México

Los niños de San Gregorio pintan murales en Xochimilco, y vencen destrucción de hogares y sueños

31/10/2017 - 8:00 pm

El pueblo de San Gregorio sigue férreo en su lucha por levantarse, pero esta vez, el incansable esfuerzo no es de los adultos o de las autoridades: Hoy los niños del pueblo de más de 400 años de existencia pintan murales para superar la tragedia que barrió con hogares y sueños.

David, un arquitecto de la UNAM y 170 menores de edad, han diseñado y creado 15 murales tanto en San Gregorio como en otros poblados de la Delegación Xochimilco. Con esta labor, dice David, “los niños se han transformado en el ejemplo para los grandes”.

Ciudad de México, 31 de octubre (SinEmbargo).- David, un arquitecto de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), le enseñó a Fedra, de nueve años de edad, a pintar una flor al filo de un muro. A su vez, Fedra instruyó a su prima Fátima, de 13 años, a hacer lo mismo. Y Fátima le enseñó a pintar las flores a Naomi, de 8 años, quien ahora comparte el gusto por el muralismo. Fue así como las vidas de un profesionista y de cerca de 170 niños se unieron luego de la desgracia, cuando el sismo más infausto en la vida de San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, barrió con la calma de los infantes, tras llevarse consigo el patrimonio de muchas de las 22 mil personas que ahí radican.

A mes y medio del temblor de 7.1 grados en la escala de Richter, San Gregorio “se ve muy diferente; ya no se reconoce; ya todo está tumbado”, dice a SinEmbargo Gael Said Rodríguez Flores, de 11 años, quien participó de las labores muralistas pintando a los integrantes del equipo de “Los Reyes de San Gregorio” -campeones locales el año pasado-, en el muro del zaguán de su casa.

Él y sus amigos coinciden en sentirse “muy diferentes porque ya vivimos un sismo que nosotros no pensábamos que fuera a venir” -explicó Gael-; aunque el pueblo “ya se va levantando” -comentó Naomi-. Y es que los niños aún temen, sus ojos exudan su miedo. Pero su sonrisa, en cambio, se afianza en el sueño de salir adelante, el mismo que tiene todo el pueblo.

“Con los trazos los niños muestran ese dolor. El primer día [observé] como están deshechos. No son trazos buenos, no son buenas propuestas, no hay color -son colores grises-. Y llegan al siguiente día y ya le meten otro poco de color. Y luego más color… ¡Y luego más color!”, hasta que la pieza es una paleta brillante colmada de esperanza”, explica David Flores Simón, integrante de la organización Muralistas de la Montaña.

David llegó a San Gregorio igual que muchos de los voluntarios: por cuenta propia, sin salario y sin recursos además de los que traía en su bolsillo. Primero se apostó en las labores de urgencia, dictaminando hogares junto con otros especialistas y académicos, además de integrantes de los gobiernos local y federal. Pasaron las horas, luego los días y se dio cuenta de que los niños no tenían la atención necesaria. Todo el día, narra el arquitecto de la UNAM, “era de payasos y juguetes para los niños”. Y a su juicio, esta no era la forma correcta de ayudarlos “a descargar la energía” o a superar la tragedia. Por eso se planteó pintar con ellos.

“Los niños se han transformado en el ejemplo para los grandes. Los niños son los que han sacado las lágrimas, no yo. Este es el color de los niños […]. [Espero] que esto que nace para los niños se convierta en algo para [ayudar a] las familias”, dice David.

“Los niños se han transformado en el ejemplo para los grandes” en Xochimilco. Foto: Crisanto Rodríguez, SinEmbargo
San Gregorio “se va reanudando”, dice la pequeña Verónica. Foto: Crisanto Rodríguez, SinEmbargo
Más de 20 niños pintaron este mural. En él desbordan su apoyo hacia su pueblo, al que “quieren mucho”. Foto: Efrén Flores, SinEmbargo.

La población de Xochimilco asciende a 415 mil 007 personas, de acuerdo con los datos más recientes [2015] del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). El 24.31 por ciento de ellos [100 mil 925 habitantes] no supera los 14 años de edad, estrato demográfico que es uno de los más vulnerables ante una catástrofe, como advirtió a mediados de este mes María Josefina Menéndez Carbajal, directora Ejecutiva de la organización Save the Children México.

Ante cualquier evento de naturaleza traumática experimentado por un niño, existe una situación que en muchos casos escapa a sus capacidades de procesamiento o de asimilación, refieren los expertos en psicoanálisis consultados por SinEmbargo. Y la reacción de los menores -explicaron- va desde una cuestión intelectual y emocional -expresiones de miedo y de angustia, por ejemplo-, hasta reacciones sintomáticas o de orden corporal -como la gastritis-.

El funcionamiento del trastorno de estrés postraumático “es como un desgarro de la realidad que está intentando re-asirse. O [es] una experiencia real que inundó la capacidad del sistema para poder procesarla; entonces es como si el sistema estuviera en crisis”, explica a SinEmbargo Dolores Cortés García, psicóloga clínica de la Secretaría de Salud.

Al igual que la experta, Alain Kelvin Briseño Trejo, maestro en psicología de Casa Grana, clínica de atención psicológica, concordó en que, para tratar la situación, lo mejor es “actuar de manera activa lo que se sufrió de manera pasiva”, es decir, “tratar de repetir una situación en donde se sentía que había escaso control, en un escenario en donde pueda haber cierto control”.

Esto es esencial para lograr que el menor de edad ligue los hechos con un discurso propio y pueda comprender lo que pasó. De lo contrario, los niños “pueden tener actitudes regresivas a etapas anteriores del desarrollo del tipo. Si es un niño que ya corre y controla esfínteres, pues empieza a hacerse en la cama; o empieza a chuparse el dedo o a tener reacciones de miedo […]. [Eso] dependerá de cada persona”, abunda Dolores Cortés.

En circunstancias ulteriores, ya en la etapa adulta, existe el riesgo de predisponerlos a comportamientos patológicos.

Para que los menores de edad puedan ligar y entender más fácilmente la situación traumática -en este caso el sismo- es elemental utilizar el recurso del juego, “porque el juego lo que está haciendo es elaborar una forma de entender esa realidad, a través de la manipulación -digamos- de ideas y objetos”, agrega la psicóloga de la Secretaría de Salud.

“El hecho de que pinten un mural o que trabajen con pintura es una buena vía para ir procesando lo sucedido aunque no es un mecanismo que vaya a funcionar necesariamente con todos los niños”, advierte Briseño Trejo. En cambio, dice, “los shows no necesariamente son elementos que puedan ayudar al procesamiento de esta situación. Pueden servir -como en el caso de la lectura de cuentos- en tanto remitan o puedan de alguna manera explicar o dar elementos para comprender lo que está sucediendo de mejor forma […] siempre y cuando haya la posibilidad de que ellos expresen lo que están viendo”.

Hasta hace un par de semanas, las autoridades locales registraron 2 mil 326 casas y 12 unidades habitacionales afectadas en todo Xochimilco. Y en muchos casos, los niños fueron testigos del derrumbe del hogar que los vio nacer.

En San Gregorio los niños aprenden valores, pero por sobre todo, les enseñan a luchar y a estar agradecidos con la vida. Foto: Efrén Flores, SinEmbargo.

“TODAS LAS CASAS SE CAYERON”

Naomi Lemus apenas tiene 8 años cumplidos y ya ha pintado varias escenas en algunos de los 15 murales que los niños realizaron bajo la tutela de David. Dibujó la zona xochimilca “que representa que México se va a levantar y que no va a seguir así [roto]”. A ella le gustaría seguir pintando murales; y podrá seguir haciéndolo mientras las 18 escuelas con las que cuenta San Gregorio, según el directorio de la Secretaría de Educación Pública (SEP), no retornen a clases.

Cuando tembló, Naomi se encontraba a solas en casa. Sus papás y su hermana habían ido al médico y ella se aterró. “Se movía casi todo […]. Todas las casas se cayeron y las demolieron”, relata con la faz casi petrificada y con los ojos hundidos, previo a explotar el gesto con una sonrisa. Aunque la pena la embarga, pues señala que a pesar de que San Gregorio “ya se va levantando, mis compañeros están todavía preocupados porque a algunos se les cayeron sus casas”.

Verónica Lemus de 15 años de edad, la hermana mayor de Naomi, estaba enferma y se encontraba en el Seguro Social cuando el sismo sacudió a su pueblo. “Estaba muy espantada”, rememora.

Lo primero que pintó fue una gran paloma blanca que surca los cielos en símbolo de paz. De ahí se siguió con la bóveda celeste, rayando azules como atardeceres. En su opinión, hacer los murales “nos ha ayudado a que los niños estén menos espantados; a que no se aburran, más cuando no había luz”, afirma. Y en el caso de su hermana Naomi, asegura que la ve mejor ahora que se dedica a la pintura.

Verónica no sabía pintar, pero a raíz de la invitación de David le ha tomado el gusto a la pintura porque les ayuda a “echar a andar la imaginación”. Y aunque dibujar no haga que se sienta más segura, sí reconoce que le ayuda a mejorar y a crecer como a su pueblo que “se va reanudando” luego de la desgracia.

“FELICIDAD Y MUCHA EMOCIÓN”

David, arquitecto de la UNAM y maestro de pintura, llegó como voluntario y que lleva semanas apoyando en la reconstrucción de San Gregorio. Foto: Crisanto Rodríguez, SinEmbargo
San Gregorio lucha para levantarse de los estragos que dejó el sismo del 19S. Foto: Crisanto Rodríguez, SinEmbargo

Manuel Rodríguez, de 11 años de edad, siente “felicidad y emoción” cuando alguien le menciona el tema del mural. Junto a Gael Said, su primo, se dedican al negocio de los globos de cantoya desde hace un año. Los venden afuera de su casa, donde hoy saludan al pasante dos murales.

En el que participó Manuel reinan las formas geométricas y los colores. Él pintó cubos porque le gustan. Dibujó a la par que otros 20 niños, quienes como él, nunca olvidarán la experiencia del temblor o la valía de la pintura como forma de expresión. Y aunque no todos se quedaron sin casa, muchos sí… y son sus muy amigos.

Con el agua en la nariz y el llanto en los ojos, David Flores Simón relató lo que fue un martirio y una bendición. Cuando la curiosidad lo abordó y se acercó a los niños no imaginaba lo que seguiría. Los infantes le enseñaron que “cuando ellos idean algo lo hacen”, situación que a su juicio se traduce en una meta, y cuando uno tiene un fin, “lo demás se va dando solito”.

Él ya conocía San Gregorio. Allí, desde siempre, ha sido marchante de los vendedores de productos frescos que emanan de sus chinampas. Pero cuando llegó, en medio de la urgencia del momento, no cargaba consigo ni su celular. Por eso los vecinos lo alimentan, porque lleva varias semanas ahí, con los niños y los ropajes salpicados de pintura, aunque con la sonrisa de cara al Sol.

Para David, los murales de los niños -porque ellos mandan eligiendo y desechando bocetos- reflejan sus vivencias y sueños: escenas de brigadistas, perros, chinampas, casas destruidas y ruinas, esperanzas, costumbres y familia, símbolos de miedo y jolgorio que componen el arte precoz.

“Que hagan eso y se expresen, porque un niño que toma un pincel difícilmente tomará las armas. Y él se sabrá expresar. Él sabrá expresar su inconformidad”, afirma el muralista.

Él comenta que en un principio, cuando propuso lo de los murales, nadie le apoyaba. No pudo pintar sino hasta que una familia, que radica en la calle Agustín Melgar, le ayudó. Esto fue el día 11 de octubre, cuando 40 niños salieron de golpe a plasmar su sentir a punta de brocha, porque “empiezan a ver el color y todos quieren murales”.

Las jornadas de arte empiezan a las 10 de la mañana y concluyen a las siete de la noche. Y no se le ocurra faltar a David… los niños le reclaman. Y sin otra retribución que el beneficio moral, su compromiso es para con los menores, sobre quienes guarda la esperanza de que serán pintores en un futuro.

Efrén Flores
Es politólogo por la UNAM. En SinEmbargo se ha especializado en el análisis de datos. Su investigación periodística es multitemática, pero sobre todo enfocada en temas políticos y económicos.
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