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Melvin Cantarell Gamboa

21/09/2021 - 12:05 am

Vox

“Entonces, si lo que se califica de comunismo no es comunismo, ahora pregunto ¿Qué es Vox? El vocablo latino vox significa palabra, sonido de la voz, pero también proferir gritos, sonido estridente emitido de manera violenta”.

Santiago Abascal, líder del ultraderechista partido Vox, de España. Foto: Twitter @Santi_Abascal

Las cosas que se afirman deben permanecer a nivel de lo existente para no añadir nada a los juegos del lenguaje. El lenguaje utilizado sólo como recurso de seducción, para obtener alguna ventaja o forzar algún efecto, aleja toda posibilidad de entendimiento y obliga a concordar conceptos sin referentes concretos y materiales.

Vox, el partido político que se define como la voz de España viva, libre y valiente; que nació según su declaración “…para poner a las instituciones al servicio de los españoles y no de los políticos…”; se adjudica “la voz de millones de hispanos y la defensa de la familia y la vida…”, busca operar en México.

Ligado a El Yunque llama a iniciar una cruzada contra la izquierda aquí y en toda la “Iberósfera” (Iberoamérica). El Yunque es una organización secreta de origen mexicano creada en Puebla en 1953, con el propósito de defender la religión católica y luchar contra las fuerzas satánicas representadas por el comunismo e instaurar el reino de Cristo en la tierra.  Esta organización a su vez tiene en España presencia tanto religiosa como política. Como grupo ultra católico, anticomunista y antiliberal exhibe rasgos contradictorios y controvertidos que comparte con Vox: ambos combaten el comunismo y el capitalismo, el judaísmo y la masonería en una confusión que no define una posición política ni integra un ideario, sino una mezcla de coincidencias dominada por la alteridad que hace imposible una identidad.

El análisis del discurso de Vox y su aliado es interesante por lo que puede deducirse del lenguaje con que se expresa, ilógico y alucinante; en él cuenta más el concepto que los temas de los que se ocupa; las palabras carecen de connotación con las cosas a las que hacen referencia, cuando todo vocablo es inseparable de su técnica demostrativa. Se trata, pues, de un raro realismo terrestre. Como vamos a ver.

En política todo discurso dice algo para obtener alguna ventaja al decirlo, además, sabemos que el secreto del poder estriba en la reacción que provocará el mensaje en quien lo escucha. Las palabras del emisor cumplen con su finalidad si tienen sobre el receptor efectos que lo motivan a la acción y las recibe como mandato emanado de una autoridad.

Vox llegó a México, dijo lo que tenía que decir, ligaron a sus objetivos algunos vocablos claves, y de este modo se apropiaron de la voluntad de un pequeño grupo de despistados deseosos de que alguien les diera renovadas fuerzas a sus abatidas posiciones ante los embates de los seguidores de la cuarta transformación. Sin embargo, sólo ocho mil personas firmaron (entre ellos dos senadores del PAN, algunos militantes de ese mismo partido, ultraderechistas de El Yunque y empresarios mexicanos), eso bastó para que un eurodiputado español dijera que el encuentro de los representantes de Vox con los mexicanos había sido “un colosal éxito”.

¿Qué propone la Carta de Madrid? La defensa de la libertad y la democracia de la Iberosfera. ¿Cuáles son sus objetivos? Consideran “que el avance del comunismo supone una seria amenaza para el desarrollo de las naciones, …que los líderes políticos y sociales, firmantes de la carta, trabajen conjuntamente en acciones para que los países de Iberoamérica sean libres, pues una parte de ellos están secuestrados por regímenes totalitarios de inspiración comunista…  el propósito es instaurar un Estado de derecho, el imperio de la ley, la separación de poderes, la libertad de expresión y la propiedad privada. El futuro de los países debe estar basado en el respeto de la defensa de la democracia, los derechos humanos, el pluralismo, la dignidad humana y la justicia (El Financiero. 3/09/21). Ese es su discurso, eso es lo que “venden”, ahora bien, veamos qué es lo que quieren.

Respecto a la libertad y lo derechos individuales, la libertad de expresión y los derechos humano, etc., no creo que alguien pueda oponerse, pero el concepto clave que da sustento a la declaración anterior y constituye la base de su contenido es la palabra comunismo. ¿Qué es el comunismo? ¿Es realmente una amenaza o Vox quiere espantarnos con un bulto vacío? ¿Qué pretende argumentar con este concepto la Carta de Madrid? El vocablo comunismo viene del sustantivo común y el sufijo ismo, adjetivo superlativo; en lenguaje llano significa propiedad común de los bienes. En sentido trivial o relativo es lo que sirve para establecer la justicia, el igualitarismo y acabar con la inequidad entre los seres humanos. Todo lo que se dice en relación a este significado tiene que ver con acontecimientos y resultados históricos. En 1848 Marx y Engels publicaron El manifiesto del Partido Comunista que empieza así: “Un fantasma ronda por Europa: el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han confabulado en santa jauría: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los policías germanos”. En rigor, lo que Vox identifica hoy como “comunismo”, que amplían a términos como “socialismo” y “regímenes de izquierda” que tienen connotaciones políticas diferentes, fue un episodio histórico que se vivió en Rusia el siglo pasado cuando los bolcheviques hicieron pasar por comunismo un capitalismo de Estado en el que la burocracia dirigente se encargaba de gestionar los medios de producción cuya propiedad era estatal, condición que dio lugar al surgimiento de una élite burocrática dirigente: “la nomenclatura”. Ésta totalmente escindida de la sociedad que se encargó de enterrar la fallida intención de construir el comunismo.

Desde entonces, los enemigos de los proyectos políticos no capitalistas identifican comunismo con lo que sucedió en la Unión Soviética durante el estalinismo; un régimen autoritario que sometió al pueblo ruso a una colectivización forzada y redujo drásticamente las libertades y, como los extremos se juntan, tuvo un enorme parecido con el fascismo y el nazismo (tan caros hoy a los “teóricos” de Vox) caracterizados, el primero, como totalitario, antidemocrático y nacionalista y, el segundo, que sumaba a los defectos apuntados, el racismo, la supremacía y la creencia en la superioridad de la raza aria y el pueblo germano.

Entonces, si lo que se califica de comunismo no es comunismo, ahora pregunto ¿Qué es Vox? El vocablo latino vox significa palabra, sonido de la voz, pero también proferir gritos, sonido estridente emitido de manera violenta. Entonces, el elemento lingüístico que define el concepto que se adjudica el partido español y que realmente define su esencia, se pone de manifiesto y se expresa en los “sombrerazos” que vino a dar en México, pero que no reveló de inmediato, sino hasta su partida; no puede explicarse de otra manera tanto arrebato en contra de los gobiernos de izquierda a su llegada y al irse sus portavoces se despidieran con un: “Vox busca operar en México, ofrecerá consultorías de economía, relaciones públicas, seguridad nacional; publicidad, servicios de informática, investigación de negocios, consultoría en estrategias de comunicación, problemas en redes; contratación de personal, estudios de mercados, negocios comerciales, gestión de asesorías; consultorías en el ámbito de seguridad nacional, servicios para protección de bienes y grupos de presión política”.

Esa despedida pone al desnudo lo que quieren, pues no se trata de la defensa de nuestros países, ni se agota agitando la bandera del anticomunismo; para los dirigentes de Vox lo primero es lo primero: negocios, negocios, negocios, a eso vinieron y no a otra cosa, lo demás… simples recursos de seducción.

Afortunadamente, la estratagema por su falta de congruencia, coherencia y, en consecuencia, de credibilidad no engaña a quienes poseen una subjetividad libre y autónoma, sólo puede producir efectos entre los pocos fanáticos dogmatizados que le hicieron coro y que extraviados como siempre toman lo falso por verdadero y llegan, como Blas Pascal, a creer porque es absurdo. Desprovistos como están del “Yelmo del insumiso,” que permite al precavido protegerse la cabeza donde radica el pensamiento libre, son presa fácil de cualquier fuerza o poder despiadado con tal que se presente como el esperado redentor que vencerá a las malignas fuerzas satánicas.

El estado negativo del pensamiento conservador no es el error, que es lo peor que pudiera sucederle a un espíritu que se cree libre, lo grave es aceptar un dogma estúpidamente; la estupidez es una estructura del pensamiento no una forma de equivocarse. Un discurso imbécil, construido por imbéciles, sólo engaña a quienes confunden los fines de los que se pasan de listos con el provecho propio.

Melvin Cantarell Gamboa
Nació en Campeche, Campeche, en 1940. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es excatedrático universitario (Universidad Iberoamericana y Universidad Autónoma de Sinaloa). También es autor de dos textos sobre Ética. Es exdirector de Programas de Radio y TV. Actualmente radica en Mazatlán, Sinaloa.
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