Existen libros que debieron escribirse hace tiempo, pero por diversas razones y motivos, esperaron décadas o siglos para ver la luz. El libro Juan Nepomuceno Herrera. Los lindes del retrato, editado por Artes de México, es uno de ellos. Este libro no debe faltar en los acervos de aquellos que, como Agustín de Hipona, consideran que “la belleza entra por los ojos”.

Por Enrique Avilés Rodríguez

Ciudad de México, 23 de junio (SinEmbargo).- Su título, por demás sugerente, alude a un pintor leonés poco conocido y estudiado que alcanzó un grado de excelencia en la elaboración de pinturas al óleo de personajes eclesiásticos y ciudadanos del más alto nivel político y económico de El Bajío. Su labor artística se desarrolló durante el segundo y tercer tercio del siglo XIX, entre 1838, año de su primer cuadro conocido, el retrato de cuerpo entero del obispo de Michoacán don Juan Cayetano Gómez de Portugal y Solís, y 1878, año de su deceso. Era urgente para historiadores y amantes del arte de este periodo que se contara con un libro sobre uno de los mejores retratistas del siglo.

Decimos retratista porque, hasta donde sabemos, nunca pintó bodegones, paisajes o exvotos. Pero además, también fue un excelente estatuario -aunque lamentablemente sólo conocemos referencias a algunas de sus esculturas- y un estupendo miniaturista, delicada labor de la que se conservan algunos ejemplos en el Museo Nacional de Historia Castillo de Chapultepec.

Juan Nepomuceno Herrera, Retrato de doña Concepción Otero y Mendizabal, s/f. Museo de la Ciudad de León. Fotografía: ©D.R. Diego Torres / Artes de México.

Así, el libro cumple en este 2018 tres funciones. La primera es conmemorar los 140 años de la muerte de don Juan Nepomuceno Herrera quien, dice su acta de defunción, fue enterrado de caridad en el camposanto de San Nicolás de la ciudad de León, Guanajuato; la segunda función es celebrar el bicentenario del nacimiento del portentoso artista leonés y, finalmente, ser la base documental de la exposición más numerosa, prolija e importante de la obra del pintor de la Perla del Bajío, instalada en el Mi Museo Universitario de la Universidad de La Salle Bajío, de la ciudad de León, Guanajuato.

La obra Juan Nepomuceno Herrera. Los lindes del retrato estuvo a cargo de la amorosa labor editorial de Margarita de Orellana y un excelente equipo de editoras (Laura de la Torre, Alejandra Guerrero, Verónica Gómez, Miztli Meléndez, Melinna Guerrero), la asesoría editorial de Mauricio Vázquez González, la asistencia editorial de Jaqueline Jorge Romero, la estupenda labor fotográfica de Diego Torres y el sobresaliente diseño y formación de Marco Antonio Avila Vargas.

El libro está constituido por una generosa pinacoteca de la obra de Herrera que incluye pinturas que no se habían visto durante décadas, como el retrato del obispo de Michoacán Juan Cayetano de Portugal. Estas obras, por años, las han albergado el Museo de Arte Sacro de León, el Museo de la Ciudad de León y, por supuesto, el Mi Museo Universitario de la Universidad de La Salle Bajío. Los dibujos que también se reprodujeron en esta bella edición forman parte del acervo del Archivo Histórico Documental del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

Juan Nepomuceno Herrera, Retrato de un estudiante, 1857. Museo de la Ciudad de León. Fotografía: ©D.R.Diego Torres / Artes de México.

Los textos incluidos en esta edición merecen una mención aparte; se trata de cuatro trabajos y la reedición de la monografía sobre Herrera publicada en 1971 por Artes de México a cargo del erudito historiador, curador y coleccionista de arte Gonzalo Obregón y Pérez Siliceo de esta manera, el libro abre con un esclarecedor ensayo hecho por el reconocido historiador del arte mexicano Jaime Cuadriello: Escenarios: pintura regional en el siglo XIX.

En este trabajo, el historiador hace referencia a la jerarquía de un taller artesanal a principios y mediados del siglo XIX, encabezado por un maestro, varios oficiales y aprendices, orden que también aplicaba para los talleres de pintura, como el que estableció don Juan Nepomuceno Herrera y del que sobresalieron pintores como José Refugio del Castillo, Francisco Zerrato y Hermenegildo Bustos.

A continuación, encontramos un trabajo fundamental, que Gonzalo Obregón y Pérez Siliceo publicó en el número 138 de la revista Artes de México, de cuyo consejo editorial fue miembro. El texto, en esta primera edición, fue nombrado Un pintor desconocido. Juan N. Herrera. León, Gto. 1818-1878 y ahora en este nuevo libro se edita con el título Un pintor redescubierto, texto de obligada lectura para los interesados en la vida y obra del artista leonés.

Juan Nepomuceno Herera, Nuestra señora de los dolores, s/f. Archivo Histórico Documental del Instituto de Investigaciones Estéticas. Universidad Nacional Autónoma de México, Caja Juan Nepomuceno Herrera. Fotografía: D.R. Archivo Fotográfico Manuel Toussaint-IIE-UNAM.

Otro autor imprescindible es el doctor don Mariano González Leal, propietario de algunos retratos hechos por Herrera. Su trabajo lleva por título Herrera y su entorno vital. En él nos detalla la ciudad de León durante el siglo XIX, la presencia de algunos pintores menores como Mariano Borja Zúñiga y Manuel Sotomayor, quien pudo enseñarle algunos de los rudimentos del arte pictórico al adolescente Juan Nepomuceno. González Leal destaca, además, la importancia del apoyo que el sacerdote y educador don José Ignacio Aguado brindó para la formación del retratista. Por otra parte, es importante la mención de una copia que realizó Herrera de una miniatura en 32avo., de don Miguel Hidalgo y Costilla, pintada por Francisco Ynchaurregui el 8 de octubre de 1810 y copiada en tamaño estándar, en 1840, por el artista leones. Ésta copia es el retrato más fiel del cura Hidalgo que está lejos de las imágenes posteriores que hoy abundan en los libros de texto. También es éste el único cuadro conocido de Herrera en el que plasma a un héroe nacional.

En las páginas siguientes aparece un trabajo mío titulado Itinerarios formativos del pintor, que contribuye al esclarecimiento del proceso de educación artística de Nepomuceno. Todo parece indicar que su formación tuvo lugar en las ciudades de León y Guanajuato, y así lo advierto documentalmente en este texto donde además destaco su faceta como escultor y esbozo un análisis de 42 dibujos que se encuentran bajo el resguardo del IIE de la UNAM. Dejo a la consideración de los posibles lectores la valoración de este trabajo.

El libro finaliza con la investigación realizada por Alejandra Sánchez Gutiérrez, El gesto y el trazo de una sociedad leonesa. En este texto, la historiadora relata la vida cotidiana en la ciudad de León durante el siglo XIX, su pujante desarrollo económico y la dinámica interna de sus talleres artísticos para satisfacer la demanda de esculturas e imágenes religiosas, retratos de los notables de la localidad y del entorno regional. Este aspecto, señala la historiadora, permitió acrecentar la calidad y precisión en el dibujo de las proporciones anatómicas de los retratados, las composiciones, los detalles ornamentales y, en general, en la técnica del oficio de pintor. Más adelante Sánchez Gutiérrez se ocupa del análisis de diez retratos de los canónicos miembros del Cabildo Catedralicio de León que fueron hechos entre 1865 y 1872. Precisa que ocho de los óleos son del pincel de Juan Nepomuceno, aunque sólo cinco tienen su firma y tres restantes le han sido atribuidos; un retrato hecho por su alumno Francisco Zerrato y otro de un autor anónimo que tiene un estilo y paleta de colores diferentes. Concluye el ensayo aludiendo a las características peculiares de los retratos de Herrera y su inquebrantable voluntad de mantenerse al margen de las tendencias y características formales de su época, actitud que fue fundamental para alcanzar un estilo original y sobresaliente.