Si la migración legal temporal de trabajadores mexicanos que se van a Estados Unidos está plagada de actos que desembocan en un maltrato permanente hacia las personas, las mujeres que se emplean de esta manera son aún más susceptibles a la violación de sus derechos.

Empleadores en Estados Unidos ofrecen trabajos específicos porque se trata de labores que suponen “son para mujeres”. A ellas no les pagan por hora, sino por destajo. Un hombre puede aspirar a subir de cargo, ellas no. Y como marco de esas prácticas, están el acoso y abuso sexual de parte de sus empleadores o sus compañeros de trabajo.

En la mayoría de los casos, los maltratos gozan de impunidad. Las trabajadoras, por conservar el trabajo, por pagar deudas, por ganar en dólares y por estar atadas al empleador, optan por el silencio. Trabajar y aguantar.

SEGUNDA PARTE DE UNA SERIE

Ciudad de México, 24 de julio (SinEmbargo).- En el programa de visas temporales de trabajo que expide el Gobierno de Estados Unidos hay empleos que están dirigidos específicamente a mujeres en los que se tienen documentados abusos y violaciones a sus derechos, tanto en el proceso de contratación y reclutamiento aquí en México, como en los lugares de trabajo en Estados Unidos.

De acuerdo con el Centro de los Derechos del Migrante (CDM) estos patrones se observan en casi todos los tipos de visa –H2B, H2A, H1B, TN, J1 y otras–. Independientemente del tipo y del lugar al que las mujeres llegan a trabajar, se observan las mismas violaciones.

En entrevista con SinEmbargo, Julia Coburn, Coordinadora del Proyecto de Mujeres Migrantes (Promumi) de CDM, explicó que la causa de esas violaciones y la raíz de los abusos, es la discriminación hacia las mujeres en Estados Unidos y México.

“Ellas no tienen las mismas oportunidades y enfrentan retos para tener las mismas oportunidades laborales que tienen los hombres. Con las visas de trabajo, no reciben las mismas ofertas de trabajo. Ellas son canalizadas a cierta clase de visa y ciertos tipos de trabajo que son considerados para mujeres, como las labores domésticas”, señaló.

Las mujeres migrantes son sometidas a estigmas y abusos aunque tengan documentos que les permiten trabajar de manera regularizada en EU. Foto: SinEmbargo

Por ejemplo, la visa J1 es prácticamente exclusiva para mujeres para emplearlas como niñeras. Esa visa les permite trabajar en casas particulares durante uno o dos años, cuidando niños y aprendiendo de la cultura de Estados Unidos, según lo estipula la visa.

En promedio se les paga 4 dólares la hora, cantidad que está muy por debajo del salario mínimo.

Hay agencias que se encargan de manejar esa visa y argumentan que lo que hacen las mujeres no es trabajo, sino que van a una experiencia de “intercambio cultural”.

“Así es como esa sociedad valora la condición histórica social de la mujer en el hogar. Vemos cómo eso se traduce en un pago menor, por debajo de los mínimos establecidos por la ley, como un pago simbólico”, agregó Coburn.

En otros trabajos las mujeres son canalizadas a trabajos que son considerados para personas con “manos delicadas”. La visa H2B es para personas que trabajan en industrias, y no requiere personal con estudios o una experiencia profesional, es decir, cualquier persona puede acceder a ella, pero aun así, a las mujeres se les coloca en industrias y fábricas, en puestos de muy baja responsabilidad y tienen muy bajos salarios comparados con sus compañeros masculinos en el mismo lugar de trabajo.

EL RETO PARA UNA TRABAJADORA

Uno de los puntos donde más se recurre a trabajadoras temporales es Merry Land, para el procesamiento de mariscos. Las mujeres le han reportado a CDM que en esas fábricas, por tener las manos delicadas, están a cargo de quitar la carne de la jaiba. Ahí reciben un pago por libra, no por hora. Los hombres sí reciben, en la misma industria, pago por hora. Ellos cargan jaiba o la cocinan y tienen la oportunidad de ser mayordomos o supervisores en los lugares de trabajo.

También han reportado que hacen trabajo no remunerado. Por ejemplo, los trabajadores con visa H2B que trabajan en el procesamiento de mariscos, habitan en un hogar provisto por la empresa porque están en zonas muy rurales. Los hombres tienen la oportunidad de trabajar más horas y no tienen suficiente tiempo para limpiar la vivienda, entonces lo terminan haciendo las mujeres sin ningún pago de por medio.

Cuando las mujeres trabajan en el hogar o son niñeras, son totalmente dependientes de los empleadores para comer, para transportarse, para la comunicación, para todo contacto con el mundo externo, lo que limita sus posibilidades para buscar o conseguir ayuda en el caso de sufrir una violación de sus derechos o para resolver alguna duda sobre lo que está viviendo.

Lo mismo sucede en con las trabajadoras H2B, que son colocadas en fábricas ubicadas en zonas rurales y que dependen de sus empresas para todo: transporte, vivienda, comida, acceso a información y comunicación, lo que las expone a situaciones de vulnerabilidad.

 

Julia Coburn, Coordinadora del Proyecto de Mujeres Migrantes, alerta sobre los delitos y abusos de los que son víctimas las mujeres migrantes. Foto: Crisanto Rodríguez, SinbEmbargo

Luego están los casos de abuso sexual en los lugares de trabajo, de parte de los mismos compañeros o de supervisores. Y por cuidar el empleo y el estatus migratorio, muchos de estos abusos no se denuncian.

“Las mujeres que tienen visas de trabajo dependen de su empleo para estar legalmente en EU. Dependen sobre todo de la empresa; son atadas a sus empresas, porque no tienen permiso para trabajar con nadie más, sólo con la empresa que está indicada en su visa. Si la empresa llega a despedirlas o no requiere más de sus labores, deben regresar su país de origen. Las mujeres son más propensas a sufrir represalias y muchas no llegan a hacer una denuncia o a buscar ayuda por el hecho de no querer perder ese trabajo y perder la oportunidad […] Por la misma dinámica de discriminación, esta puede ser la única oportunidad laboral que han tenido en su vida y que va a tener”, explicó Coburn.

Si un hombre pierde su trabajo, no le resultará tan difícil conseguir otro empleo porque tiene más oportunidades en diversas industrias, pero las mujeres son canalizadas a tareas específicas.

LOS ABUSOS NO SON SOLO EN EU

Con base en los registros de Promumi, en México también se registran abusos contra mujeres de parte de los contratistas y los reclutadores, que son las puertas a las oportunidades en Estados Unidos.

Si un reclutador decide no anotar a alguien en una lista, puede acabar con las oportunidades de una mujer, “escuchamos las historias de mujeres que tienen miedo de las represalias por parte de los reclutadores porque es el primer paso llegar a EU. Deben encontrar un reclutador que quiera anotarla en una lista. ¿Qué opción tienes si llega un reclutador ofreciendo visas, una oportunidad que jamás vas a volver a tener en la vida y pide mil dólares? Las mujeres se ven obligadas a pagar esas cuotas que también las pone en una situación vulnerable porque llegan con deuda que tienen que pagar a fuerza, a pesar de encontrarse en una situación abusiva”, sostuvo Coburn.

Esas empresas reclutadores contratan mujeres mexicanas de entre 18 y 36 años de cualquier estado de la República.

Hay algunas comunidades con cierta tradición de trabajo temporal, como el ejido Palomas en San Luis Potosí, que manda mucha gente, mujeres sobre todo a Merry Land, para trabajar en la industria de mariscos. También de Hidalgo, Nayarit y Tabasco van mujeres que van a fábricas en Luisiana, Carolina del Norte y en Misisipi.

Son migrantes que van a EU para trabajar en industrias de salarios bajos. Ganan el salario mínimo o menos.

INDICIOS DE TRATA

“Por el miedo de represalias y ser despedidas, muchas no quieren tener contacto con autoridades del gobierno de Estados Unidos, como el Departamento del Trabajo y sobre todo de Migración. No quieren perder la oportunidad de migrar por haberse quejado de un problema. Ese miedo es algo que vemos que muchas empresas también explotan, la visa es algo muy valioso para todas”, señaló la investigadora.

De los casos más complicados son los que tienen elementos de trata. El hecho de que las mujeres sean canalizadas a lugares de trabajo con mucho aislamiento, con un estatus legal por completo vinculado a una empresa, y por miedo a represalias, algunos casos terminan situaciones de trata y explotación.

Coburn contó el caso de una mujer que trabajó en una casa hasta 18 horas al día, siete días a la semana haciendo todo. Ella entendió que su trabajo era cuidar niños, pero terminó cocinando, manejando –sin licencia, en un país desconocido– la monitoreaban 24 horas al día, si llegaba a salir tenía que avisar en dónde estaba, no le pagaban el salario que le prometieron y eso le generó problemas económicos, le prohibían hablar con vecinos, hubo manipulación psicológica y le decían que ella no tenía derechos y que podía ser deportada,

CDM ha trabajado casos parecidos con aislamiento, deudas, violaciones de salario, intimidación y amenazas en otras industrias.

Ocurre lo mismo con las mujeres que se van con visas H2A para trabajo agrícola. Sólo entre 4 o 6 por ciento de los trabajadores son mujeres, lo que implica trabajar en el campo, vivir muy aisladas y entre puros hombres.

“En esa industria hemos escuchado casos muy extremos de violencia sexual en los campos de EU. Hubo un reporte en California de campesinas en donde más de 90 por ciento de las mujeres reportaron haber experimentado acoso o alguna violación sexual en su trabajo”, mencionó Coburn.

Luego, se repite la misma dinámica: las mujeres no tienen las mismas oportunidades, el mismo poder que tienen los hombres y hay una gran falta de reconocimiento de derechos y falta de acceso a la justicia.

A veces terminan haciendo la limpieza de los trailers o de la vivienda de los trabajadores;  hay casos en los que sólo contratan a una mujer en el campo, el resto son hombres y ella es la que se hace cargo de la limpieza.

“No hemos visto ningún esfuerzo gubernamental con perspectiva de género. Ninguna autoridad ha desarrollado una intervención con esa visión para mejorar las condiciones de las trabajadoras migrantes. Es un tema muy nuevo y por lo mismo de que no tenemos muchos datos disponibles desglosados por sexo en los programas de trabajo. Nos preocupa que las empresas utilicen esos programas para discriminar a la mujer sin sufrir ninguna consecuencia”, concluyó la Coburn.