Inicia el Mundial 2026: Una fiesta de codicia, exclusiones, racismo y prohibiciones

11/06/2026 - 5:00 am

La competencia abre sus puertas, pero no para todos. Así es el negocio de la organización que cambió la fiesta del futbol.

Ciudad de México, 11 de junio (SinEmbargo).- Hoy finalmente rueda el balón. El silbatazo inicial del  Mundial 2026 marca el inicio de una nueva edición del certamen más importante del futbol internacional, pero también la consumación de una metamorfosis alarmante.

El torneo que alguna vez perteneció a la gente arranca con un amargo sabor a exclusión, donde el aficionado fue relegado para priorizar los millonarios ingresos de una “organización sin fines de lucro”. Y dónde el extranjero no es bienvenido en la casa del principal anfitrión.

Bajo la promesa de una Norteamérica unida, vendieron una utopía que se desmorona ante la realidad. La propaganda oficial no logra ocultar un sistema que infló los precios de forma obscena y convirtió el acceso en un lujo inalcanzable.

Este no es el Mundial de la inclusión, sino el de la avaricia de la FIFA y la hostilidad de un anfitrión del norte que recibe el torneo con filtros migratorios marcados por la sospecha y la segregación. Así comienza el Mundial más grande de la historia.

Boletos impagables, acusaciones de fraude y estadios con huecos

Estadio Azteca
Boletos impagables. FOTO: ROGELIO MORALES /CUARTOSCURO.COM

Una de las primeras señales de que este Mundial sería diferente a los anteriores, pero no de la forma como los aficionados lo esperaban, se dio cuando la FIFA publicó los precios de los boletos: un descarado aumento.

Cuando México, Estados Unidos y Canadá presentaron su propuesta de candidatura, aseguraron que el costo más alto de las entradas sería de mil 550 dólares. Fue mentira. El máximo órgano rector del futbol internacional dio a conocer los precios para la final y el valor máximo alcanzó casi los 11 mil dólares, en la primera fase.

En Qatar, una entrada para ver la final entre Argentina y Francia (considerado uno de los mejores partidos en la historia de la Copa del Mundo) registró hasta mil 600 dólares el de mayor precio.

Esto quiere decir que para el Mundial 2026, el precio de los boletos aumentó siete veces más tanto en comparación con el certamen pasado como con lo prometido inicialmente por los organizadores.

Sin mencionar que conforme fueron avanzando las fases el valor de las entradas fue aumentando y su cotización se dispara aún más en manos de los revendedores. Tampoco considerando las versiones Hospitality, una experiencia premium que se vende en cientos de miles de dólares.

branding fifa estadio ciudad de méxico
Acusaciones de fraude e investigaciones contra la FIFA por precio de boletos. Foto: Tomás Pérez de la Cruz, Cuartoscuro

El aumento de los precios de los partidos fue criticado inclusive por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien los calificó como “bastantes caros”, en una de sus conferencias de prensa de diciembre pasado. Hasta el mandatario estadounidense, Donald Trump, se expresó al respecto: “Yo no pagaría eso”, dijo el magnate republicano a principios de mayo.

A los aumentos de precio se suman las acusaciones de fraude contra la FIFA. Aficionados aseguraron haber comprado boletos en las primeras filas de los estadios, pero tras realizar el pago sus asientos fueron reubicados más atrás.

Resulta que el máximo órgano rector del futbol internacional bloqueó las mejores zonas de los estadios y modificó los mapas de los estadios para que estas privilegiadas fueran adquiridas únicamente a través de la opción Hospitality.

No es sorpresa que el Departamento de Justicia de Estados Unidos haya iniciado una investigación contra la FIFA. El organismo encabezado por Gianni Infantino habría aplicado métodos artificiales para encarecer las entradas de los partidos.

Antes que legales, las consecuencias de estas prácticas han venido de los mismos aficionados. En un país donde el futbol no es el deporte favorito –lo llaman soccer–, aún hay disponibles miles de boletos, incluyendo el partido debut de la selección anfitriona: el encuentro entre Estados Unidos y Paraguay en Los Ángeles.

Xenofobia y racismo: el tapete de bienvenida de Estados Unidos

Police ICE
Las selecciones llegan a Estados Unidos con la hostilidad de sus políticas migratorias estadounidenses. Foto: ICE

Mientras en México las selecciones son recibidas por multitudes festivas, sombreros de charro y hasta mariachi, en Estados Unidos son víctimas de revisiones profundas, largos interrogatorios e increíbles rechazos para ingresar al país.

Que el gobierno de Donald Trump se haya convertido en el anfitrión hostil del Mundial, no fue sorpresa para nadie. Su sello racista y xenófobo no podía pasar desapercibido.

La principal víctima ha sido la Selección Nacional de Irán. Desde que Estados Unidos e Israel comenzaron una serie de ataques contra los iraníes, la participación del equipo asiático en la justa mundialista estuvo en duda. No fue para menos.

Las autoridades futbolísticas persas exigieron que se les garantizara la seguridad durante su paso en territorio estadounidense. En respuesta, Trump recomendó al combinado iraní a mejor no asistir al Mundial “por su propia seguridad”.

Luego, Irán solicitó a la FIFA mover sus partidos a México, pero esta se negó y antes que buscar soluciones para la selección de Medio Oriente que se había ganado su boleto a la Copa del Mundo prefirió irse por la fácil y puso sobre la mesa sustituirla por Italia, la cuatro veces campeona de mundo que nuevamente no logró clasificar, pero esta se negó rotundamente.

La solución fue tener su concentración en Tijuana, Baja California, cerca de la frontera con Estados Unidos. Así tendría que moverse a Los Ángeles, en California, y a Seattle, en Washington, para sus partidos y luego regresar a territorio mexicano, lo que significará una complicada logística y un desgaste para la selección iraní.

Irán llegó a México
Irán tuvo que encontrar refugio en México para poder jugar el Mundial. FOTO: OMAR MARTÍNEZ / CUARTOSCURO.COM

Por si fuera poco, las autoridades persas han asegurado que las visas de muchos de los jugadores y cuerpo técnico iraníes no han sido aprobadas, además, denunciaron que las entradas de sus aficionados para los partidos de fase de grupo les fueron revocadas sin razón alguna.

Pero Irán solamente es la punta del iceberg. Otras selecciones, como Senegal –de África– y Uzbekistán –de Asia– han sido objeto de exhaustivas revisiones a su llegada a Estados Unidos. Estos filtros incluyeron uno a uno detectores de metales, vaciado de mochilas y equipaje, hasta la presencia de perros antidrogas y antiexplosivos.

En otros casos fueron más allá. Como el de Aymen Hussein, estrella de la Selección Nacional de Irak, quien fue detenido e interrogado por siete horas tras su llegada al aeropuerto de Chicago, mientras que uno de los fotógrafos del equipo estuvo retenido por 10 horas y luego no lo dejaron pasar al país.

También está el caso de Omar Abdulkadir Artan, el árbitro somalí que fue elegido como uno de los colegiados para el Mundial –y el primero de su país en la historia del torneo– luego de ser considerado el mejor de toda África, a quien le negaron los permisos para ingresar a Estados Unidos.

Entrevistado por The New York Times, Omar Artan dijo que fue interrogado por once horas, luego lo llevaron a una celda de detención donde estuvo varias horas más, para finalmente, ser subido a un vuelo de regreso, sin que se le informara los motivos por los que se le prohibía la entrada a territorio estadounidense.

Si eso pasa con figuras relevantes del futbol internacional, cuál será el infierno que están viviendo ya los aficionados que buscan ir a uno de los 78 partidos que albergará Estados Unidos para la Copa del Mundo.

Al respecto, la FIFA no ha hecho nada y se ha limitado a decir que no tiene control sobre los filtros que cada gobierno pone para ingresar a su país, pese haber prometido que esto no ocurriría. Pero que se puede esperar de una organización que entregó un premio de la paz a un personaje que en unos meses bombardeó a un país, secuestró al presidente de otra nación y amenaza constantemente con intervenir militarmente a su vecino del sur.

El Mundial de la prohibición: todo para la FIFA

Mundial 2026
La codicia de la FIFA. FOTO: EDGAR NEGRETE LIRA/CUARTOSCURO.COM

FIFA ha blindado su marca con un recelo que roza lo absurdo. A través de su manual directrices oficiales, la organización despliega un control absoluto y restrictivo sobre un abanico casi infinito que califica como "propiedad intelectual".

La consigna es tajante: si no eres un socio, licenciatario o patrocinador que desembolsó millones de dólares, debes de tener cuidado en cómo usas la marca del Mundial.

La “asociación sin fines de lucro” argumenta que la "exclusividad" en el uso de su marca es el único motor para financiar un torneo de 48 selecciones y 104 partidos. Aunque lo que realmente quieren es quedarse con todo el pastel de miles de millones de dólares para ellos solos.

La lista de elementos bajo el cerrojo de la FIFA es asfixiante. No solo se limita al logotipo oficial, el trofeo o el nombre del torneo; abarca términos y marcas denominativas de uso común como "FIFA", "FIFA World Cup", "Copa Mundial", "Mundial", e incluso las variantes en otros idiomas.

Tampoco se salvan los lemas oficiales como "Somos 26", los logotipos individuales de las ciudades anfitrionas, ni la mismísima tipografía oficial del torneo creada en exclusiva para el evento.

Las restricciones ahogan cualquier intento de vinculación comercial no autorizada, catalogándola de "ilícita". Los vetos detallados en el documento oficial exponen un panorama de control comercial extremo-

Empresas o marcas comerciales tienen prohibido utilizar la Copa del Mundo en cualquier tipo de publicidad o incluso el uso de hashtags en redes sociales con el fin de atraer atención, ya que es un derecho reservado únicamente a los patrocinadores.

La Presidenta confirmó 18 puntos para ver los partidos del Mundial 26 en la Ciudad de México.
Desde empresas y hasta aficionados deberán tener cuidado con el uso de la marca Mundial. Foto: La mañanera del pueblo

En bares, restaurantes y tiendas tienen prohibido el uso de las marcas oficiales como elementos decorativos en sus establecimientos. Tampoco se pueden fabricar ni vender artículos derivados que hagan alusión al Mundial. Inclusive, cualquier pantalla en un espacio público que pretenda transmitir los partidos del certamen debe someterse pagar una licencia obligatoria.

También queda prohibido usar entradas del Mundial para sorteos, loterías corporativas, subastas en línea o promociones de consumo no autorizadas bajo la amenaza de quien lo haga tendrá prohibido el acceso a los estadios.

Incluso la vestimenta de los aficionados dentro del recinto está bajo la lupa. Los asistentes no podrán mostrar ni vestir ropa, banderas o artículos con marcas visibles de terceros que pretendan crear una vinculación no autorizada Fuera de los estadios se prohíbe el reparto de artículos corporativos de marcas no patrocinadoras en las zonas colindantes los días de partido.

Aquel que tenga la osadía de desafiar a la FIFA se enfrentará a consecuencias inmediatas que impactarán los bolsillos de quien cometa tales ilegalidades.

Todo esto sin mencionar las prohibiciones que habrá en los estadios, como las botellas de agua, incluidas las reutilizables, esto a pesar del calor que se registrará previo, durante y después de los partidos –que en su mayoría se jugarán alrededor de mediodía–; así como las distancias que los aficionados recorrerán para llegar a los inmuebles y los altos precios de las bebidas –y alimentos– dentro de los mismos.

La avaricia de la FIFA es tal que inclusive ofrece, por 79 dólares, la opción de poner el nombre de los aficionados en las pantallas de los estadios previo a los partidos, un servicio que ya se agotó para el partido inaugural de México vs Sudáfrica.

Este Mundial pasará a la historia no por el espectáculo en la cancha, sino por haber desnudado la decadencia de una FIFA que prefiere estadios con huecos antes que boletos accesibles, y que tolera el racismo de sus sedes con tal de proteger sus ganancias.

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Rodrigo Gutiérrez González

Rodrigo Gutiérrez González

Periodista egresado de la FES Acatlán. Trabajo en medios desde hace más de una década. Me gusta molestar a los poderosos.

Lo dice el reportero