López Obrador restó importancia de una intervención del Gobierno de Estados Unidos en el proceso electoral de 2018 para que evitar que él llegue a ocupar la Presidencia de México y sostuvo que de ser así “no lo van a lograr” porque serán los mexicanos quienes lo elijan. En 2006, cuando la Embajada de Estados Unidos en México reportó a Washington que la mayoría de las encuestas daban al dos veces candidato presidencial como el ganador, el gobierno de George W. Bush discutió internamente diferentes escenarios que pudieran impedir su victoria.

Washington, 15 de marzo (SinEmbargo).– El aspirante a la presidencia por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, descartó ser usado como “moneda de cambio” por México y Estados Unidos en la futura negociación del convenio comercial.

“No, porque es una decisión soberana que se va a tomar el año próximo. Van a ser los mexicanos [quienes me elijan]”, respondió a la pregunta de la corresponsal respecto a la posibilidad de que los servicios de inteligencia estadounidenses, con la anuencia del gobierno de Enrique Peña Nieto, intervengan directa o indirectamente para impedir su triunfo electoral.

–¿No teme que hagan todo lo posible para truncar su elección?

–No lo van a lograr. Hay una canción que canta Amaury Pérez que es preciosa la canción. ‘No lo van a impedir’. Escúchala. Qué canción tan bella. Así va a ser.

Con ese tono despreocupado, López Obrador restó importancia a la eventualidad de una intervención estadounidense en el proceso electoral mexicano no muy diferente a la manera como la inteligencia rusa ayudó a sabotear, a través de filtraciones de correos electrónicos, el triunfo de la aspirante demócrata Hillary Clinton.

En 2006, cuando la Embajada de Estados Unidos en México reportó a Washington que la mayoría de las encuestas daban a López Obrador como el ganador, el gobierno de George W. Bush discutió internamente diferentes escenarios que pudieran impedir su victoria. A la fecha, no hay pruebas de que Washington haya intervenido.

Para el Partido Republicano, organizaciones académicas conservadoras y medios de derecha influyentes en la Casa Blanca, López Obrador es un populista de extrema izquierda antagónico al proyecto de nación de Trump.

El dos veces ex candidato presidencial ofreció una conferencia de prensa en el Club Nacional de Periodistas, a escasas dos cuadras de la Casa Blanca, al final de una gira que lo llevó a reunirse con inmigrantes mexicanos en varias ciudades estadounidenses, incluido Nueva York.

Su vista a Washington fue para presentar una denuncia suscrita por más de 12 mil personas–mexicanos y estadounidenses-ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos.

En la rueda de prensa, López Obrador explicó que el objetivo de la denuncia es combatir en instancias internacionales las dos órdenes ejecutivas emitidas el 25 de enero por Trump, denominadas “Mejorar la Seguridad Pública en el Interior de los Estados Unidos” y “Mejoras en la Seguridad Fronteriza y en la Inmigración”.

El documento, redactado y firmados por abogados, sostiene que las ordenes ejecutivas violan la presunción de inocencia, desconocen el derecho de asilo, ignoran el debido proceso, omiten las protecciones relativas a los niños migrantes, poseen un contenido discriminatorio, homologan delitos graves con faltas menores, fomentan la expulsión colectiva de extranjeros sin atender a las condiciones particulares de cada caso y atropellan el Jus Cogens internacional.

“Procedemos legalmente ante la ausencia completa del gobierno mexicano”, dijo López Obrador ante la prensa. “Peña Nieto está actuando de manera sumisa y sin hacer valer los derechos humanos de los migrantes”.

PEÑA “SE DEJÓ SOBAJAR”

La presencia de López Obrador en la capital estadounidense, la primera en años, despertó el interés de los medios de comunicación que llenaron el salón del club de prensa. Las preguntas no sólo se limitaron a la misión que lo trajo a la capital, sino a sus aspiraciones presidenciales y a su futura relación con Trump de ganar las elecciones.

Interrogado por la corresponsal sobre la llamada telefónica entre Peña Nieto y Trump a finales de enero, en la que éste amenazó con enviar tropas a México para combatir a los cárteles, el líder de Morena lamentó que Peña, “se haya dejado sobajar por el presidente Donald Trump”.

Reiteró el imperativo de conocer el el contenido de la famosa conversación que Los Pinos se niega a divulgar. “Es un asunto fundamental para la vida pública”.

El puntero en las encuestas rumbo a las elecciones llamó “vergonzoso” lo que los medios dieron a conocer sobre la llamada. “El acuerdo al que se comprometía el presidente Peña de no hablar sobre la construcción del muro. Eso es abdicar. Eso es no asumir la responsabilidad que se le confiere a un mandatario de un país libre y soberano”.

El ex Jefe de Gobierno dijo que los mexicanos no quieren una relación de subordinación con Estados Unidos. “México es un país independiente y libre. No es una colonia. Ni es un protectorado. No vamos nosotros nunca jamás a subordinarnos a ningún gobierno extranjero. Sin faltarle el respeto a nadie, pero con firmeza, tenemos que hacer valer nuestros derechos”.

En tono conciliador, señaló que la relación con Estados Unidos es fundamental para México por cuestiones de historia, cultura, de vecindad, económicas y comerciales, por lo que se pronunció por una “relación respetuosa y de amistad, pero no fincada en el uso de la fuerza sino en la cooperación para el desarrollo”.

Como queriendo enviar un mensaje a Trump, a quien no conoce en persona, López Obrador dijo que los problemas de inmigración, inseguridad y violencia no se resuelven con muros ni con medidas coercitivas. “La paz y la tranquilidad son frutos de la justicia”.

Descartó que su ascenso en las encuestas de intención de voto sea por el efecto Trump, argumentando que el factor que lo ha vuelto poner en la delantera de la contienda es el hartazgo del pueblo con la corrupción. “El imperio de la corrupción, más que ningún otros factor, es lo que está llevando a lo mexicanos a tomar una decisión a favor de un cambio verdadero”.

Sostuvo que no tiene enemigos, sino adversarios, a los que identificó como “el PRIAN”.

Respecto al Canciller Luis Videgaray, quien se ha consolidado como el interlocutor central del gobierno de Peña Nieto ante el equipo de Trump, dijo que no puede representar a México porque “no tiene autoridad moral y política”.

Señaló que como Peña Nieto, Videgaray también está implicado en “asuntos no esclarecidos para no ser tan tajante”, que son la llamada Casa Blanca del Presidente y la casa en el club de golf de Malinalco del canciller. “No es posible que el contratista predilecto del gobierno les haya vendido residencias a la familia Peña como a Videgaray. El señor Hinojosa”.

López Obrador y su reducida comitiva salieron disparados al aeropuerto para tomar el vuelo directo a México de United, “no uso avión privado. No soy Peña”. La rueda de prensa, programada para una hora, se prolongó 27 minutos más. A punto de subirse a la SUV negra, le pregunté sobre su cambio de actitud hacia las televisoras a las que tanto atacó en 2012 por apoyar a Peña Nieto.

–Tengo una muy buena relación con todos los medios en México –me respondió.

–¿También con las televisoras? ¿Televisa y TV Azteca ya no son son parte de la “mafia en el poder”?

–Sí, ha habido cambio, hay una actitud distinta. Hay ahora más pluralidad.

Partió de prisa prometiendo regresar. No dijo si en calidad de presidente.