Ana denunció en 1992 que fue víctima de violación de Fernando Martínez, un legionario de cristo. Hasta ahora su agresor sigue sin ser investigado penalmente y reside en Roma. Ana menciona que el gran pendiente de la iglesia y el Estado mexicano es darle a ella y otras víctimas de la congregación religiosa justicia y garantizarles la reparación del daño.

Ciudad de México, 26 de enero (SinEmbargo).–  Aun cuando víctimas de violaciones han denunciado públicamente y los Legionarios de Cristo reconocieron que tanto Marcial Maciel, su fundador, como al menos 33 de sus sacerdotes abusaron sexualmente de niñas y niños, los casos siguen impunes tanto por la omisión de la iglesia como por la de autoridades mexicanas, de esa forma, la congregación religiosa sigue operando colegios y comportándose como “una asociación delictiva”, acusó Ana Lucía Salazar, una conductora y cantante que fue víctima de violación del sacerdote Fernando Martínez cuando tenía 8 años de edad. Asegura que con ello, las víctimas ven cada vez más lejana la posibilidad de que el Estado mexicano les garantice la reparación del daño.

Ana Lucía fue una de las niñas a las que el sacerdote Martínez violó cuando trabajaba en el Instituto Cumbres de Cancún, en Quintana Roo. Ella denunció a su mamá y papá las agresiones sexuales que enfrentó durante un año. Hoy, a 28 años de lo sucedido, ninguna de las autoridades eclesiásticas que supieron del caso enfrentan un proceso penal y algunas todavía ocupan cargos en la congregación. La única medida que se ha tomado es separar a Fernando Martínez de su estado clerical.

La impunidad con la que siguen operando los Legionarios de Cristo indigna a Ana Lucía, pues además de que nadie ha recibido sanciones la congregación todavía tiene colegios a su cargo.

“Los Legionarios de Cristo deberían pagar. Así como Hitler hizo al partido nazi, Maciel hizo a los Legionarios de Cristo. Así como un administrador de un campo de concentración sabía lo que pasaba, aquí otros sacerdotes sabían lo que pasaba. Como tenía que existir todo un sistema que jugaba a favor de los nazis y había todo un sistema de aniquilación, aquí hay todo un sistema de encubrimiento y de facilitación para el abuso sexual de niños. ¿Por qué estos señores tienen colegios hasta el día de hoy”, se cuestiona Salazar en entrevista con SinEmbargo.

Los Legionarios de Cristo publicaron en noviembre de 2019 un informe donde reconocieron los abusos sexuales cometidos por sus sacerdotes, incluido Fernando Martínez, quien agredió sexualmente a al menos nueve menores de edad entre los años 1969 y 1993. Desde 2016, Martínez fue trasladado a Roma, Italia, y, de acuerdo con autoridades eclesiásticas, no tiene contacto con niños.

Tan constantes como han sido las violaciones de niñas y niños en la congregación religiosa –incluso Marcial Maciel violó en 1954 a Fernando Martínez cuando tenía 15 años—, también lo ha sido la forma en la que encubren a los agresores a través de un sistema donde la única sanción es cambiarlos de ciudad o país. Eso pasó con Martínez, por ello hay testimonios de sus víctimas tanto en colegios de la Ciudad de México como en Cancún.

“Son una asociación delictiva y si no les gusta que les digan así, que cambien, que entreguen a los cómplices, a los encubridores, que hagan cara a la justicia”, opinó Ana Lucía.

La conductora denunció la cadena de impunidad con la que han tenido que luchar ella y su familia desde 1992. Para empezar, tuvieron que pasar seis meses desde que ella y su familia revelaron los abusos de Martínez hasta que él dejara el Instituto Cumbres, lo que ocurrió porque se sumaron acusaciones de más niñas en su contra.

Señaló a Eloy Bedia y Luis Garza Medina, directores territoriales y quienes recibieron las denuncias de ella y otras niñas en Cancún en la década de 1990 y no hicieron nada, de hecho Garza Medina se habría encargado de cambiar a Martínez de colegio; también culpó al director de la congregación, Eduardo Robles Gil, quien en 2014 supo de los casos pero no realizó una investigación, así como Jorge Bernal, obispo emérito de la prelatura de Cancún-Chetumal, quien supo de la denuncia de Ana Lucía.

Los señaló a ellos porque “con su silencio permitieron que Marcial Maciel construyera un imperio basado en el sufrimiento de niñas y niños”.

LAS TRABAS Y LA REPARACIÓN

Desde que la familia de Salazar supo de las violaciones el camino ha estado lleno de trabas. En primer lugar, sus padres buscaron a autoridades eclesiásticas para denunciar lo que hacía Benítez. En Cancún los religiosos dijeron a su familia “que tenían que entender que el padre era hombre y por eso se comportaba así, que por eso violaba niñas”.

La mamá y el papá de Ana fueron intimidados para no presentar una denuncia penal, pues al acercarse primero con autoridades religiosas en Cancún fueron ignorados y a ello se sumó la presión de las personas con más poder económico de la zona, quienes conocían y mantenían buenas relaciones con el padre Fernando Martínez.

“Esos señores [los legionarios] tenían a toda la crema y nata de Cancún en su bolsillo porque todos conocían al padre, todos lo invitaban a comer, a pasear. Se la vivía en los yates, como millonario. El padre Fernando paseaba por el colegio y le daba besos en la boca a los niños de kínder, una maestra ya lo ha dicho públicamente. Se pasaba besando en la boca a niños y niñas de tres o cuatro años porque decía que en la altas élites eso era normal”, recordó Salazar.

La presión de empresarios y gente con buen nivel adquisitivo en Cancún llevó a la familia de Ana a salir de la ciudad. “Empezaron a minar los negocios de mis padres, a afectar su economía porque ellos querían denunciar a los legionarios”.

Ahora, con el anuncio sobre la separación del estado clerical de Fernando Martínez y la postura que han tomado frente a los casos de violencia sexual los Legionarios de Cristo y el Vaticano –que  no ha expulsado de sus filas a los agresores señalados–, Ana hace un balance sobre la relación del daño que espera y lo difícil que ha sido romper el silencio públicamente.

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— Desde muy pequeña detectaste que lo que viviste fue una agresión, que no tenías que aguantar y decidiste hablar. ¿Qué has aprendido desde entonces?

Me encantaría no romantizar el abuso. Nadie aprende nada de una violación. Sufrir una violación no te hace mejor persona, ni más fuerte. No te convierte en un ser de luz ni mejor ser humano. No. Una violación te vulnera, te entristece, acaba con tu seguridad, te despoja de tu autoestima, te enferma físicamente, te hace padecer depresiones, angustias, ansiedades. Te lastima por el resto de tu vida.

Yo tuve que encontrar otros elementos como el apoyo de mi familia, el amor inmenso que le tengo al canto, a los medios de comunicación; tuve que valerme de mis talentos personales, que no tienen absolutamente nada que ver con el abuso, y de mis elementos y las cosas que me rodeaban para poder salir adelante.

Tuve que tomar terapia psicológica, tuve que aprender a restructurarme, a valorarme como ser humano. Es una lucha que tengo todos los días para entender que soy importante, valiosa. Y yo soy lo que soy pese al abuso, que es muy diferente, no soy una novela romántica, ni un testimonio de fe, ni una prueba de que existe el bien y el mal.

Es muy importante que las víctimas entendamos que no nos pasó, que no me pasó por ser yo. No tengo ningún defecto para que me violen. No hice nada malo para que me violaran. No había nada raro en mí, ni nada especial para ser violada. Simplemente me violaron porque pudieron.

Despersonalizar el abuso, la violencia, también te ayuda a revalorarte y a entender que no hay culpa de tu parte.

– Esto que mencionas tiene que ver con el derecho que tienes tú y todas las víctimas a la reparación del daño. ¿Qué crees que falta en ese sentido?

Definitivamente falta una reparación del daño, los Legionarios de Cristo hablan de un camino de perdón, de sanación, pero nunca hablan de la reparación. Nunca nos han preguntado a las víctimas cómo estamos, cómo nos sentimos y tampoco entregan ante la justicia los agresores, a los encubridores y a los cómplices

Las omisiones se siguen sumando hasta el día de hoy y se sigue agravando el daño, y nos siguen torturando a las víctimas porque vemos la impunidad en todo su esplendor. Los agresores siguen viviendo en Roma como millonarios.

A nadie que viola a un niño le quitan su cédula profesional y le impiden ejercer. No. Se va a la cárcel, no es resguardado en Europa viviendo con todas las condiciones y comodidades.