Cada año las pesquerías capturan millones de toneladas de peces. Foto: Stefano Belacchi

Amo el mar. Pero no sólo lo amo, necesito del mar. Todos lo necesitamos, no sólo por su belleza y porque neurocientíficos han descubierto el efecto positivo que tienen en nuestro cerebro, sino porque nuestro planeta es tres cuartas partes océano. Lo necesitamos para subsistir, ya que ayuda a regular el clima y la química global. Desafortunadamente, los seres humanos no hemos tenido ningún efecto positivo en los océanos, los ecosistemas marinos y, muy particularmente, en las poblaciones de peces. Los peces son los seres vivos más incomprendidos del mundo, dado que hay un halo de ignorancia alrededor de ellos. Los peces, al contrario de la creencia popular, son animales con un sistema nervioso central, capaces de sentir dolor, son inteligentes, sensibles y con emociones, tal y como los perros, los gatos o los cerdos. La evidencia científica de la sintiencia de los peces deriva de estudios en su estructura cerebral, habilidades cognitivas y comportamientos.

Tristemente, cada año las pesquerías capturan millones de toneladas de peces; en términos prácticos se puede afirmar que se pesca mucho más de lo que puede ser reemplazado. El apetito global por los peces ha hecho que en tan sólo 40 años las poblaciones de especies marinas se hayan reducido un 39 por ciento en todo el planeta. Otra consecuencia del consumo de peces es el aumento de granjas acuícolas que mantienen a los peces confinados en espacios pequeños, en los que estos animales tan emocionalmente complejos sufren inmensamente antes de ir al matadero, donde la mayoría de las veces tendrán una muerte lenta por asfixia, aplastamiento o serán desmembrados aún vivos.

Los peces, al contrario de la creencia popular, son animales con un sistema nervioso central, capaces de sentir dolor. Foto: Compassion in World Farming

Escocia es uno de los mayores productores de salmón y actualmente aspira a duplicar la escala de su industria. Esta semana, se reveló una investigación encubierta realizada a finales del año pasado en granjas de salmones en ese país, la cual muestra las terribles condiciones que padecen estos peces y el grave daño ambiental que estas instalaciones provocan al concentrar un estimado del 75 por ciento de su producción de salmón. Por esta razón, una red de organizaciones de defensa animal están instando al gobierno escocés a que no solo evite que esta insostenible industria duplique su escala, sino que se elimine gradualmente.

En esta temporada de cuaresma, en la que el consumo de peces se promueve en nuestro país, ayúdalos (y al medio ambiente) dejándolos fuera de tu plato y firmando esta petición para que el gobierno escocés detenga la expansión de las granjas de salmón.