Campaña en Berkeley por el impuesto a las bebidas azucaradas. Foto: Especial

Campaña en Berkeley por el impuesto a las bebidas azucaradas. Foto: Especial

La región de Berkeley, San Francisco y Oakland ha sido cuna, a escala mundial, de muy diversos movimientos y el inicio de diferentes legislaciones dirigidas a defender derechos civiles, de minorías y poblaciones marginadas. Hay una larga historia al respecto: desde el movimiento contra la guerra, los derechos de las mujeres, los derechos de las minorías, lo derechos de la comunidad LGBTTTI, el derecho a la información, la regulación del tabaco, la seguridad vehicular, el control de emisiones contaminantes, hasta la prohibición o regulación de muchos productos que han tenido un impacto en la salud o que se ha descubierto que podrían tenerlo, todas ellas han nacido o han sido impulsadas fuertemente desde esta región de los Estados Unidos.

Como en muchas otras políticas novedosas en los Estados Unidos, el primer impuesto a las bebidas azucaradas se estableció en una pequeña ciudad de California, Berkley, enfrentando una campaña multimillonaria de la industria refresquera. El movimiento que llevó al primer impuesto a las bebidas azucaradas se originó en las organizaciones de salud pública comunitaria de las poblaciones hispana y afroamericana donde se presentan los más altos consumos de estas bebidas y se enfrentan los mayores índices de sobrepeso, obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares, enfermedades que se han convertido en epidemias en estas comunidades.

El primer reporte sobre el impacto del impuesto a las bebidas azucaradas en la ciudad de Berkeley, California, muestra, entre las familias de menores ingresos, una caída en el consumo de estas bebidas de 21 por ciento y un aumento del 63 por ciento en el consumo de agua embotellada y del grifo entre las familias de menores ingresos. El impuesto en Berkeley ha sido una experiencia muy exitosa e interesante ya que esta ciudad se encuentra en la misma área que Oakalnd y San Francisco que permite comparar el efecto donde fue implantado y donde no, en un espacio en el que la publicidad y disponibilidad de estos productos es muy similar. El reporte contrasta la reducción en consumo de bebidas azucaradas en Berkeley con el incremento en el consumo de estas bebidas de 4 por ciento en el mismo periodo en las ciudades vecinas de San Francisco y Oakland. Por otro lado, el reporte indica que solamente se registró un 2 por ciento de compras de estas bebidas por parte de residentes de Berkley fuera de la jurisdicción de la ciudad.

El reporte no debe verse como conclusivo, pero marca claramente una tendencia y es un buen indicador del impacto positivo de esta medida. El estudio ha sido publicado en la revista científica American Journal of Public Health y fue elaborado por investigadores de la Escuela de Salud Pública y el Departamento de Epidemiologia y Bioestadística de la Universidad de California para evaluar el impuesto de un centavo de dólar por onza que se aplica a las bebidas que contienen azúcar añadida, como los refrescos, las bebidas energéticas, deportivas, tés y otras más que contienen este ingrediente agregado.

En la comunidad científica internacional el impuesto en México a las bebidas azucaradas ya se había considerado un éxito al haber reducido el consumo de estas bebidas en 6 por ciento en la población en general y de 9 por ciento en las familias de menores ingresos en 2014 y la reducción estimada de un 8 por ciento en el consumo en la población en general en 2015. Conocemos muy bien la campaña en contra de la industria refresquera con estudios patrocinados, columnistas y agencias de relaciones públicas haciendo la guerra sucia. Sin embargo, la evidencia avanza y el impuesto a las bebidas azucaradas se refuerza como una política de salud pública con los resultados en Berkley.

Se espera una fuerte reacción de la industria refresquera para negar los beneficios de esta medida en Berkeley, como lo ha hecho en México, con la misma estrategia: estudios pagados a modo y campañas de descrédito en varios medios de comunicación a través de sus agencias de relaciones públicas. La evidencia no se puede ocultar y se refuerza: el éxito en Berkley para establecer esta medida fiscal como una política de salud pública ejemplar, logrando reducir el consumo de estas bebidas, que representan el mayor consumo de azúcares añadidos tanto en la dieta de los mexicanos como entre las minorías hispanas y afroamericanas del sur de los Estados Unidos, confirma esta medida fiscal como un modelo a seguir.

El primer intento de implementar un impuesto se dio en la comunidad de Richmond pero no se logró. La American Beverage Association gastó 3 millones de dólares en su campaña contra este impuesto en esta comunidad de tan sólo 30,000 habitantes. Se menciona que esta misma asociación de la industria refresquera está invirtiendo 10 millones de dólares para evitar que el próximo noviembre se apruebe un impuesto similar en la ciudad de San Francisco.

Frente al argumento de la industria refresquera, nunca antes preocupada de la pobreza, de que el impuesto afecta a las familias de menores ingresos, es oportuno citar a Kristine Madsen, profesora asociada de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California y una de las autoras del estudio, declaró: “Las comunidades de menores ingresos sufren las peores consecuencias de la obesidad y la diabetes, la baja en el consumo de estas bebidas es muy alentador”. Si existe un indicador de la profunda inequidad social que se vive en los Estados Unidos es el de la diabetes. Las poblaciones hispanas y afroamericanas presentan una incidencia de diabetes que duplica la de la población blanca. La incidencia de diabetes entre la población blanca es de 11.3 por ciento, mientras en la población mexicana-americana es de 23.8 por ciento.

weets circulados desde las campañas y tweets circulados por los ciudadanos. Foto: Especial

Tweets circulados desde las campañas y tweets circulados por los ciudadanos. Foto: Especial

Un estudio sobre los mensajes en las redes sociales durante las campañas pro y anti impouesto muestra claramente cómo la campaña por el impuesto venía desde las comunidades y cómo l campaña anti-impuesto provenía desde las empresas al revisar cuántos mensajes de una y otra se produjeron desde las propias campañas y cuántos entre la propia comunidad.

En una plática con el Dr. Scillinger de la Universidad de California San Francisco, jefe de la División General de Medicina Interna del Hospital General de San Francisco y Experto Médico Principal del programa de Prevención y Control de Diabetes del estado de California, observamos cómo la incidencia de diabetes en el mapa de la ciudad de San Francisco muestra grandes diferencias entre zonas de alta y baja incidencia de atención por diabetes descontrolada y cómo las de alta incidencia corresponden a las zonas de mayor venta de bebidas azucaradas.

Los resultados del impuesto a las bebidas azucaradas son una excelente doble-noticia, especialmente, para la población hispana y afroamericana en la ciudad de Berkley. Doble porque ha reducido el consumo de bebidas azucaradas de manera tan significativa, y porque los recursos se destinarán a la salud de los niños de la ciudad. En México ya vimos una reducción importante entre las familias más pobres, se requiere, ahora, que los recursos se etiqueten para la prevención y atención en salud. En el caso de México, el único estudio publicado en una revista científica, libre de conflicto de interés, indica que la reducción promedio de consumo de bebidas azucaradas en 2014 en las familias más pobres fue de 9 por ciento y que en diciembre de ese año llegó a 17 por ciento.

Después de Berkeley, la ciudad de Filadelfia, una de las ciudades más grandes de los Estados Unidos, se convirtió en la segunda en aprobar un impuesto a estas bebidas, con el fin de recaudar recursos para apoyar programas dirigidos a la educación de los preescolares y el desarrollo y mantenimiento de parques y bibliotecas públicas. El Reino Unido ya anunció un impuesto de este tipo y Canadá, Sudáfrica, Colombia, India y otras naciones discuten esta medida.

En Berkeley, se pretende que el impuesto se dirija a apoyar programas municipales de salud y nutrición. Para ese fin, la ciudad ha creado un panel de expertos en nutrición infantil, cuidados en salud y educación para que realicen recomendaciones a la ciudad de programas que mejoren la salud infantil en Berkeley.

Otra batalla ganada en esta región de los Estados Unidos y que establece un muy importante precedente es la de la ordenanza de la ciudad de San Francisco que obliga a que toda publicidad en exteriores de bebidas azucaradas cuente con una advertencia que indica que el consumo de estas bebidas puede provocar obesidad, diabetes y caries dental. La American Beverage Association inició un proceso contra esta medida ante cortes federales bajo el argumento de que esta ordenanza era una violación a la libertad de expresión y que la advertencia no tenía base científica.

El Dr. Schillinger, que visitó México y nos acompañó la semana pasada, fue el que presentó los argumentos científicos para darle sustento a esta ordenanza, realizando la defensa de la ciudad de San Francisco. El Dr. Schillinger se enfrentó con un amplio grupo de expertos pagados por la industria. Sin embargo, la evidencia se impuso. La industria refresquera negaba el vínculo del consumo de sus bebidas con la obesidad y la diabetes, al igual que niega que el impuesto sea una medida efectiva para enfrentar estas enfermedades, así como argumenta que la publicidad dirigida a la infancia no tiene efectos en su nutrición.

El juez federal estadounidense, en un hecho histórico frente a las bebidas azucaradas, resolvió que existía evidencia suficiente para establecer esta advertencia en la publicidad de estas bebidas. Esta resolución se suma a otras realizadas en diversas naciones que le dan legalidad y superioridad a estas políticas de salud pública por encima de los derechos comerciales de la industria de alimentos y bebidas.

La resolución de la Suprema Corte de Justicia de México de respaldar el impuesto a las bebidas azucaradas ya a la comida chatarra como una medida de salud pública frente a los amparos de la industria; la resolución de la Suprema Corte de Costa Rica de respaldar la prohibición de la oferta de bebidas y alimentos no saludables en las escuelas; la resolución de la Suprema Corte de Brasil de respaldar el retiro de la publicidad dirigida a la infancia de un producto que no es saludable frente a la querella de la industria que lo produce, y esta resolución del juez federal en los Estados Unidos de respaldar la decisión de la ciudad de San francisco de establecer una advertencia sobre los riesgos en salud que significa el consumo de bebidas azucaradas, representan precedentes que establecen ya un proceso imparable.

La industria lo sabe y lo único que pretende es que este proceso sea lo más lento posible y, si es posible, capturarlo en algunos países, como lo ha hecho ya con ciertas regulaciones en México, especialmente con un engañoso etiquetado frontal y una raquítica regulación de la publicidad dirigida a la infancia.