Quien desde hace años auguró la muerte de la radio abierta, la tradicional, se ha equivocado. Foto: Shutersttock

Quien desde hace años auguró la muerte de la radio abierta, la tradicional, se ha equivocado. Foto: Shutersttock

La mayoría de mis alumnas y alumnos en la Universidad no escuchaban radio, no obstante que estudian la licenciatura en Comunicación. Ahora lo hacen por obligación (la materia que imparto es sobre radio) y algunos de ellos comienzan a tenerle “cierto” cariño a algunas emisoras.

No sé si después de terminar el curso sigan queriendo al medio, pero se ha sembrado una semilla, que espero florezca para que la producción de la radio se fortalezca con la creatividad de los llamados “millennials” y aumente o por lo menos conserve sus audiencias, en una época en la que la oferta mediática es abundante y su consumo cada vez más fragmentado.

El alejamiento de los jóvenes y la niñez de la radio es un fenómeno que existe desde hace años en México, particularmente en las grandes zonas urbanas. Los radiodifusores y los anunciantes lo saben, pero tampoco dudan del poder de la radio, sobre todo en los automóviles y en ciertas coyunturas sociales y políticas (sismos, marchas, bloqueos de carreteras, etc.), en las que las audiencias regresan a la radio para informarse de primera mano, sea a través del radio portátil, el teléfono celular o en la PC.

Mis hijas de 12 y 9 años escuchan Alfa en Monterrey y en la Ciudad de México. Cada vez que nos subimos al auto aquí o allá, exigen que les sintonicemos la estación. Han hecho “clic” con la música de la radiodifusora y con algunas de sus conductoras. A veces las “engaño” sintonizando otra estación, pero de inmediato se dan cuenta y piden que regrese a la frecuencia 104.5 de Monterrey o 91.3 en la capital del país.

¿Qué fue lo que hizo Alfa con mis hijas? Ofrecerles contenidos atractivos para ellas, no necesariamente producidos para radioescuchas de su edad. Los anunciantes pueden estar seguros que, al menos en el auto, mamá y papá escuchan sus spots de productos y servicios y que durante varias horas somos audiencias cautivas, sin más alternativa de información y entretenimiento que la radio.

Si eso ha podido hacer la radio con mis alumnos y con mis hijas, no dudo que lo mismo suceda con miles o millones de radioescuchas. Sólo basta facilitar la escucha a través de un receptor y, lo más importante, tener una buena programación. Por eso, quien desde hace años auguró la muerte de la radio abierta, la tradicional, se ha equivocado. En un país como el nuestro, la radio sigue viva, muy viva, y con potencial para seguir atrayendo audiencias, a pesar Youtube, Netflix, Spotify y más.

AUTOCRÍTICA AUSENTE

¿Cuál es entonces el problema? Que propuestas exitosas como la de Alfa y otras radiodifusoras, son cada vez más una excepción.

Decíamos hace unas semanas, que la crisis de la radio no sólo se puede explicar por la fragmentación de las audiencias (producto de la diversificación de plataformas tecnológicas de la comunicación) y por la falta de incremento porcentual de la inversión publicitaria en este medio, sino también por el estancamiento e incluso el retroceso en la calidad de los programas, la innovación en los formatos, las campañas de promoción para atraer audiencias y hasta en libertad de expresión y responsabilidad social.

Los radiodifusores se quejan amargamente que la licitación de 66 frecuencias de Amplitud Modulada (AM) y 191 de Frecuencia Modulada (FM) que prepara el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) ahondará la delicada crisis que viven, como si ésta fuera explicable únicamente por los factores tecnológicos descritos o por el escaso o nulo crecimiento económico en cada una de las regiones en las que prestan sus servicios, y no por lo que han hecho o han dejado de hacer como concesionarios. Y esto sin contar que se entregaron ¡más 500 frecuencias de FM! a concesionarios de AM para mejorar la calidad técnica de sus transmisiones.

En los comunicados de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT, que agrupa a las empresas del sector) en contra de la licitación, la autocrítica es inexistente, al igual de quienes trabajan para la industria y paralelamente escriben en diversos espacios periodísticos para reiterar la posición de sus empleadores. Para ellos, el problema es sólo externo, pero debe reconocerse que en parte importante son culpables de su circunstancia.

Las familias que dominan la industria de la radio desde hace décadas necesitan con urgencia el estímulo de la competencia, como cuando nació y se fortaleció la televisión o cuando llegó el disco compacto en los años ochenta. La llegada de nuevos jugadores al medio hará que se reactiven los radiodifusores actuales, que “recarguen las baterías”, porque, muchos de ellos, no se han esforzado y se han dejado seducir por el dinero fácil a través de la “payola” (pago que se hace para programar canciones), la venta de espacios para programas “basura” sobre brujería y productos milagro, la transmisión de entrevistas y notas, por supuesto pagadas, que se ofrecen a la audiencia como “trabajos periodísticos” y la sobreexplotación de fórmulas y conceptos radiofónicos, basados en la música grupera y en dos o tres géneros más.

En materia de libertad de expresión, la incursión de nuevos jugadores recordará a los concesionarios actuales que se deben a sus audiencias, no a otros intereses. De igual manera, la competencia podría abrir la puerta a nuevas voces, a profesionales que realmente amen el medio, y a periodistas y comunicadores que han sido expulsados de las frecuencias radiofónicas, no por malos, sino por hacer su trabajo. Por ejemplo, ¿no es increíble que Carmen Aristegui, la periodista que ocupaba el primer lugar de audiencia en los noticiarios matutinos, no haya regresado a la radio? ¿a qué debemos esta situación?

NUEVOS JUGADORES, MÁS RECEPTORES

El IFT busca que lleguen nuevos radiodifusores, lo que también es plausible. En la convocatoria prevé otorgar incentivos para quienes entrarán a este mercado y estableció que en esta licitación nadie podrá tener más del 30 por ciento de las frecuencias en cada una de las localidades consideradas en la convocatoria. También habría incentivos para quienes transmitan con tecnología analógica y digital, lo que daría un nuevo impulso a la transmisión con el estándar In Band On Channel (IBOC), conocido comercialmente como HD Radio y que México adoptó en 2011.

El otorgamiento de más frecuencias podría tener un impacto positivo en la pluralidad, diversidad y competencia en la radio. Sin embargo, es también insuficiente. Para seguir conservando o aumentar pedazos del pastel publicitario, los concesionarios actuales y los futuros deben promover la escucha de la radio en internet y los dispositivos móviles, así como hacer algo mucho más agresivo para aumentar la penetración de receptores. De acuerdo con cifras del INEGI, sólo el 65.8 por ciento de los casas tenía estos equipos en 2015. Hace 10 años superaba el 89 por ciento. ¿Por qué ya no se comercializan, como antes, los radiorreceptores? ¿no hay opciones económicas para que los mismos grupos radiofónicos regalen radios, como lo hicieron en los años setenta con los equipos con la banda FM? Hace algunos días me entusiasmó leer una nota sobre la fabricación de radios de cartón, muy económicos, en Chile, en apoyo a eventos de emergencia. ¿Por qué no se promueve algo similar en México?

¿MÁS CONCENTRACIÓN?

En todo caso, hay más beneficios que desventajas de esta licitación. Entre las desventajas, la más importante es que si bien se ha fijado como límite un 30 por ciento en la concentración de frecuencias, el concurso no impide que los grandes grupos radiofónicos sigan acumulando frecuencias a nivel nacional y aumente la concentración en este medio de comunicación. El otro riesgo es que no haya el suficiente interés por las frecuencias incluidas en las bases y la apertura fracase. No creo, pero es una posibilidad.

Si todo se desarrolla conforme al programa, la licitación iniciará a fines de este mes y concluiría a mediados del 2017. Estas frecuencias se entregarán en 27 ciudades, entre éstas Ensenada, La Paz, San José del Cabo, Ciudad del Carmen, Acapulco, Chilpancingo, Puerto Vallarta, Guaymas, Tequisquiapan, Zacatlán, y otras. No están consideradas, por ahora, la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.

Viene un momento importante para la radio comercial y sus audiencias. Será una nueva oportunidad para que este medio de comunicación se renueve, ofrezca más y nuevos contenidos en sus transmisiones en AM y FM, y se inserte más en la era de la convergencia y la digitalización, sin obviar el factor más importante: la calidad de sus programaciones. Este cambio, empero, será insuficiente sin una radio pública y una radio comunitaria también fuertes. De ello escribiremos después.

Twitter: @telecomymedios