¿Estrés bueno o malo? La clave para entender cuándo impulsa o afecta según la UNAM

25/03/2026 - 4:27 am

El estrés cotidiano en grandes ciudades puede ser positivo o negativo, dependiendo de su duración e impacto en el organismo, advirtió una especialista una de la UNAM.

-Con información de Aranza Estrada

Ciudad de México, 25 de marzo (Sin Embargo).- En México el estrés forma parte de la rutina de miles de personas, así lo advirtió Ingrid Vargas Huicochea, coordinadora de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien señaló que este fenómeno está presente en distintos ámbitos, especialmente en grandes ciudades como la Ciudad de México (CdMx), donde factores como las aglomeraciones, la contaminación —tanto del aire como del ruido— y el tráfico constante influyen en su aparición.

“Por ejemplo, cuando nos vamos a casar o graduar, tenemos muchos estresores, pero también estamos muy motivados y emocionados, o sea, experimentamos un eustrés; al contrario, si enfrentamos un asunto legal durante un largo tiempo, sufrimos un distrés, el cual puede ir acompañado de ansiedad, angustia, miedo o depresión”, explicó Vargas Huicochea en una entrevista para UNAM Global TV.

En este sentido, la especialista destacó que, si bien el estrés en periodos breves puede funcionar como un impulso que motiva y activa a las personas, cuando se prolonga en el tiempo puede derivar en afectaciones a la salud, como ansiedad, depresión, agotamiento e incluso padecimientos cardiovasculares y cerebrovasculares.

El doble rostro del estrés

En la Facultad de Medicina de la UNAM, un equipo encabezado por Ingrid Vargas Huicochea analizó la salud emocional de estudiantes y profesores que buscan atención especializada. Desde esta perspectiva, subrayaron que el bienestar y enfermedad mental no son excluyentes.

“Es falso pensar que si alguien padece una enfermedad mental ya no puede experimentar bienestar. Se puede tener un padecimiento mental y también un buen nivel de bienestar”, apuntó la especialista.

En la vida diaria, diversas situaciones pueden detonar tensión; sin embargo, esta se vuelve problemática cuando persiste por largos periodos o cuando existe una susceptibilidad individual que impide recuperar el equilibrio. En esos casos, el impacto alcanza tanto la mente como el cuerpo.

“Cuando una persona padece un estrés prolongado o patológico, el cortisol no desaparece y, cómo determinadas áreas cerebrales son particularmente sensibles a él, algunas funciones mentales, entre las cuales destacan la atención, la concentración y la memoria, comienzan a deteriorarse. Cuando este deterioro progresa, la parte emocional también puede alterarse”, añadió Vargas Huicochea.

Las personas que desarrollan ansiedad suelen experimentar preocupación constante, nerviosismo y cambios en el estado de ánimo; en tanto, la depresión puede manifestarse con desánimo, alteraciones del sueño y del apetito, pérdida de interés y pensamientos negativos persistentes.

“Quienes se inclinan hacia la depresión, además de fallas en la memoria, atención y concentración, presentan ánimo decaído (y, a veces, también irritabilidad), alteraciones en los patrones del sueño (normalmente, insomnio, pero también, en algunos casos, hipersomnia o somnolencia diurna excesiva) y en el apetito (normalmente hiporexia o falta de apetito, pero también, en algunos casos, hiperorexia o apetito exagerado), desinterés por actividades que antes disfrutaban mucho, pensamientos de desesperanza, sentimientos de minusvalía y culpas irracionales, todo lo cual repercute negativamente en su funcionamiento”, detalló la Coordinadora de la UNAM.

Además, cuando esta condición se prolonga, puede favorecer problemas físicos como alteraciones cardiacas, aumentos en la presión arterial, afecciones cutáneas y trastornos digestivos.

Claves para enfrentar el estrés

Para evitar que la tensión cotidiana se convierta en un problema de salud, la especialista Ingrid Vargas Huicochea plantea una ruta clara basada en tres acciones:

  • Reconocer los factores que la detonan.
  • Observar cómo reacciona cada persona ante ellos.
  • Evaluar si esas respuestas favorecen o perjudican el bienestar.

Entre las alternativas disponibles, destacó opciones como la actividad física, la meditación o el yoga, además de recursos accesibles tanto presenciales como digitales. En caso de que estas estrategias no sean suficientes, subrayó la importancia de buscar apoyo profesional.

Asimismo, advirtió que el estrés sostenido puede derivar en ansiedad y manifestarse con síntomas físicos diversos, como dolores musculares, palpitaciones, dificultad para respirar o sensaciones de entumecimiento. Incluso, algunos cuadros pueden generar temor a padecer un problema cardiaco.

“Y cuando esta sensación se tiene en el brazo izquierdo y se suma al dolor en el pecho y a la dificultad para respirar, la ansiedad crece todavía más… Afortunadamente, la mayoría de las veces no ocurre esto”, concluyó la académica Ingrid Vargas.

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Redacción/SinEmbargo

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