Mantener a cientos de miles de animales encerrados en espacios pequeños mientras se les administran antibióticos es una crueldad. Foto: Compassion In World Farming

Estamos a mitad de año, y luego de casi 3 meses de cuarentena, sin tener otra opción nos ajustamos a “una nueva normalidad”. Es seguro que al igual que yo, quieres salir a la calle y quitarte de una vez y para siempre el cubrebocas. Además de dejar de lado la limpieza meticulosa de tus compras del supermercado y de tus zapatos cuando llegues a casa. Para otras personas, la pandemia ha significado cosas mucho peores que cubrirse la boca: ha representado la muerte de alguien querido, la pérdida de empleo, más pobreza, el cierre de su negocio.

Aún es incierto cuándo podremos salir de nuestras casas sin pensar en llevar nuestro cubrebocas a todos lados para proteger a los demás y a nosotros mismos. Toda esta experiencia nos está costando mucho a todos como para no aprender nada de ella. Y nada de lo que vemos hasta ahora está previniendo la siguiente pandemia.

Nuestros gobernantes sólo hablan de cómo enfrentan ESTA pandemia, se habla de una vacuna, por ejemplo, de pruebas, de sanitización de áreas comunes, pero las condiciones en las que apareció el COVID19 siguen ahí. Los animales silvestres tienen sus propios virus que no los enferman, pero cuando son desplazados de sus hábitats y se trasladan a medios donde hay animales de producción que tienen muchas otras cepas, esto se transforma en el medio ideal para que aparezcan virus como el COVID19.

La pérdida de biodiversidad se mantiene a la alza.

La expansión de la frontera agrícola nos está dejando sin selvas. La ciencia nos muestra que la naturaleza no es infinita. De los años sesenta al día de hoy, el consumo mundial de carne es 5 veces mayor. Para el 2050, según la tendencia actual, el consumo de carne aumentará otro 160 por ciento. Mientras una hectárea de cultivo de arroz puede alimentar entre 19 y 22 personas al año, para producir carne de res o cordero, una hectárea puede alimentar solamente a 1 o 2 personas. Al ritmo que vamos, para el 2050 podremos tener menos de 0.1 hectáreas por persona en el planeta. Se estima que en 80 años ya no quedarán selvas.

De los años sesenta al día de hoy, el consumo mundial de carne es 5 veces mayor. Foto: Anita Krajnc

Globalmente el 90 por ciento de la soya que se cultiva es para alimentar el ganado. Conforme más países están incrementando en su dieta la carne, es necesario aumentar su producción, por lo que se necesita más soya, la cual se tiene que sembrar sacrificando la selva como el Amazonas, en donde el 90 por ciento de los incendios del año pasado fueron provocados para habilitar ese espacio para sembrar más soya para consumo animal. Para el 2048 se estima que no habrá que pescar.

Con la experiencia de lo que estamos viviendo debemos exigir a nuestras autoridades que tomen medidas concretas para evitar la siguiente pandemia. Específicamente detener la pérdida de biodiversidad para la producción de carne y dejar de pensar en el uso de animales como la única estrategia para la alimentación. Mantener a cientos de miles de animales encerrados en espacios pequeños mientras se les administran antibióticos no sólo es una crueldad y un mal innecesario, sino que es un agravante para la aparición del siguiente virus que puede ser aún más letal que el COVID19.

Para quitarnos de una vez y para siempre el cubrebocas, debemos dejar de pensar en la inmediatez y abogar por un futuro totalmente distinto al que conocemos ahora, de explotación desmedida del medio ambiente y de los animales como forma de alimentación.