Por Edith del Carmen
Ciudad de México, 8 de marzo (SinEmbargo).- En casi todas las comunidades alrededor del mundo, existe un sistema de creencias que incluye la presencia de amuletos. Estos objetos, por lo general, se piensa que poseen una especie de aura protectora que ayuda a quien lo porta a que no corra ningún peligro. ¿Quién no ha visto a un bebé con un listón rojo, para que no le hagan “mal de ojo” o un San Benito para proteger a alguien de las tentaciones?
La revista-libro núm. 131 de Artes de México está destinada a estos amuletos que han logrado permanecer en el tiempo y que, en nuestros días, tienen la misma
carga simbólica que nuestros antepasados les destinaron. La revista-libro Amuletos hace un recorrido antropológico, cultural e histórico por estos objetos que han pasado de generación en generación.
Cargados de energía
Las comunidades del México antiguo creían en objetos cargados de energía que les ayudaban a cuidar el ganado, la siembra, a los bebés, curar a los enfermos, alejar las malas vibras, atraer el amor, el dinero, la abundancia y todo lo que desearan. Por lo general, se trataba de artículos pequeños y fáciles de tener en el bolsillo o colgados en el cuerpo para proteger o atraer algún beneficio.
Los fenómenos culturales le han entregado un papel muy importante a los amuletos, pues la gente concentra sus esperanzas, frustraciones y creencias en ellos y, como menciona Plinio, “a cualquier cosa siempre y cuando cumpla con su objetivo que es el de proteger”. Como lo indica el texto introductorio de la revista, “Objetos de protección”, son amuletos con poder apotropaico –capacidad atribuida a objetos, ritos, oraciones o símbolos para alejar el mal, la desgracia, el "mal de ojo" o las malas influencias– donde las supersticiones se alimentan de una continua mezcla de magia y religión que sugestiona los rincones más remotos de nuestra psique y muchas veces nos dejamos llevar por estas creencias.

El pajarito de quereres
En esta edición también encontramos un capítulo dedicado al colibrí titulado, “Plumas de colibrí y cascabel de víbora: Amuletos del mundo divino”, que explora cómo se le ha otorgado una carga simbólica clave a lo largo de la historia.
Esta ave diminuta era un amuleto muy famoso y poderoso, asociado a Huitzilopochtli, dios de la guerra, el Sol y patrón de Tenochtitlan. Se dice que durante los sacrificios humanos, un colibrí guiaba a las personas para que evitaran cometer errores en los rituales. Además, este pajarito no sólo cuenta con un gran poder al relacionarse con una deidad del mausoleo de la cultura mexica, sino que también se le considera como un amuleto en las artes del amor.
En la época prehispánica las alas del colibrí eran símbolo de fertilidad, abundancia, riqueza y poder; además, por su brillo, sus colores verdeazules y su aleteo fugaz era especial dentro de todas las comunidades de aves.
Con la cascabel se aleja el mal
Para las culturas precolombinas la víbora de cascabel era un amuleto muy importante para alejar las malas vibras de sus hogares. Este reptil, que para muchos
resulta tenebroso, era símbolo de protección para las familias nahuas. Se dice que al ser un animal de tierra y poseer una naturaleza ctónica –aquello que pertenece al mundo subterráneo o bajo tierra– adquiere la condición de ser térreo. Además, tiene algo que hace que las maldiciones y los peligros se alejen: su cascabel. Dicho sonido provoca miedo y aleja el mal, repele la maldad de hechiceros y concentra todo el peligro y agresividad de la serpiente. “A los brujos no los deja trabajar, los paraliza o no permite que a la persona le llegue el mal si anda cargando una sonaja de cascabel” (pág .29).

La mano de Fatma, protectora de la guerra
Parece curioso que en todo el mundo los amuletos fueron de gran importancia para eventos históricos importantes, como es el caso de la mano de Fatma. Árábes y
judíos usaron este objeto como protector de las casas de los habitantes de esos países, en el portón en los muros de Mogador se podía ver la mano con los cinco dedos para ahuyentar a los malos espíritus y proteger de la guerra a los habitantes.
Es un amuleto que protege de los conflictos y bendice a los hogares.
No sólo es la mano de Fatma la protectora de los hogares, también hay plantas, como el muérdago que en los tiempos celtas era un poderoso amuleto utilizado para
atraer buena fortuna, amor, prosperidad y fertilidad en los hogares. En el Sur de la India las mujeres dibujan figuras geométricas de arroz para proteger su casa.
Estos últimos amuletos demuestran que no siempre se tiene que andar cargando el objeto para estar protegido, sino existen muchas, plantas, piedras, figuras, y
alimentos que se quedan en casa para cuidarla.
Los poderes del amuleto
El amuleto carga historia, pasado y un sistema de creencias que muchas veces pasamos inadvertido; es recordar que tiene una carga simbólica importante en la
sociedad, y que representa una tradición. A través de ellos nos podemos dar cuenta de que el país de los amuletos es todo el mundo, y que en Europa y América jugaron un rol importante en la sociedad.
Los amuletos son objetos universales que protegen a los que deciden creer. Ignoramos que a lo largo de la historia éstos servían o sirven como un recipiente para cargarlos de nuestra fe, esperanza, y buena fortuna. No solo son objetos ancestrales, sino que cuentan la historia de sus pueblos; nos revelan la tradición, la historia, y la cultura de cada región del mundo.




