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Carlos A. Pérez Ricart

22/03/2022 - 12:04 am

La reducción de la violencia en la CDMX

“Sí, en la CDMX la violencia está reduciéndose. Ahora el tipo de preguntas que toca hacerse son las siguientes: ¿Por qué?; ¿es esto resultado de la instrumentalización de buenas políticas públicas del Gobierno de la ciudad? ¿está la reducción de la violencia anclada a dinámicas propias de la criminalidad organizada? Las respuestas no son sencillas”.

“No busquemos el hilo negro: los datos de denuncias, victimización y percepción van de la mano”. Foto: Magdalena Montiel, Cuartoscuro

La tasa delictiva en la Ciudad de México se ha reducido.[1] Es un hecho prácticamente irrefutable.

Quienes aún se muestran escépticos parecen debatir menos desde la evidencia y más desde una posición ideológica que desconoce cualquier acierto gubernamental por más obvio que este sea.[2] Es normal. Es parte de la política. Y está bien. Los números, sin embargo, ahí están y no pueden esconderse.

¿Qué dicen los números? De acuerdo con los datos más recientes de la Fiscalía de la CdMx, basados en carpetas de investigación, entre enero 2019 y febrero 2022 los homicidios dolosos se redujeron en un 58 por ciento.[3] Se ha logrado transitar de un panorama en el que se contabilizaban un promedio de 4.3 asesinatos diarios (enero-febrero 2019) a un escenario con un promedio diario de 1.8 homicidios (enero-febrero 2022). Se trata de uno de los números más bajos desde que se tiene registro en la historia de la capital del país.

La reducción no solo abarca homicidios. En general, los delitos considerados como de “alto impacto” se han reducido drásticamente. Si en 2019 se contabilizaban diariamente en promedio unos 189 delitos, para 2022 el promedio apenas supera los 80. Esto significa una reducción porcentual de 57 por ciento. Es sorprendente la disminución del robo con vehículo con (y sin) violencia y de una docena de delitos más, incluyendo robos en Metrobús, metro, taxi y microbús.

¿Hay motivos para ser escépticos con los datos expuestos? Pocos. Quizás tres.

Respecto al tema de homicidios, algún especialista dirá que aún no contamos con los datos definitivos de mortalidad compilados por Inegi. Será cierto. Sin embargo, al menos en lo que refiere a la CdMx, el número de homicidios reportados año con año por el Inegi no suele ser muy distinto al de víctimas que reporta el SESNSP.[4] Es improbable que, en unos meses, cuando se publiquen los datos de Inegi, estos vayan en una dirección distinta a los compilados por las autoridades judiciales. Insistir es obtuso.

Está —en segundo lugar— el asunto de la pandemia. Se ha sugerido que el declive de la violencia está asociado directamente a las jornadas de sana distancia y a la reducción del número de personas en la calle.[5] Los datos del último año, sin embargo, confirman que la pandemia apenas fue factor. El periodo de mayor restricción de movilidad —me refiero a los meses de marzo, abril, mayo y junio 2020— no presentan las caídas más bajas en incidencia delictiva. Aunque parezca contraintuitivo, la reducción de la tasa delictiva comenzó durante el segundo semestre de 2020, justo cuando comenzó a reactivarse la actividad económica en la capital del país. Desde entonces la tendencia es clara: en la CdMx se cometen menos delitos de alto impacto, homicidios incluidos. El Semáforo Verde ha traído menos, no más violencia en la ciudad.

Hay una tercera crítica, acaso más profunda. El argumento es el siguiente: las carpetas de investigación no son una buena forma de medir reducción o aumento de criminalidad; la cifra negra de denuncias es tan alta que no tiene caso utilizar las carpetas de investigación como baremo.[6] Aceptemos con pinzas el argumento y hagámoslo incluso más profundo: los problemas metodológicos para evaluar tendencias y medir delitos son enormes no solo en la CdMx sino en cualquier contexto. Es una dificultad general.

SI las carpetas de investigación no son la mejor métrica. ¿Cuál sí? ¿Cómo podemos robustecer el análisis? Con una cuidosa lectura de las encuestas de percepción del crimen, otra gran fuente de análisis para estas cuestiones. ¿Y qué sugiere ENVIPE, la encuesta de victimización del Inegi? Muy sencillo: confirma la tendencia descrita. Su última edición muestra una importante reducción entre el porcentaje de población que en junio 2018 consideraba que vivir en la Ciudad de México era inseguro con la que pensaba lo mismo tres años después (91.7 por ciento contra 68 por ciento). Los datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) van en la misma ruta.[7] No busquemos el hilo negro: los datos de denuncias, victimización y percepción van de la mano. Ser escéptico está bien; ser necio es otra cosa.

Sí, en la CDMX la violencia está reduciéndose. Ahora el tipo de preguntas que toca hacerse son las siguientes: ¿Por qué?; ¿es esto resultado de la instrumentalización de buenas políticas públicas del Gobierno de la ciudad? ¿está la reducción de la violencia anclada a dinámicas propias de la criminalidad organizada? Las respuestas no son sencillas. En esta columna seguiré buscándolas.

La próxima semana, en esta misma columna, presentaré una primera hipótesis: las labores de inteligencia por las que ha apostado el gobierno de la CdMx han resultado exitosas para la reducción del crimen. Escribiré sobre cómo de modo silencioso pero firme, desde la Jefatura de Gobierno, se ha invertido en el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la CdMx (C5), un proyecto que en los últimos tres años ha renovado el sistema de videovigilancia por cámaras multisensorial en la ciudad.

Hace poco acudí a sus instalaciones, conversé con su coordinador y entendí la importancia del centro para la seguridad pública de la CdMx. La próxima semana les cuento lo que aprendí.


[1] Sobre este tema ya escribí una columna en este mismo espacio en octubre del año pasado. Véase: Carlos A. Pérez Ricart, Seguridad Pública en CDMX: buenos resultados, Sin embargo.mx, 19 de octubre de 2022. Véase: https://www.sinembargo.mx/19-10-2021/4042986

[2] Para un ejemplo, véase: Alejandro Hope, ¿Una ciudad menos violenta?, El Universal, 16 de marzo de 2022. Véase: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/alejandro-hope/una-ciudad-menos-violenta

[3] Accesibles en: https://www.fgjcdmx.gob.mx/procuraduria/estadisticas-delictivas y https://www.gob.mx/sesnsp/acciones-y-programas/datos-abiertos-de-incidencia-delictiva

[4] Véase: Alejandro Hope, ¿Una ciudad menos violenta?, El Universal, 16 de marzo de 2022. Véase: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/alejandro-hope/una-ciudad-menos-violenta

[5] Para esta hipótesis, véase: Patricio R. Estévez-Soto, “Crime and COVID-19: Effect of Changes in Routine Activities in Mexico City”, Crime Science 10, núm. 15 (2021).

[6] Una crítica general y sofisticada puede leerse en Rafael Prieto Curiel y Humberto González Ramírez, Midiendo con la regla equivocada, Animal Político, 11 de octubre de 2017. Véase: https://www.animalpolitico.com/blog-invitado/midiendo-la-regla-equivocada/

[7] Sobre ENSU y su último muestro escribí lo siguiente: Carlos A. Pérez Ricart, ¿Hay mejoras en la seguridad pública en México?, Sin embargo.mx. Véase: https://www.sinembargo.mx/26-10-2021/4046460

Carlos A. Pérez Ricart
Carlos A. Pérez Ricart es Profesor Investigador del CIDE. Es uno de los integrantes de la Comisión para el Acceso a la Verdad y el Esclarecimiento Histórico (COVeH), 1965-1990. Tiene un doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad Libre de Berlín y una licenciatura en Relaciones Internacionales por El Colegio de México. Entre 2017 y 2020 fue docente e investigador posdoctoral en la Universidad de Oxford, Reino Unido.
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