Berlín, 15 jun (EFE).- Cincuenta años después de que el jefe de Estado de la Alemania comunista Walter Ulbricht asegurara “nadie tiene la intención de construir un muro”, un mes y medio antes de que Berlín amaneciera dividida, los historiadores se preguntan qué se escondía tras esa gran mentira.

Con esa frase, Ulbricht revelaba su más preciado secreto -la intención de construir un muro- en una rueda de prensa en la “Casa de los Ministerios” en Berlín Oriental ante más de 300 reporteros de una treintena de medios internacionales, que por lo absurdo no dieron a la frase la importancia que merecía.

La historiadora estadounidense experta en Alemania Hope Harrison sostiene en su libro “El muro de Ulbricht” que se trató de un lapsus linguae en el que el político se delató inconscientemente, según refleja estos días la prensa local.

Lo cierto es que el jefe de Estado de la República Democrática Alemana (RDA) llevaba meses defendiendo ante sus homólogos del Pacto de Varsovia el establecimiento de una frontera física en la ciudad para frenar la huida masiva a la vecina República Federal, 10.000 casos sólo entre el 1 y el 14 de mayo de 1961.

Sin embargo, ese 15 de junio faltaba todavía el consentimiento necesario del líder soviético Nikita Jruschov.

El politólogo berlinés Hannes Adomeit sugiere que Ulbrich fue perfectamente consciente de lo que dijo y que su maquiavélico objetivo pudo ser el de hacer aumentar el número de huidos al país vecino, con el fin de presionar a la URSS para que diera su visto bueno a la construcción de un muro.

Al mismo tiempo, el experto señala que el motivo pudo ser otro bien distinto, tranquilizar a la población, aunque en ese caso el efecto fue el contrario, ya que la cifra de fugitivos no hizo más que aumentar.

Durante la rueda de prensa, Ulbricht pronunció un discurso monótono, según los medios de la época, en el que entre otras cosas exigió la disolución de los campamentos de refugiados en Berlín occidental, además de la conversión de los tres sectores de la mitad oeste en una “ciudad libre” desmilitarizada.

“¿La formación de una ‘ciudad libre’ significa que la frontera nacional va a quedar erigida en la Puerta de Brandeburgo?”, preguntó la corresponsal del “Frankfurter Rundschau” Annamarie Doherr sin pronunciar en ningún momento la palabra “muro”.

Sin reflexionar mucho, Ulbricht contestó: “Según su pregunta, entiendo que hay gente en la Alemania Occidental que desea que movilicemos a los obreros de la capital de la RDA para que construyan un muro, ¿es eso?”

“No tengo conocimiento de que exista tal intención, ya que los obreros en la capital están ocupados básicamente con la construcción de viviendas a pleno rendimiento”, agregó Ulbricht y, tras una pausa al parecer intencionada, concluyó: “Nadie tiene la intención de construir un muro”.

La construcción del Muro de Berlín, que comenzó dos meses más tarde, el 13 de agosto de 1961 con el bloqueo del acceso al sector occidental mediante barricadas y alambre de espino, fue un acto de violencia contra la población, afirmó hoy el ministro germano del Interior, Hans-Peter Friedrich.

“La RDA no podía vivir sin muro, pero tampoco pudo hacerlo más con el muro”, declaró en un acto conmemorativo, celebrado en la antigua “Casa de los Ministerios” de la RDA, actual sede del Ministerio de Finanzas.

Cada una de las víctimas del régimen fronterizo es un testimonio de que la RDA infringió derechos humanos fundamentales, añadió Friedrich.

“El muro fue una historia triste” que tuvo un final feliz, señaló por su parte el titular alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quien agregó que su construcción fue la plasmación de la crueldad de un régimen dictatorial, pero también de la impotencia de Occidente para impedirlo.

En los más de 28 años de existencia del llamado “Muro de la vergüenza”, al menos 136 personas murieron a lo largo de sus 155 kilómetros al tratar de pasar al lado occidental.