Ciudad de México, 23 de julio (SinEmbargo) .- La Presidencia de Enrique Peña Nieto tiene el nivel de aprobación “más bajo que el de cualquier otro Presidente mexicano en tiempos recientes, principalmente por el número y magnitud de sus reformas estructurales, que, aunque a nivel internacional le han traído un cierto nivel de aprobación, a nivel local han dejado muchas dudas.

Así lo publicó en un artículo el diario estadounidense The New York Times (NYT), en el que compara que la aprobación inicial de 54 por ciento obtenido por Peña Nieto ha bajado hasta 37 por ciento. “Muchos de sus partidarios originales ahora expresan dudas sobre el Presidente que eligieron”, publica.

“Al principio, parecía que había mucho cambio. ’Vea nada más estas leyes nuevas’. Pero después a lo que llevó eso nos hizo abrir los ojos. La realidad es que para la clase media y los de abajo, la vida es peor”, dijo al diario estadounidense Martín Moreno, un hombre de 60 años que trabaja en la plaza central de Guadalajara, Jalisco, boleando zapatos.

El diario neoyorkino recuerda que la Reforma Energética, quizá el proyecto legislativo de más largo alcance de entre todos los propuestos por la actual administración, no ha sido completada y a pesar de ser cuestionada por distintos grupos de oposición y de la sociedad civil, mantiene que sus efectos beneficiarán a todo México.

El Secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, es citado por el artículo diciendo que “el proceso de reforma no está diseñado para tener un impacto inmediato. Lo que estamos intentando hacer con estas reformas de proporciones históricas es cambiar la estructura que por años ha alentado el crecimiento del país”.

“Y sin embargo, aquí en el estado de Jalisco”, publica el rotativo, “afamado por su papel central en la cultura mexicana –es la cuna del tequila y los mariachis y un barómetro de la política nacional– el hueco entre el mensaje del gobierno y la opinión pública sobre su desempeño se ha convertido en un abismo. La pregunta es: ¿Ello refleja una falla del gobierno al cumplir sus promesas, o es un signo de la madurez de la joven democracia mexicana?”.

Expertos, aseguran que en México ya se pueden observar votantes más exigentes y con destreza. Se trata de mexicanos mucho menos dispuestos a aceptar el lustre de una falsa transparencia, o de confiar en las palabras del Presidente antes de ver resultados reales.

La autora de Como agua para chocolate, la mexicana Laura Esquivel dice que “la gente lleva un profundo enojo que no está solamente basado en emociones erráticas. La gente se está lentamente despertando de un cuento de hadas”.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que dominó la política mexicana por décadas y ostentó la presidencia por casi 70 años ininterrumpidos, se enfrentaba al reto de rehacer su imagen a ojos de los mexicanos con el triunfo de Peña Nieto. El diario estadounidense expresa que ese reto ha probado ser más difícil de lo que el partido habría anticipado.

“[Peña Nieto] puede haber tenido éxito en venderse como un rostro agradable en la televisión que rompió con los días en los que el PRI dirigió a México en una falsa democracia de siete décadas. Pero pasados ya dos años de seis en su periodo, la ‚luz y esperanza‘ que prometió al despegue de su campaña siguen sin haberse vuelto una realidad para gran parte del país”, publica el New York Times.

“ME SIENTO ENGAÑADA”

Ante la continuación de viejos modelos de gobierno, que hacen énfasis en el control de la información y ofrecen poca transparencia, son en particular los jóvenes mexicanos los que se dicen desilusionados, agrega el periódico.

Cita el caso de un joven funcionario de 32 años que trabaja para el PRI en Guadalajara, quien dijo que se frustraba a menudo con la gestión del país. Bajo anonimato expresó que el gobierno federal de Peña Nieto se aferraba a viejos valores del PRI, conduciéndose por nepotismo y haciendo la vista gorda ante la corrupción.

Consideró que el gobierno federal no tenía ni idea de las expectativas de jóvenes mexicanos: comunicación directa y decisiones tomadas con información, no con tratos hechos a escondidas.

Hay consecuencias directas de esa gestión, la economía mexicana se revela decepcionante. La publicación norteamericana indica que:

“A pesar de que México atrae inversión extranjera a un nivel sin precedentes, especialmente en el sector automotriz, el crecimiento general ha sido más o menos igual de fuerte que un niño de dos años pateando un balón de futbol desinflado”.

El gobierno había pronosticado un crecimiento de 3.9 por ciento para el 2014. En el primer trimestre el crecimiento fue claramente inferior, de 1.1 por ciento.

“Estos son cambios diseñados para transformar el futuro de México”. El diario estadounidense recuerda las palabras del Secretario de Hacienda, quien declaró que entre los próximos dos y cincos años se verían beneficios tangibles de las reformas en la economía mexicana.

En tanto esos beneficios tangibles se manifiestan la pobreza en México ha crecido, indica el New York Times, refiriéndose a un reciente informe del gobierno mexicano que encontró la nueva pobreza radicaba en grupos incapaces de trabajar en el sector de exportaciones.

Teresa Mozqueda, una mujer de 33 viviendo a las afueras de Guadalajara en un barrio pobre, dijo al periódico neoyorkino que se arrepentía de haber apostado por Peña Nieto como Presidente. Describió su situación en el nuevo sexenio como peor, o en el mejor de los casos igual, pero nunca mejor.

“Me siento engañada”, dijo.

El diario norteamericano vuelve a referirse a Martin Moreno, el boleador de zapatos que había entrevistado, quien piensa que las reformas podrían empeorar lo que intentan enmendar:

“Alto, bigotudo y un lector diario de cinco periódicos, dijo que le teme a la nueva ley fiscal que buscará gravar impuestos sobre una base más grande porque podría forzarlo a abrir una cuenta de banco para pagar impuestos‚ incluso si no gano nada‘”

No sería ese el caso según opiniones expertas, señala el diario estadounidense. Se pondrían en marcha programas para incentivar el registro formal de los trabajadores en el sistema de cobro de impuestos sin recurrir a imposiciones, ello con la intención de formalizar la economía mexicana.

“Pero lo que cada vez es más claro en México es que las reformas –por más nuevas que sean– serán recibidas con respeto o con desdén según cómo sean aplicadas y ejecutadas”, agrega.

Existen, por ejemplo, muchas críticas por parte de padres de familia y expertos en educación a la Reforma Educativa. El periódico de Nueva York llama la atención sobre el hecho de que el gobierno ha permitido que estados de la República se niegen a acatarla.

También existen dudas sobre Pemex, que se abrirá a la inversión privada. Salen a relucir recuerdos sobre la privatización de autopistas, que “supuestamente iban a ser accesibles y de calidad mundial pero que, ahora muchos dicen, son caras y a menudo de peor calidad”.

Sobre la Reforma de Telecomunicaciones la publicación neoyorquina dice que también existen dudas entre conocedores de tecnología en Guadalajara:

En lugar de impulsar la competencia y reducir los precios como pretende, la reforma podría degenerar en un instrumento del gobierno para retirar la privacidad, “permitiendo a los oficiales un mayor poder para monitorear las comunicaciones y clausurar sitios web o limitar el acceso a internet bajo ciertas circunstancias”.

Adrián Campos, un especialista en comunicación de 34 años, ejemplifica un pesimismo político que el New York Times considera muy arraigado en México:

“Las nuevas reformas son necesarias, sí, pero lo que nos preocupa es: quién está a cargo. Lo que todos están buscando siempre es su beneficio propio”.

Sólo probándose altamente competente podría Peña Nieto acabar con ese escepticismo, añade el diario. Logrando cambios drásticos en el gobierno con mejoras visibles en el sistema judicial, en la economía y en materia de transparencia.

Un analista político del Colegio de México, Sergio Aguayo, aparece citado por el periódico neoyorkino:

“[Peña Nieto] no ha decido todavía si quiere ser un verdadero reformador, uno que realmente modernice al país. Todavía tiene un pie puesto en pasado, en el autoritarismo opaco, en la tolerancia a la corrupción y el otro puesto en el futuro”.

La publicación también evoca las palabras Miguel Herrera, el técnico de la Selección Nacional de Futbol de México:

“Necesitamos aprender a ser más optimistas y exigentes”

Herrera también expresó que el país podría aprender algo de su equipo, que fue más exitoso en el Mundial de lo que pronosticaba el pesimismo mexicano :

“Nos dieron por muertos, así que trabajamos duro para convencerlos de lo contrario y para probarles que nos estábamos matando en la cancha para alcanzar el objetivo y los resultados que todos queríamos. Creo que nosotros los mexicanos deberíamos estar haciendo lo mismo en cada aspecto de nuestra vida diaria.”