Los kurdos son un pueblo milenario, productor de grandes civilizaciones y conocimientos para la humanidad. Foto: Virginia Benedetto.

El pueblo kurdo está llevando a cabo una de las revoluciones sociales y políticas más trascendentes de la modernidad capitalista, poniendo en el centro la lucha de las mujeres contra el patriarcado, la democracia comunal de base y el respeto por la tierra y la naturaleza, y todo ello haciendo a un lado a los estados-nación, y cuestionando las estrategias revolucionarias convencionales. Su éxito es insospechado: han creado zonas de libertad en una de las regiones más conflictivas del mundo, el Medio Oriente.

Lamentablemente la práctica y el pensamiento de la revolución kurda es poco conocido en América Latina. Gracias a la Cátedra Jorge Alonso (patrocinada por la Universidad de Guadalajara y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social) en México se ha podido escuchar de viva voz la experiencia de los kurdos. El año pasado en voz de Erol Polat del Congreso Nacional del Kurdistán y en esta semana en voz de Melike Yasar, representante para América Latina del Movimiento de Mujeres del Kurdistán.

Los kurdos son un pueblo milenario, productor de grandes civilizaciones y conocimientos para la humanidad. Es por ahora el pueblo más numeroso (unos 40 millones de personas) sin Estado y repartido por las potencias Occidentales entre Turquía, Irán, Irak y Siria. En Turquía e Irán el control es más represivo y autoritario. En Irak, avanzaron en formas de autogobierno tras la invasión de Estados Unidos a ese país.

Pero es en el Kurdistán sirio donde se han presentado los avances más revolucionarios. Desde 2011, en el contexto de la Primavera Árabe, los kurdos se hicieron con el control de Rojava, la región norte de Siria mediante una forma de organización que llaman Confederalismo Democrático, por la que se establecen comunas por pueblo, barrio o región, así como asambleas en las que participa toda la población.

Uno de los aspectos más destacados de este proceso es la Revolución de las Mujeres, que implica poner en el centro de la revolución la lucha contra el patriarcado, y la participación paritaria de las mujeres en todas las comunas y asambleas donde se toman las decisiones, lo que incluye la formación de su propio ejército. La experiencia de las mujeres kurdas se ha convertido actualmente en una de las luchas contra el patriarcado más importantes del mundo. Jinêologi o la ciencia de las mujeres es el compendio del pensamiento femenino de las kurdas.

La experiencia política de los kurdos es importante porque está cuestionando y poniendo de cabeza varias nociones políticas que se daban por sentadas, entre ellas la necesidad de todas las sociedades de organizarse a través de un Estado-nación, así como la existencia de los partidos como medios indispensables para la participación política. La revolución kurda pone en cuestión otras ideas claves de la modernidad capitalista, como el progreso basado en el industrialismo y en las grandes corporaciones capitalistas y la explotación privada de los recursos.

El mundo asiste claramente a la crisis y desmoronamiento del sistema político del capitalismo de Estados-nacionales y democracias representativas. Ante esta crisis, los mandos de la política y el capital buscan salidas fascistas; los liberales y la izquierda electoral siguen insistiendo en la misma estrategia fallida: reformas al Estado liberal. El cambio político de fondo, radical, lo están construyendo los pueblos con experiencias de organización desde la resistencia y desde abajo.

Junto a la rebelión y el proceso de autonomía de las comunidades zapatistas de Chiapas, la experiencia del Confederalismo Democrático de las organizaciones kurdas puede considerarse como una de las experiencias revolucionarias más heterodoxas y relevantes de la historia reciente.

Ambas experiencias revolucionarias coinciden en algunos puntos: renuncian a crear un Estado-nación, a ser una guerrilla clásica, a esperar a un triunfo de su movimiento para poner en práctica sus ideales y a las estrategias ortodoxas de los movimientos marxistas-leninistas y guevaristas imperantes en el siglo XX. Kurdos y zapatistas coinciden también en poner en práctica sus proyectos de autonomía antes que seguir confrontándose con los estados-nación que los oprimen y dominan.

Además de su propuesta del Confederalismo Democrático, en el movimiento kurdo hay otra idea política sobre la emancipación y el cambio social que merece ser resaltada. Su lucha no es por alcanzar el poder, sino para crear zonas de libertad donde cada sujeto puede vivir sin opresiones.

Según Riza Altun, comandante del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en Medio Oriente no sólo se juega una lucha por el petróleo, sino el destino del sistema capitalista: “O bien el capitalismo se rearmará en el Medio Oriente y prolongará su vida por otros cien o más años, o el caos en el Medio Oriente abrirá un agujero dentro del sistema de modernidad capitalista como la región donde ha emergido la libertad”.

La revolución kurda abrió una insospechada zona de libertad en un pedazo del Medio Oriente. Así lo explicó Riza Altun: “Bajo estas circunstancias, ahora hay un área de libertad en un pequeño pedazo de tierra llamado Rojava, donde se ha formado un área comunal democrática. Estamos hablando de un área de libertad por primera vez. Con todo el apoyo material y moral de la sociedad, esta fuerza continúa su lucha. Mientras tanto, quiere establecerse resistiendo en medios ideológicos, políticos y económicos contra todo el poder del sistema capitalista mundial. Tenemos que pensar qué significa esta área de libertad para quienes defienden la libertad. Existe un enfoque imperialista y capitalista que quiere destruir esta área por completo. Por otro lado, hay una lucha para expandir esta área”.

De eso se trata la revolución en Rojava, de expandir las zonas de libertad por todo el mundo.

[Para saber más de la revolución kurda: https://bit.ly/2HX4FzV, y https://bit.ly/2kpS0N6].