Ciudad de México/Pekín, 15 de mayo (SinEmbargo).– El 7 de noviembre de 2024, todavía con el shock del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Brittney McNamara, directora de reportajes de Vogue Teens, una famosa revista destinada a las adolescentes, narró su asombro por la flagrante misoginia que proliferó en internet tras la reelección presidencial.
“Donald Trump, un delincuente convicto declarado culpable de abuso sexual, fue reelegido para su segundo mandato, e incluso antes de que se anunciaran los resultados de las elecciones, los misóginos comenzaron a proclamar abiertamente su odio hacia las mujeres en internet”, escribió. McNamara es una joven periodista muy galardonada.
Su texto recupera algunas de las expresiones más violentas contra las mujeres en un momento en el que se hablaba hasta de “escuadrones de violadores”. Cita al supremacista blanco Nick Fuentes, quien escribió el 5 de noviembre, horas después de la elección: “Tu cuerpo, mi elección. Para siempre”. Brittney McNamara explica que se trata de un grito de guerra misógino que se ha extendió desde entonces como la pólvora entre los jóvenes en línea.
Fuentes difundió esta idea en un video donde decía: “Oye, perra, controlamos sus cuerpos. ¿Adivina qué? Los chicos ganan otra vez, los hombres ganan otra vez, y sí, controlamos sus cuerpos”.
Nick Fuentes is a disgusting sick fuck who also said, “Your body my choice. Forever.” 😡 This is what the Conservative Party has become. https://t.co/sgXOIUgiO8
— Annie (@AnnieForTruth) November 5, 2025
La periodista cuenta que en la red social X, alguien con más de 100 mil seguidores, escribió: “Las mujeres amenazan con huelgas sexuales como LMAO [Brittney McNamara] como si tuvieran voz y voto”, y enseguida se burló de E. Jean Carroll, a quien Trump abusó sexualmente en la década de 1990. Y Andrew Tate, un influencer de la manósfera y autoproclamado misógino, dijo el día después de la elección en Estados Unidos: “Hoy vi a una mujer cruzando la calle, pero no le quité el pie. ¿Derecho de paso? Ya no tienes derechos” y agregó: “Los hombres han vuelto a estar al mando”.
“Y en una publicación compartida de una mujer que decía que ‘pedía un Presidente que no fuera un violador’, Tate escribió: ‘SOLICITUD DENEGADA’. Estas son sólo algunas de las publicaciones misóginas, racistas, homófobas y simplemente llenas de odio de Tate. Y estos son sólo algunos de los mensajes abiertamente misóginos que inundan internet desde la elección de Trump”, detalla la periodista.
Los numerosos mensajes violentos e intolerantes que celebraban la victoria de Trump, señalando publicaciones que pedían la creación de “escuadrones de violación”, hablaban de “recluir a todos los homosexuales en campos de concentración”, exaltaban el “poder blanco” y amenazaban a la oposición de Trump.
“Que haya odio hacia las mujeres no sorprende. Es evidente en todos los niveles de nuestra sociedad, desde la prevalencia de la violencia sexual hasta la brecha salarial, pasando por la indiferencia ante el sufrimiento femenino, la falta de mujeres en puestos directivos y el hecho de que nunca hayamos tenido una mujer en la Casa Blanca. La misoginia contra las mujeres negras es particularmente frecuente: las mujeres negras sufren mayores índices de violencia, ganan menos dinero en promedio que sus homólogas blancas, ocupan menos puestos de poder, enfrentan mayores tasas de mortalidad materna y mucho más. Y que estos partidarios de Trump muestren un odio tan virulento hacia las mujeres tampoco sorprende, dada la prevalencia de la misoginia tanto en la propia campaña de Trump como entre sus seguidores durante la misma”, escribió Brittney McNamara, directora de reportajes de Vogue Teens.
La misoginia persiste
Tras las elecciones, los investigadores documentaron un alarmante aumento de la retórica y los ataques misóginos. Laura Barrón López, periodista de PBS, conversó con Cynthia Miller Idriss, profesora de la American University y directora del Laboratorio de Investigación e Innovación sobre Polarización y Extremismo de dicha universidad, sobre las causas de este repunte. En tan sólo 24 horas después del día de las elecciones, el Instituto para el Diálogo Estratégico registró un aumento del cuatro mil 600 por ciento en las menciones de los términos “Tu cuerpo, mi decisión” y “Vuelve a la cocina” en la plataforma de redes sociales X.
La pregunta es: ¿esto continúa? Helen Lewis, redactora de The Atlantic, escribe esta semana un amplio reportaje que incluye una entrevista con Douglas Wilson, un líder religioso cofundador de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas, con sede en Moscow, Idaho, con 170 iglesias afiliadas y quien tiene entre sus miembros al Secretario de Defensa, Pete Hegseth. Cuenta cómo Wilson “tiene una propuesta modesta para mejorar la vida estadounidense: quiere derogar la Decimonovena Enmienda, que otorgó el derecho al voto a las mujeres. En su sistema ideal, ‘lo haríamos en política de la misma manera que lo hacemos en la estructura de nuestra iglesia. Y es decir, votaríamos por hogar’”.
Wilson es, por supuesto, un promotor de Trump y de Maga. La respuesta a la pregunta es clara: la misoginia continúa entre los seguidores del Presidente de Estados Unidos y, de hecho, se ha pronunciado.

Helen Lewis hace un ajuste a lo que denunciaba años atrás Brittney McNamara, directora de reportajes de Vogue Teens. Dice que la misoginia de la ultraderecha estadounidense pro Trump esto no es sólo un movimiento de oportunistas que explotan una peculiaridad del algoritmo.
“En la última década, uno de los principales desafíos de la Nueva Derecha ha sido adaptar una ideología coherente al poder electoral de Donald Trump. El masculinismo ha sido un gran regalo, porque facciones con diferentes puntos de vista sobre, por ejemplo, el proteccionismo, Israel o las grandes tecnológicas, pueden coincidir en los excesos del feminismo y la necesidad de un retorno a los roles de género tradicionales. Lejos de ser un sistema de creencias marginal, el masculinismo se ha convertido en la fuerza más importante que une a la derecha estadounidense, reuniendo a una improbable constelación de pastores, activistas, senadores, predicadores, influencers, podcasters y fanáticos”, dice Lewis en su texto de The Atlantic.
“El movimiento MAGA suele presentarse como una reacción al primer Presidente negro [Barack Obama] y al creciente número de latinos. Sin embargo, el atractivo multirracial de la manósfera y la influencia que Trump tuvo en 2024 entre los jóvenes de minorías apuntan en otra dirección. ‘La gente me pregunta qué es lo que enfurece a la Nueva Derecha’, me comentó la autora Laura Field, cuyo libro, Furious Minds, describe los fundamentos intelectuales del trumpismo. ‘Y creo que una buena forma de resumirlo es que están furiosos por la pérdida de estatus que han sufrido en la sociedad durante los últimos años y por las élites que lo propiciaron. Y creo que la versión más concisa es que son las mujeres. Son las mujeres quienes les arrebataron su estatus’”, detalla.

La periodista dice que una de las afirmaciones centrales del masculinismo es que nadie habla de los hombres. “¡Muy cierto! Los problemas de los hombres no se discuten en el libro de 2023 del Senador Josh Hawley, ‘Manhood: The Masculine Virtues America Needs’. No se discuten en el documental de Tucker Carlson, ‘El Fin del Hombre’. No se discuten en la gran cantidad de libros cristianos disponibles en Amazon con títulos como ‘Hombres para ese Trabajo’, ‘Cristianismo Masculino’ y ‘Es de Dios ser Hombres’, ni en sus contrapartes seculares, como ‘Por qué las Mujeres Merecen Menos’. No se habla de ellos en las redes sociales (que pueden estar muy segregadas por sexo) ni en algunos de los podcasts independientes más populares de Estados Unidos, como ‘Viuda Moderna’, ‘Huberman Lab’ y ‘El Diario de un CEO’”.
Durante décadas, detalla, “cada avance feminista en la vida pública estadounidense ha provocado una reacción igualmente fuerte. La primera ola de activistas por los derechos de las mujeres logró el sufragio femenino, frente a una oposición feroz y a veces violenta. Tras la segunda ola, que consiguió el Título IX y otras victorias legales contra la discriminación sexual, Phyllis Schlafly luchó con éxito contra la ratificación total de la Enmienda de Igualdad de Derechos. En la década de 2010, obsesionada con la identidad, todo el peso del mundo empresarial estadounidense se volcó en eslóganes simplistas como ‘El futuro es femenino’”.

“Esta ofensiva comercial inevitablemente convenció a algunos de que el progreso de las mujeres se había producido a costa de los hombres. Un estribillo que he escuchado repetidamente en los últimos años es que se hacía sentir a los chicos vergüenza de sí mismos, como si estuvieran manchados por algún tipo de pecado original. En estos años se ha producido una reacción contraria, con el abandono total del movimiento #MeToo, la euforia conservadora por la caída de Roe v. Wade y el regreso a la vida pública de insultos abiertamente sexistas, como ‘Cállate, cerdita’ [pronunciado por Donald Trump contra una reportera]”, dice el texto en The Atlantic.
Gulags de reproducción
El texto es muy amplio y concluye con la afirmación alarmante de que el trumpismo ha significado un retroceso a los derechos ganados por las mujeres en Estados Unidos. Y en internet, explica, “el masculinismo se presenta como una rebelión: un gesto de desafío transgresor hacia el establishment liberal, expresado con todas las palabras que un departamento de recursos humanos corporativo te prohibiría decir”.
“En los últimos años, se han filtrado conversaciones grupales que muestran a jóvenes republicanos y conservadores universitarios utilizando el sexismo, teñido de racismo, como mecanismo de cohesión. ‘Si tu piloto es mujer y parece diez tonos más oscura que alguien de Sicilia, simplemente termina ahí. Grita la palabra prohibida’, decía un mensaje en un hilo de Telegram utilizado por los líderes de las secciones de jóvenes republicanos en Nueva York, Kansas, Arizona y Vermont. (Varias participantes del chat eran mujeres). Richard Hanania, quien se describe a sí mismo como un exnacionalista blanco, llama a este tipo de señalización grupal ‘el Ritual de Base’, una forma para que los jóvenes entusiastas de MAGA demuestren su autenticidad entre sí”, detalla.

Entre la Generación Z, dice la periodista, el heredero intelectual del líder religioso Douglas Wilson es Nick Fuentes, justamente. Sus troles se conocen como “Groypers”. Autoproclamado nacionalista cristiano, antisemita y virgen, Fuentes ha construido una base de seguidores, en parte, mediante un lenguaje abiertamente misógino.
“Nuestro principal enemigo político son las mujeres, porque las mujeres lo limitan todo, todas las conversaciones, todos los hombres, todo”, dijo Fuentes en una transmisión en vivo a principios de este año. Añadió: “Así como Hitler encarceló a gitanos, judíos, comunistas —a todos sus rivales políticos—, tenemos que hacer lo mismo con las mujeres”. Sugirió que fueran enviadas a “gulags de reproducción. Las buenas serán liberadas. Las malas trabajarán en las minas eternamente”.
“La retórica de Fuentes muestra cómo esta visión del mundo basada en el género puede entrelazarse fácilmente con otros prejuicios. ¿Hombres homosexuales? Afeminados, desinteresados en los deportes, por lo tanto, poco masculinos. ¿Judíos? Inteligentes en lugar de atléticos; también poco masculinos. ¿Profesores universitarios? Posmodernistas de cuello delgado; también poco masculinos. ¿Personas trans? Inevitablemente degeneradas. ¿Musulmanes? Una fuerza invasora de violadores. ¿Hombres negros? Matones de los que las mujeres blancas deberían ser protegidas (si tan sólo se sometieran al patriarcado). Casi todas las facetas del derechismo contemporáneo en línea pueden ser refractadas a través del prisma del género”, concluye Helen Lewis, periodista y además autora de varios libros sobre la historia del feminismo.



