Noruega, Finlandia y Dinamarca ya han comenzado a levantar las restricciones de forma progresiva y ahora estudian reabrir las fronteras y comunicaciones entre estos estados. De momento, no tienen el mismo interés para permitir la llegada de ciudadanos suecos. “Noruega, Dinamarca e Islandia han tenido éxito al estabilizar la situación”, dijo la ministra finlandesa de Interior, Maria Ohisalo. “En Suecia la situación es más preocupante”.

Madrid, España, 25 de mayo (ElDiario.ES).- La estrategia del Gobierno sueco contra el coronavirus ha recibido una clara crítica desde una posición inesperada. La anterior responsable de epidemiología y enfermedades infecciosas del país ha cambiado de parecer y ha criticado que no se pusieran en marcha medidas más drásticas de confinamiento. Annika Linde ha afirmado que el alto número de fallecimientos cuestiona la validez de la estrategia adoptada.

“Creo que necesitábamos más tiempo para estar preparados. Si hubiéramos cerrado antes (la posibilidad de contactos), habríamos podido en ese tiempo asegurarnos de tener lo necesario para proteger a los más vulnerables”, dijo Linde.

En Suecia, han muerto 3 mil 992 personas por el coronavirus, una cifra muy superior a la de sus vecinos escandinavos, cuyos gobiernos sí impusieron medidas duras de confinamiento. La mitad de las muertes se ha producido en residencias y un 25 por ciento más entre ancianos que reciben atención domiciliaria.

El Gobierno sueco era consciente de ese riesgo y no supo hacer nada al respecto. “Era como un sueño que pudiéramos proteger a los ancianos, un sueño con poca base en la realidad”, opina Linde, de 72 años. La científica lamenta que el Gobierno dejara la responsabilidad en manos de los ayuntamientos, responsables de la regulación de esos centros, y de las empresas privadas que gestionan la mayoría de ellos. El fracaso del modelo quedó de manifiesto cuando el Gobierno pactó hace diez días con ayuntamientos y empresas la contratación de 10.000 personas para reforzar los medios en residencias y en la atención domiciliaria.

Hasta ahora, Linde había apoyado la estrategia de su sucesor en el cargo, Anders Tegnell, que confiaba en que para finales de mayo un 40 por ciento de los habitantes de Estocolmo, la zona más afectada, habría desarrollado inmunidad ante la COVID-19. El primer estudio de seroprevalencia indica que sólo el 7.3 por ciento de los habitantes de la capital había pasado por la enfermedad.

Linde compartía esa idea de confiar en que se desarrollara la inmunidad de grupo, que ha recibido el apoyo de la opinión pública en las encuestas. “Por eso, cuando Anders Tegnell decía que ‘aplanaremos la curva y protegeremos a los vulnerables’, pensé que alcanzaríamos la inmunidad de grupo después de un tiempo y que podría ser una buena estrategia”.

Tegnell sigue pensando que su estrategia es la correcta. “Es muy habitual salir con esas críticas y decir ‘si hubiéramos decretado el confinamiento, podríamos haber conseguido otras muchas cosas’. Pero cuando yo hago la pregunta ¿exactamente, qué podríamos haber hecho para que la situación fuera totalmente diferente?, entonces no recibo muchas respuestas”, dice en una entrevista este domingo en la radio pública sueca.

Noruega, Finlandia y Dinamarca ya han comenzado a levantar las restricciones de forma progresiva y ahora estudian reabrir las fronteras y comunicaciones entre estos estados. De momento, no tienen el mismo interés para permitir la llegada de ciudadanos suecos. “Noruega, Dinamarca e Islandia han tenido éxito al estabilizar la situación”, dijo la ministra finlandesa de Interior, Maria Ohisalo. “En Suecia la situación es más preocupante”.

LA INMUNIDAD DE REBAÑO

Por Iñigo Sáenz de Ugarte

Anders Tegnell, el principal consejero científico del Gobierno sueco calculaba a principios de mayo que un 40 por ciento de los habitantes de Estocolmo habría desarrollado inmunidad ante la COVID-19 para finales de mes. Los estudios de seroprevalencia realizados en varios países indican que ningún país ha alcanzado ese umbral, ni siquiera los más castigados por el coronavirus.

La idea de inmunidad de grupo era uno de los puntos con los que se justificaba la decisión de Suecia de rechazar las medidas drásticas de confinamiento adoptadas en Europa Occidental, incluidos los otros países escandinavos. Los colegios no se cerraron, sí las universidades. Las prohibiciones habituales en Europa eran sólo recomendaciones, en general respetadas por la población. Tegnell estaba convencido de que el tiempo le daría la razón, lo que no ha ocurrido hasta ahora. “En otoño, habrá una segunda oleada. Suecia tendrá un alto nivel de inmunidad y el número de casos será probablemente bastante bajo. Pero Finlandia tendrá un muy bajo nivel de inmunidad. ¿Volverá Finlandia a decretar un confinamiento total?”, dijo al FT.

Nadie sabe lo que ocurrirá después del verano, pero las posibilidades de una segunda oleada son altas. Lo que sí se conoce es lo que ha ocurrido hasta ahora y ahí es evidente el precio que ha pagado Suecia. El país ha sufrido 3 mil 698 muertes por el coronavirus, 365 por millón de habitantes, un nivel no muy inferior al de Francia y muy superior al de Estados Unidos. Es en la comparación con sus vecinos, que sí promovieron el confinamiento, donde Suecia sale peor parada. Noruega ha tenido 232 muertes (43 por millón de habitantes). Dinamarca, 547 (94 por millón). Finlandia, 298 (54 por millón).

En otras palabras, los suecos podrían preguntarse si 3 mil de sus compatriotas podrían estar vivos hoy si las decisiones del Gobierno hubieran sido otras. Es una incógnita que existe en todos los países.

El punto negro de la realidad sueca no fue una sorpresa. Al igual que en otros países, las residencias de ancianos se convirtieron en el lugar más vulnerable. Tegnell lo sabía y lo admitió en público, pero las medidas adoptadas no surtieron el efecto deseado. La mitad de las muertes se ha producido en residencias y un 25 por ciento más entre ancianos que reciben atención domiciliaria.

UNA ENFERMEDAD QUE NO DESAPARECERÁ

Tegnell puede argumentar que la inmunidad de grupo nunca fue un objetivo específico de sus planes, la herramienta con la que superar la pandemia. Básicamente, porque es imposible. La inmunidad de grupo es una consecuencia de la extensión de una epidemia a lo largo de un amplio periodo de tiempo, no una estrategia. “No creo que nosotros o ningún país del mundo alcance la inmunidad de grupo en el sentido de que la enfermedad desaparezca, porque no creo que sea una enfermedad que vaya a desaparecer”, dijo.

Habitantes de Estocolmo toman el sol en un parque de la ciudad el 22 de abril.

Habitantes de Estocolmo toman el sol en un parque de la ciudad el 22 de abril. Foto: Anders Wiklund, EFE

Eso no quita para que Tegnell y otros epidemiólogos de su equipo pensaran que el número de contagiados iba a ser mucho mayor, al menos en la capital, y que eso supondría una carga asumible y que tendría consecuencias positivas más adelante. Sus modelos epidemiológicos calculaban a finales de abril que una tercera parte de los residentes en Estocolmo estaba inmunizada. Johan Giesecke, el anterior epidemiólogo jefe del país y asesor de la OMS, incluso elevaba ese porcentaje a casi la mitad de habitantes de la capital. Eso favoreció que un alto porcentaje de la población apoyara la estrategia.

Muchos científicos suecos denunciaron que la decisión del Gobierno de no repetir los pasos dados en Noruega o Finlandia y mantener abiertos los locales de ocio era una estrategia arriesgada o casi suicida. Epidemiólogos de la Universidad Johns Hopkins calificaron de “concepto erróneo y peligroso” la idea de buscar la inmunidad de grupo.

Sólo una catástrofe de dimensiones aun mayores a las conocidas hasta ahora a causa del coronavirus podría acercarnos a esos porcentajes. “La idea de que ‘bueno, quizá los países con medidas flexibles y que no han hecho nada podrán de forma mágica alcanzar alguna inmunidad de grupo y no pasa nada si perdemos algunas personas mayores por el camino’, esa idea es realmente peligrosa”, dijo el 11 de mayo Mike Ryan, director de Emergencias Sanitarias de la OMS. Según los epidemiólogos de la Johns Hopkins, peligrosa hasta el punto de llegar a provocar medio millón de muertos en Estados Unidos.

“En España ha estado en contacto con el virus poco más del 5 por ciento de la población y tenemos 27 mil muertos. Imagina lo que supone que se infecte una gran parte de la población. Hablamos de cientos de miles de fallecimientos”, ha dicho Miguel Hernán, catedrático de Epidemiología en la Universidad de Harvard y miembro del comité de expertos que asesora al Gobierno español.

A mediados de marzo, el Gobierno británico aún creía que alcanzar la inmunidad de grupo era una opción viable (en ese momento, Reino Unido contaba con 800 casos de coronavirus y once muertes). Su principal consejero científico, Patrick Vallance, defendía esa opción en las entrevistas. El aumento del número de muertos lo hizo políticamente insostenible y el Gobierno se rindió a la evidencia. Hoy, hay contabilizados 243 mil casos y 34 mil 636 muertes.

Gráfico sobre las muertes por COVID-19 en Suecia.

En otras palabras, los suecos podrían preguntarse si 3 mil de sus compatriotas podrían estar vivos hoy si las decisiones del Gobierno hubieran sido otras. Gráfico: European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC)

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