¿Qué pasaría si pudieras borrar todos tus pecados y tus errores? ¿Seguirías siendo tú mismo o cambiarías radicalmente? Estas mismas preguntas se las formuló el escritor mexicano Francisco Gerardo Haghenbeck en Simpatía por el diablo, su última novela, continuación de El Diablo me obligó.

“Siempre había querido crear un investigador paranormal con el folclore y la mitología de México, pues es maravillosa. Unir la mitología judeocristiana española de ángeles y demonios, con la prehispánica”, comparte Haghenbeck al preguntarle sobre cómo se le ocurrió el personaje de Elvis Infante, quien se gana la vida capturando demonios, ángeles caídos y otros seres fantásticos.

Ciudad de México, 31 de octubre (SinEmbargo).- ¿Qué pasaría si pudieras borrar todos tus pecados y tus errores? ¿Seguirías siendo tú mismo o cambiarías radicalmente? Estas mismas preguntas se las formuló el escritor mexicano Francisco Gerardo Haghenbeck en Simpatía por el diablo, su última novela.

“También estamos hechos de errores, de maldad, de equivocaciones. Mis personajes suelen tener matices, pero especialmente en estos libros su moral es muy ambigua. A fin de cuentas, son una metáfora del bien y el mal. Entonces pasan cosas como el sacerdote que se acuesta con una mujer casada, o el protagonista que hice algo terrible, pero a la vez tiene unos códigos morales muy rígidos. Quería que tuvieran esta característica porque creo que así es el mundo. Así somos todos un poco”, confiesa el autor en entrevista para Puntos y Comas.

En esta continuación de El Diablo me obligó (libro ganador del Premio Nocte a la mejor novela de terror en 2013), Elvis Infante -quien se gana la vida capturando demonios, ángeles caídos y otros seres fantásticos- se dirige a bordo de su coche hasta Tijuana, con una nueva droga que exime de todos los pecados a quien se la inyecte. Este cargamento especial lo convertirá en blanco de muchos, sobre todo del misterioso grupo religioso El Cónclave.

UN INVESTIGADOR PARANORMAL MUY MEXICANO

“Siempre había querido crear un detective o investigador paranormal, pero teniendo todo el folclore y la mitología de México, pues es maravillosa. Unir la mitología judeocristiana española de ángeles y demonios, con la prehispánica”, comparte Haghenbeck al preguntarle sobre cómo se le ocurrió el personaje de Elvis.

“Quería un personaje carismático de novela negra, pero muy mexicano: moreno, de barrio, con mucha chispa. Un investigador de lo paranormal en México no sería como todos los demás. Elvis es pragmático… sí, sí le va a sacar el diablo a la gente, pero luego lo va a vender en el mercado negro o lo pondrá a pelear, como en la peleas de gallos o de perros, para sacarse una lana. Creo que nos representa bien. Esto es lo que lo vuelve entrañable”.

Acerca de sus influencias, este escritor comentó que siempre le ha gustado la llamada “literatura urbana oscura”, similar a lo que hacen autores de historieta como Neil Gaiman y Alan Moore. También cita cuentos como “El sabueso de los Baskerville”, de Arthur Conan Doyle, como un legado en su narrativa. Pero sobre todo, esta saga tiene vasos comunicantes con Operación Bolívar, cómic del mexicano Edgar Clement: “El protagonista de Clement caza ángeles y el mío caza demonios. Incluso podría decir que viven en el mismo universo. A veces él hace guiños de mi trabajo en sus viñetas y yo hago guiños del suyo en mis libros”, afirma.

Foto: Nadia Virgilio

Además, subraya su predilección por combinar géneros literarios: “Yo creo que el futuro de la novela negra está en mezclar los géneros, y hoy en día ya se combinan bastante. John Connolly escribe novela negra con elementos paranormales. También puede ser una novela negra muy social o futurista, como las de Philip K. Dick”.

DE EXORCISMOS, ÁNGELES Y DEMONIOS: UN ATEO OBSESIONADO CON LA RELIGIÓN

Como muchas ironías de la vida, para un auto proclamado ateo como Haghenbeck, la religión no podría ser más nauseabunda y fascinante a la vez. Entre risas y bromas de humor negro, el autor mexicano revela: “Soy ateo, pero tuve una educación religiosa. Los padres no me tocaron porque estaba muy feo y gordito, pero de mis compañeros sí abusaron”.

“Crecí en una familia muy religiosa, y por tanto creo que estoy obsesionado con la religión. Creo que la religión ha hecho mucho daño a la humanidad, pero he encontrado que la mejor manera de combatirla es con humor y sátira en estos libros de aventura”, agrega.

Escribiendo los dos libros, Haghenbeck descubrió que en todas las religiones hay tres cosas en común: ángeles, demonios y exorcismos. Aunque asegura que para el desarrollo de este libro la investigación fue mucho más ligera que en sus trabajos previos (El libro secreto de Frida Kahlo, La Primavera del Mal sobre el orígen del tráfico de drogas en México, etc.), buscó que los datos presentados fueran lo más apegados posibles:

“En el nuevo libro hay un exorcismo tailandés. Me puse a investigar cómo eran estos y siempre debe haber un animal, normalmente escogen a un gato. Supuestamente pasan el demonio de la persona poseída al animal, y al final lo matan para que ahí mismo se cierre el ciclo. De acuerdo con los tailandeses, si el poseído te muerde o lo tocas, se te pasa el demonio. En el caso de un exorcismo musulmán, éste tiene que ser en un templo, sólo con base en cánticos. Los videos están prohibidos y por eso no hay evidencias. Me parece muy interesante que en todas las culturas haya exorcismos y demonios”, detalla.

Para abonar a la ironía y muy a su pesar, este autor se casó por la iglesia, pues su esposa es católica. Este dato es relevante porque quien ofició su ceremonia de unión, le ayudaría tiempo después con su investigación:

“Para el primer libro, publicado hace una década, estuve asesorado por el sacerdote que me casó: el padre Benjamín, de Tehuacán, Puebla. Él era de los pocos sacerdotes con permiso para hacer exorcismos, pues no todos están autorizados (en México hay como cuatro o cinco nada más). Me platicó todo lo que vivió y de este relato extraje muchos elementos que también aparecen en la serie. El exorcismo de Nancy, por ejemplo, es prácticamente como él lo relató”.

Para Haghenbeck también era importante tener presente la idea del “bien” y el “mal” en ambos libros. Sobre esto cuenta que: “El concepto religioso del bien y el mal, toda nuestra culpa y redención, tiene su origen en los desiertos de Afganistán, que fue cuna de la mayor parte del esoterismo de Oriente y Occidente. Para los griegos, no había dioses buenos y dioses malos, eran indistintos, todos tenían orgías e hijos por todos lados sin importarles. Ahora en la iglesia católica, los conceptos están totalmente separados.

DEL PAPEL A LA PANTALLA

Haghenbeck es un autor de género bastante conocido y respetado, pero sin duda la serie Diablero lo volvió a poner en la conversación luego de que Netflix adaptara su obra. Le pregunté si consideraba que el formato audiovisual y el guión habían captado la esencia de sus libros y sus personajes. Me respondió:

“No tuve nada que ver en la creación de la serie, pero creo que respetaron dos cosas fundamentales: la esencia del libro y las características del personaje principal, en físico y personalidad. Creo que con esto, la serie mantiene el espíritu que yo quería transmitir en mis novelas. Además, también me gustó lo que le aumentaron en la serie. Lógicamente un libro no da para una serie de ocho capítulos, tienes que expandirlo”.

“Horacio García Rojas, el actor que interpreta a Elvis en la serie, es tal cual lo imaginé. En la serie es muy chilango, en el libro es más pocho, más de la frontera. Pero siguen teniendo las mismas características. En el caso del padre, sí se tomaron algunas libertades; en la serie es más guapo y joven y en mi libro tiene 40 años. Este personaje me gusta porque es un tipo que duda de su fe, tiene una crisis, lo cual sí respetan en la serie. Otros personajes también son presentados más jóvenes en la serie, lo cual creo que funciona muy bien”, concluye.

El escritor explica que el desarrollo de la serie fue un proceso muy largo, pues desde el 2008 comenzaron a planearla. Originalmente todo iba a ser filmado en Los Ángeles y al principio ni siquiera la iba a hacer José Manuel Craviotto. Pasó por varias manos de directores y también se realizaron diversos guiones. Pero al final, el resultado fue mejor de lo que esperaba quien diseñó este universo de diableros mexicanos.

EL ADVENIMIENTO DE UN BOOM PARANORMAL

Para finalizar nuestra conversación, la pregunta sobre la literatura de ficción en México era obligada. Haghenbeck se mostró esperanzado en los nuevos horizontes del género de fantasía y terror en América Latina y, de paso, destacó a algunos autores y autoras.

“Hay muy poca literatura de ficción en México, pero creo que tenemos raíces muy profundas en este género y deberíamos explotarlas. Hay dos o tres escritores de culto maravillosos, que el Fondo de Cultura Económica ha rescatado, pero actuales pienso en Bernardo Esquinca y Viviana Camacho. Por supuesto, no podemos olvidar a la autora argentina Mariana Enríquez, que recientemente ganó el Premio Herralde de Novela, convocado por Editorial Anagrama, por su libro Nuestra parte de noche, un relato de terror raro, politizado, hermoso. Ella es una gran escritora, a mí me encanta”.

“Mi siguiente libro justo es de terror y politizado totalmente. Trata sobre los campos de concentración que hubo aquí en México en la Segunda Guerra Mundial. A toda persona que tuviera apellido alemán los metían; fueron entre 500 y 600 personas que tuvieron encerradas en el frío, y abandonados. Quiero rescatar ese tema dentro del género, pues el terror viene muy fuerte próximamente”.

El autor agrega que las líneas se suelen difuminar, no todo debe estar enmarcado: “No olvidemos que también hay obras que nos dan miedo, sin ser necesariamente de terror. O historias que tienen elementos del terror, pero no están diseñadas para provocar miedo. Como Aura, que tiene una trama intelectual, es una metáfora, ¡no es una historia de fantasmas! Con Pedro Páramo pasa igual”.

Con un brillo en los ojos, Haghenbeck da su pronóstico final sobre este nicho de literatura en nuestro país: “Es cierto que no se aprecian estos géneros en México. No solamente con la novela de terror, todos los subgéneros han sido vistos como literatura menor: la ciencia ficción, la fantasía y el noir o policiaco. Lo ha despreciado cierto círculo intelectual en México, pero creo que ya está cambiando la visión. Viene un boom de literatura latinoamericana paranormal”, augura el Diablero mayor.