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Diego Petersen Farah

23/09/2022 - 12:02 am

Los otros datos o AMLO en el palacio de los sueños

En la microeconomía, la que sucede en los hogares, a nadie le importa el Índice Nacional de Precios al Consumidor que mide el INEGI, sino el precio de la tortilla, el huevo, el jitomate, la cebolla y el chile (el aguacate es cosa de otros tiempos).

El kilo de cebolla oscila de 32 a 20 pesos en puestos del Mercado de la Merced.
“En la microeconomía, la que sucede en los hogares, a nadie le importa el Índice Nacional de Precios al Consumidor que mide el Inegi, sino el precio de la tortilla, el huevo, el jitomate, la cebolla y el chile (el aguacate es cosa de otros tiempos)”. Foto: Graciela López Herrera, Cuartoscuro

En los jardines de la memoria, en el palacio de los sueños, 

allí es donde tú y yo nos volveremos a ver. 

El Sombrerero, en Alicia a través del espejo.

En Palacio hay otros datos: el Presidente ha encontrado una nueva forma de medir la economía. Qué importa el crecimiento económico, la tasa de interés o los flujos de capital. Ya ni siquiera es el bienestar, que nunca encontró bien a bien cómo medirlo, lo que importa. Ahora, según confesó el miércoles pasado, el dato que le permite medir la economía es cuántas reses matan a la semana en cada pueblo.

En algo tienen razón el Presidente. En la microeconomía, la que sucede en los hogares, a nadie le importa el Índice Nacional de Precios al Consumidor que mide el Inegi, sino el precio de la tortilla, el huevo, el jitomate, la cebolla y el chile (el aguacate es cosa de otros tiempos). Decía mi maestro, de nombre impronunciable, que lo que importa en la vida terrenal es el número de fideos en el estómago, lo demás es agregar datos para entender el funcionamiento de la economía.

Por supuesto que López Obrador no sabe cuántas reses matan en cada pueblo. No hay manera de medirlo, ni siquiera siendo como presume que es, el hombre más informado de México. Mucho menos se puede construir un indicador diciendo que en “algunos” pueblos, “muchas veces” ya matan “más de” una res por semana. 

El índice de cabezas de res que matan en cada ranchería, y que el pueblo le dice al oído al Presidente en sus giras, es el sumun, la expresión máxima, de los otros datos, por no decir que es una mentira flagrante. Si vamos al Inegi los indicadores son un poco distintos. El número de cabezas de ganado en el país cayó diez por ciento entre junio de 2021 y el mismo mes de 2022, y no porque se las estén comiendo aceleradamente ni porque haya más dinero en las casas, como sugiere el Presidente, sino porque la producción de la carne de res cayó 12 por ciento en un año. Las remesas y los programas sociales, es cierto, están en niveles históricos, pero eso no suplen la caída de los ingresos en los hogares por la pandemia, ni cubre las nuevas necesidades de gasto, fundamentalmente en salud. Los datos de consumo al por menor -lo que se compra en tendajones, tianguis, o minisúpers- publicado por Banxico, muestran que aún no hemos recuperado los niveles prepandemia. 

Pero qué importa: del otro lado del espejo, en el palacio de los sueños y los jardines de la memoria del sombrerero siempre habrá otros datos. Decía Alicia que a veces había imaginado y creído hasta seis cosas imposibles antes del desayuno. En las “mañaneras”, antes de los tamales de chipilín, suelen ser un poco más.

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