos experimentos destruyen o deforman parcialmente el material, pero la cantidad de información que se obtiene es “enormemente valiosa y muy útil”.

 Trigo y su equipo trabajan ahora sobre muestras y meteoritos lunares y marcianos, pues el Instituto de Ciencias del Espacio se ha convertido en repositorio internacional de meteoritos antárticos de la Nasa.

Además ha propuesto para la misión Artemis de la Nasa un rover que busque recursos en la Luna y forma parte de los equipos científicos de las misiones DART (NASA) y HERA (Agencia Espacial Europea) que realizará el primer test para desviar un asteroide.

La llegada de muestras a la Tierra no suele ser un hecho habitual, pero ya se espera que para 2024 una misión estadounidense lo haga con material del asteroide Bennu.