Las estimaciones de inflación y de crecimiento para 2017, realizadas por el Banco de México y la Secretaría de Hacienda, se han modificado en varias ocasiones durante los primeros cinco meses de este año. Y los cambios no muestran que el futuro mejore sino al contrario: las expectativas de inflación van a la alza, mientras que las de crecimiento son cada vez más bajas.

De acuerdo con analistas económicos y académicos, esta situación estaba prevista desde el año anterior: la inflación se desataría por el llamado “gasolinazo” y al no aplicarse un plan para reactivar el consumo y la inversión, ni los sectores económicos más importantes en la generación de empleo. Además, agregan, se preveía que el Gobierno federal soltaría gasto público para las elecciones de junio próximo, un dinero que, luego, se tiene que pagar de algún modo y que pesará también en las finanzas públicas para el próximo año.

El tiempo se acaba para que el Enrique Peña Nieto pueda dejar al país una economía saludable, y este factor –el del bienestar económico de las familias– puede ser uno de los que más impacten en el ánimo de los ciudadanos en la elección presidencial de 2018.

Ciudad de México, 10 de mayo (SinEmbargo).– Las estimaciones más recientes del Banco de México (Banxico) y de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) coinciden en que el rango de crecimiento de la economía mexicana se ubica entre 1.3 y 2.3 por ciento y lo que es un hecho es que en 2017 se crecerá menos que en 2016, cuando el Producto Interno Bruto (PIB) del país creció 2.6 por ciento.

Las proyecciones previas oscilaban entre un 2 y 3 por ciento y ese rango es ahora, para Hacienda, la expectativa para 2018; en tanto, el Banco Central lo estima de 1.7 a 2.7 por ciento.

La historia de este 2017 ha sido similar a la de años anteriores: cada determinado tiempo las estimaciones se modifican… y esos cambios han sido siempre a la baja.

Con la inflación, en cambio, la tendencia ha sido a la alza.

El pasado abril, el Banxico presentó los resultados de la encuesta realizada a diversos analistas, los cuales elevaron su estimación de inflación de 5.39 por ciento a 5.56 por ciento para este año.

Sin embargo, desde los primeros días de enero, con el efecto del aumento en el precio de las gasolinas, se alertó que el límite de inflación de Banxico, que era máximo 4 por , rozaría el 6 por ciento y llegaría incluso a 7 por ciento. Esto por el dólar y los gasolinazos.

Si México creció menos en 2016, debido a menor inversión interna y productiva, un freno en la producción industrial y la informalidad laboral, la desaceleración en el consumo interno en 2017 y la carencia de una política que reactive la economía nacional complican el panorama en el último año que Enrique Peña Nieto gobernará en su totalidad.

Analistas y académicos agregaron un factor más: los procesos electorales de 2017 y 2018, y el mal uso de dinero público que el Gobierno federal pueda hacer con el fin de asegurar victorias.

De acuerdo con Jorge Gordillo Arias, analista de CI Banco, las campañas de este y del siguiente año sí pueden afectar el crecimiento, ya que pueden enfatizar el tema de la corrupción y agudizar el mal manejo de las finanzas públicas.

“Eso es lo que explica la desconfianza de los empresarios y de los consumidores, y eso ha afectado la economía, la percepción del crecimiento. Ha desinflado al Gobierno federal que venía con mejores expectativas en 2016, pero que se fueron desinflando desde mediados de año. La economía sigue estancada y la inflación le ha pegado más al consumo, que es el que nos termina manteniendo con un crecimiento de más del 2 por ciento. De alguna manera, la percepción ha minado al crecimiento económico”, comentó en entrevista con SinEmbargo.

En tanto, Alfredo Bravo Olivares, académico y especialista en Economía Política de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), consideró que las elecciones del próximo junio y la federal de 2018 vendrán a modificar el modo en que actúa el Gobierno federal porque éste carece de un criterio de racionalidad.

“En este momento están destinando muchos recursos para beneficiar a los partidos, a todos, con el fin de impactar en los procesos electorales… y ya lo estamos viendo en el Estado de México. Ese gasto que se está haciendo, irracional, es un desperdicio de recursos y nos va a impactar a la larga. No lo vamos a ver reflejado en este periodo ni en el año siguiente, sino a finales de 2018 y en 2019, cuando todo este recurso que se desperdició tenga que ser pagado, porque se adquirió a través de deuda o de huecos en los presupuestos o déficit que se generan sobre la base de la política electorera”, explicó Bravo Olivares.

Desde noviembre del año pasado, la calificadora Moody’s también recortó su proyección sobre el crecimiento del PIB del país a 1.4 por ciento para 2017 y de 2 por ciento en 2018.

Luego, en enero de este año, alertó que México continuaría con la calificación A-3 con perspectiva negativa que se decretó desde marzo de 2016, durante aproximadamente 24 meses, más de lo que normalmente puede durar esa calificación.

Las causas de esa duración, además del efecto por la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos y las posibles cargas arancelarias que pueda imponer, era precisamente el año electoral. Los analistas de la calificadora destacaron que las elecciones podrían influir en los resultados fiscales y generar presión por gastar antes del proceso electoral –que involucra a tres entidades: Estado de México, Coahuila y Nayarit– debido a la baja popularidad del Gobierno de Peña Nieto.

SE CONSTRUYE DESDE EL FRACASO

Para Gordillo Arias, analista de CI Banco, 2017 pinta para ser un año igual que los anteriores, con crecimiento débil. Además observa que cada vez hay menos oportunidades de esta administración para cerrar el sexenio con buenos números.

“No hay ahora una expectativa que nos garantice o haga ver que la economía vaya a crecer más que lo que creció el año pasado o en años anteriores. Lo único que tenemos es una mejor visión de lo que teníamos a principio del año, cuando estábamos muy asustados por las decisiones de la administración de Trump en la Casa Blanca. Con el tiempo hemos mejorado. La expectativa es muy cercana al 2 por ciento por los problemas internos en la economía. Lo que tenemos en esta administración federal son crecimientos pobres , lejanos a lo que se nos prometió en 2012”, destacó Gordillo.

El analista económico y financiero agregó que por lo menos habría que pedirle al Gobierno mexicano que por los menos cierre el año y el sexenio lo más estable posible en torno a la la economía, ya que en otro tipo de temas ya se quedó muy corto.

Entre las consecuencias que observa está el descontento o el desánimo social que podría afectar en las elecciones del año que entra.

A finales de marzo, la Secretaría de Hacienda redujo 0.7 puntos porcentuales su estimación de crecimiento económico en México a un rango entre 1.3 y 2.3 por ciento para 2017, debido a la incertidumbre generada por posibles cambios en las políticas del Gobierno de Estados Unidos.

Por su parte, el Banco se México situó los problemas de inseguridad como otro de los factores que impedirían el crecimiento previsto.

De acuerdo con el economista Bravo Olivares se puede esperar que se desacelere aún más la economía mexicana porque no hay ningún sector productivo que pueda significar un arranque económico, y no hay una política reorientada a reactivar la economía interna, por lo que no se puede pensar en un crecimiento.

“No hay ningún elemento que permita pensar lo contrario. De una u otra forma hay ciertos impactos. Al final no fue tan fuerte el impacto de las empresas que se iban a ir de México tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, pero hay algunas que lo hicieron y hay que esperar a que inicie la renegociación del TLCAN porque generará un impacto evidente en la economía mexicana. La moneda aún está en el aire y no hay nada definido, y sólo queda esperar el resultado y el impacto”, comentó Bravo.

LAS CONSTANTES MODIFICACIONES

Mientras, los efectos de una economía débil y de una inflación alta, que comenzaron a ser perceptibles a inicios de año, son factores que ya impactan al salario de los mexicanos.

Por años, el Banxico argumentó que una de las principales razones por las que no podía aumentar el salario mínimo es porque se desataría la inflación. Pero para enero, el aumento del precio de la gasolina fue el factor que reventó el límite de 4 por ciento previsto por esta entidad, ya que los nuevos precios podrían provocaron una oleada de aumentos en toda la cadena productiva.

“Las expectativas que generaron de inflación se hicieron sobre la base de un escenario que ellos crean de manera ficticia, donde hay muchas variables y muchos elementos que no consideran. En el día a día vives el incremento de los precios. Por ejemplo, el precio del gas. Un tanque de gas de 20 litros tenía un costo de 270 pesos al 31 de diciembre de 2016. Para enero, ya el tanque costaba alrededor de 300 pesos o 330 pesos. Es un incremento de hasta 60 pesos en un periodo corto y el gas es parte de la cotidianidad de la gente”, comentó Bravo Olivares.

Por su parte, Gordillo Arias explicó que los aumentos que rompieron la tendencia de inflación se dieron principalmente por un choque de tarifas y no por una economía sobrecalentada.

Todo mundo incrementó precios porque subieron el precio de las gasolinas a un nivel inesperado y ahora vemos la cola del aumento, razón por la que en algún momento, a mediados de año, la inflación podría acercarse al 6 por ciento o superarlo.

“Los efectos fuertes ya pasaron y estamos viendo sólo la cola. Quizá no hemos visto el final, quizá el 6 por ciento se supera, pero bajará de nueva cuenta. La expectativa es que para el año que entra el efecto será el contrario, porque al momento de comparar con precios que ya aumentaron mucho, veremos bajas rápidas. Quizá para los primeros meses de 2018 veremos niveles menores del 4 por ciento”, agregó.

“Siempre es un avance respecto al deterioro profundo que ya existe en la economía, se parte del profundo deterioro en el que tienen a la economía para decir que tienen un avance sobre la base del retroceso extremo al que nos han llevado y pareciera que hay una recuperación, pero esta no es real. Porque el acumulado ya está ahí y los precios no bajan. Sólo comparan con un periodo en que fue menor, pero el acumulado ya está ahí y ya impactó en el poder adquisitivo de la gente, que no puede comprar lo mismo que compraba antes”, sostuvo Bravo Olivares.

“No parten del hecho de que nos han llevado a un deterioro terrible”, concluyó el académico.

En abril, el Banco de México elevó su estimación de inflación de 5.39 por ciento a 5.56 por ciento para el 2017; mientras que el pronóstico para el 2018, prevé que concluirá en 3.88 por ciento, también por arriba de la estimación previa de 3.86 por ciento.