Aunque las autoridades sanitarias de los gobiernos no han aceptado esta forma de transmisión, y existe un debate científico en curso, no está de más conocerlo y recordar que los países occidentales han demostrado ir varios pasos atrás que los países asiáticos que mejor han manejado la pandemia.  Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro.

Desde hace ya algunos meses ha habido un debate internacional sobre las vías de transmisión del SARS-CoV-2. Hasta el día de hoy, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que la principal vía de contagio del virus es por contacto cercano con personas infectadas, a través de pequeñas gotas que se expulsan a través del sistema respiratorio, a la hora de estornudar, toser o hablar, o a través de contacto con objetos contaminados como son manijas, barandales, empaques, etcétera. De ahí que las medidas de protección consistan en la sana distancia y el lavado frecuente de manos. Hay un debate internacional, sin embargo, centrado en la posibilidad de transmisión aérea del virus. Esto significa que el virus, una vez expulsado del aparato respiratorio, puede sobrevivir en el aire en gotículas diminutas que no caen al suelo inmediatamente, se quedan suspendidas en el aire y pueden viajar varios metros de distancia, con el riesgo potencial de contagio: las personas inhalarían el virus a una distancia de varios metros, lejos de la persona contagiada, en espacios cerrados con pobre ventilación. La contaminación del aire ha sido documentada en cuartos de hospitales, pero sobre todo durante ciertos procedimientos médicos como la intubación o en espacios donde los médicos se retiran el equipo de protección, como batas y guantes. El debate no está centrado en estas formas de transmisión reconocida, sino fuera del ámbito hospitalario, donde han surgido casos que han sido documentados, en distintas partes del mundo, donde se sospecha que la transmisión aérea fue la vía de contagio. Algunos especialistas refieren que se han encontrado evidencias de contagios por la vía aérea en espacios cerrados, como edificios de departamentos (donde se cree que están involucrados los sistemas de ventilación) o en supermercados u oficinas, o como sería el caso de un coro, en Estados Unidos, donde una persona infectada contagió a varios integrantes que estaban bastante más allá de los metros que exige la sana distancia y donde al cantar, la persona portadora del virus repetidamente expulsó, a través de pequeñas gotas de saliva, una gran cantidad de carga viral que permaneció en el aire, o lo que ocurrió en Corea del Sur, donde una mujer, en un rito religioso en un salón cerrado, contagió a un gran número de personas distantes de ella por varios metros, pero donde se emitían cánticos religiosos durante horas.

Debido a que las autoridades sanitarias de los países no han podido probar científicamente que esta forma de transmisión haya sucedido efectivamente, no la reconocen y por tanto, no advierten a la población sobre medidas especiales de protección. Hay, sin embargo, artículos que insisten en que hay suficiente evidencia de que esta forma de transmisión ha ocurrido y que para cuando esta pueda ser probada, será demasiado tarde, por lo que urgen a los países a tomar previsiones ante ella, especialmente ahora que se reabren algunas economías. Tal es el caso del artículo, de muy reciente publicación, de Lidia Morawska y Junji Cao que se publica en Enviroment Internationational, del mes de junio. Se titula “Airborne transmission of SARS-CoV-2: The world should face the reality” (“Transmisión aérea de SARS-CoV-2: El mundo debe enfrentar la realidad”). En él, los autores hacen un recuento de algunas evidencias de transmisión aérea, así como un llamado a que los países asuman que esta forma de transmisión, en espacios cerrados, sea considerada para evitar contagios y pérdida de vidas, especialmente en aquellos espacios altamente concurridos como son tiendas, oficinas, escuelas, restaurantes, cruceros, y el transporte público, en los que el lavado de manos y la sana distancia no otorgaría protección. Para ello, llaman a las autoridades de los países para que implementen medidas como revisar la ventilación y maximizar las posibilidades de ventilación natural, asimismo, a que en los espacios públicos donde la densidad de personas sea alta y la ventilación inadecuada se recomiende a las personas usar equipos especiales de protección como son mascarillas, pero especialmente respiradores para evitar el contagio, como lo hace el personal médico.

Como el de ellos, hay un número considerable de artículos que sostienen que esta forma de transmisión está ocurriendo y que explicaría los casos documentados de personas contagiadas que no tuvieron contacto directo con personas infectadas, ni contacto con sus secreciones, en los cuales se conoce la ruta de contagio.

Aunque las autoridades sanitarias de los gobiernos no han aceptado esta forma de transmisión, y existe un debate científico en curso, no está de más conocerlo y recordar que los países occidentales han demostrado ir varios pasos atrás que los países asiáticos que mejor han manejado la pandemia. En México, en Estados Unidos y en países europeos, por ejemplo, se pasó de no recomendar el uso generalizado de mascarillas (que limita la expulsión de secreciones respiratorias de personas contagiadas asintomáticas), a recomendarlo o incluso a volver su uso obligatorio, a diferencia de los países que, desde el comienzo de la epidemia, las consideraron una herramienta esencial para combatir al virus.

Ahora que México planea la reapertura de algunos sectores económicos y para el futuro de la reapertura de las escuelas, cuando sea que esta suceda y si es antes de que se cuente con una vacuna, las autoridades sanitarias deberían tomar muy en cuenta las evidencias de transmisión aérea del SARS-CoV-2 en espacios cerrados como serían los salones de clases, para tomar previsiones. Especialmente, porque en distintos países, como Estados Unidos, se ha alertado sobre el nuevo riesgo que enfrentarían niños por un cuadro inflamatorio severo que pone en riesgo su vida y porque la población mexicana, económicamente activa, es especialmente vulnerable a enfermar severamente por comorbilidades.

En cuanto a nosotros, querido lector, no está de más conocer estos datos, sobre todo, si forma parte usted de la llamada población vulnerable. Sería aconsejable que si tiene sobrepeso, obesidad, diabetes e hipertensión, es mayor de sesenta años, o está inmunodeprimido, si va a salir a un espacio cerrado como es el súper, el banco, una oficina, o el transporte público, donde se concentre gente, utilice equipo de protección especial, si es que tiene acceso a él, si no, sería preferible buscar, por todas las maneras posibles, no exponerse y que alguien lo ayude.

En lo que se resuelve el debate, mejor cuídese. Sea la realidad que sea, eso sí, le aseguro que nuestra nueva normalidad tendrá que ser, antes que todo, solidaria.