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Álvaro Delgado Gómez

28/05/2024 - 12:05 am

El gran fracaso de Claudio X.

“La discusión seria que hace falta en México es si tienen vigencia las libertades y garantías que consagra la Constitución, o cuáles no, incluida también la división de poderes y la celebración de elecciones periódicas y libres”.

Qué cruel y merecida paradoja enfrenta el magnate Claudio X. González Guajardo: Es el constructor de la coalición del PRIAN y de la candidatura de Xóchitl Gálvez para vencer a Andrés Manuel López Obrador y a Claudia Sheinbaun, pero también el culpable de su catástrofe el domingo 2 de junio.

Sólo un oligarca caprichoso como Claudio X. González cree que haciendo lo mismo, una y otra vez, con los mismos personajes y las mismas fórmulas, obtendrá resultados diferentes.

La realidad ya le había dicho que no es así hace un año, cuando el PRIAN sufrió su más contundente derrota en el Estado de México y que dejó al PRI sin un solo gobierno estatal y al PAN con sólo cinco, mientras que Morena y sus liados sumaron 23 y dos el partido Movimiento Ciudadano.

Un año después de la elección del Estado de México y Coahuila —el único que el PRIAN ganó— las cosas se pusieron peor: Los dirigentes de PRI, PAN y PRD, Alejandro Moreno, Marko Cortés y Jesús Zambrano, se apoderaron de las principales candidaturas al Congreso y ellos específicamente al Senado, en espera de que Xóchitl Gálvez, impuesta por los oligarcas, hiciera el milagro de aumentarles la votación.

No sólo eso: Claudio X. González, sus intelectuales y sus opinadores pensaron que con sólo hacer campañas de mentiras, incluyendo la vinculación de López Obrador con el narcotráfico, y sin proponerle una sola idea alternativa a los ciudadanos iba a ser suficiente para una abultada cosecha de votos.

La dicotomía democracia contra dictadura, propuesta por la derecha, es una evidente falacia.

Más aún: Si al desprestigio de los sellos partidarios y de sus dirigentes se suma las conductas clasistas, racistas y discriminatorias de todo tipo de las figuras prianistas a mexicanos, llamándoles “hijos de su puta madre”, como lo hizo Macario Schettino, entonces que no se extrañen del resultado del domingo 2.

Ya veremos la dimensión de la catástrofe, porque éxito jamás fue. Como sea, la derecha sigue teniendo millones de prosélitos.

Como constructor del PRIAN en su mansión de las Lomas de Chapultepec desde marzo de 2020, cuando aún presidía el grupo de presión Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad —y estaba impedido estatutariamente de entrometerse en política—, Claudio X. González ha sido, sin proponérselo, un gran aliado de Morena y del presidente de la República.

El oligarca le dio la razón histórica a López Obrador sobre la simbiosis del poder económico y el poder político, que era preciso separar, y el carácter unitario de PRI y PAN, que son como la Pepsi y la Coca, sobre todo desde que Carlos Salinas corrompió a los panistas.

Pero, además, la inocua oposición agrupada por Claudio X. González le fue muy funcional a López Obrador para acreditar la vigencia de las libertades que sólo ellos no quieren mirar y que se resume en la frase de Jesús Reyes Heroles: Lo que resiste apoya.

Decía el viejo político priista como secretario de Gobernación de José López Portillo cuando se legalizó a partidos de oposición: “No queremos  luchar con el viento, con el aire; lo que resiste apoya, requerimos una sana resistencia que nos apoye en el avance político de México”.

La discusión seria que hace falta en México es si tienen vigencia las libertades y garantías que consagra la Constitución, o cuáles no, incluida también la división de poderes y la celebración de elecciones periódicas y libres.

Y por eso hay que decirlo enfáticamente: Todas las instituciones y leyes que regulan los procesos electorales en México son herencia del PRIAN. Tanto el Instituto Nacional Electoral (INE) como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) son creaciones de esos partidos que ahora son de oposición.

Son también del PRIAN, como proyecto oligárquico, las reglas para la integración de esos órganos: Salvo la presidencia del INE y tres consejeros, el resto son de esa coalición, y los magistrados del TEPJF fueron designados, todos, por ellos.

Y todo intento por cambiar leyes e instituciones ha sido rechazado en el Congreso y, cuando se ha aprobado, ha sido anulado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), aun contraviniendo la propia Constitución.

Por eso el fracaso del oligarca Claudio X. González es aún mayor, siendo vencido él y su proyecto del PRIAN en el mismo terreno, con las mismas reglas e instituciones y con los poderes económicos, intelectuales, religiosos y mediáticos de su lado.

Y ahora el patrón del PRIAN y sus prosélitos quieren que Morena y sus aliados renuncien a obtener mayoría en el Congreso. ¿En qué país del mundo un presidente no trabaja par tener mayoría constitucional y afianzar un proyecto de nación? Es una tontería.

En mayo de 2021, después de que confirmó lo que yo había revelado sobre las reuniones de los presidentes de los partidos en la mansión de Claudio X. González, Gustavo de Hoyos, entonces presidente de la Coparmex, dijo sobre la coalición del PRIAN:

“Cuando se escriba cómo se construyó, el papel de Claudio va a ser fundamental. Él está dedicado en cuerpo y alma a esto desde hace ya bastantes meses y ha sido un papel mucho muy relevante el que ha jugado”.

Sí: El responsable principal del fracaso del PRIAN y de Xóchitl Gálvez es Claudio X. González. Hasta el propio Gustavo de Hoyos rompió con él para irse de candidato del partido Movimiento Ciudadano.

Que nadie lo dude: De los escombros emergerá una nueva fuerza y ya se verá si será otro juguete de Claudio X. González Guajardo, un oligarca llamado fracaso, que sería una magnífica noticia para Sheinbaum y Morena.

Álvaro Delgado Gómez
Álvaro Delgado Gómez es periodista, nacido en Lagos de Moreno, Jalisco, en 1966. Empezó en 1986 como reportero y ha pasado por las redacciones de El Financiero, El Nacional y El Universal. En noviembre de 1994 ingresó como reportero al semanario Proceso, en el que fue jefe de Información Política y especializado en la cobertura de asuntos políticos. Ha escrito varios libros, entre los que destacan El Yunque, la ultraderecha en el poder (Plaza y Janés); El Ejército de Dios (Plaza y Janés) y El engaño. Prédica y práctica del PAN (Grijalbo). El amasiato. El pacto secreto Peña-Calderón y otras traiciones panistas (Editorial Proceso) es su más reciente libro.

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