Los agentes llegaron a su casa en busca de un inmigrante con múltiples condenas, a quien no encontraron, pero hallaron a Ortiz y decidieron llevárselo. El mexicano se encuentra recluido en el Centro de Detención Adelanto, Los Ángeles, desde hace más de un mes.

Stephanie Ortiz, sostiene a su hija Darlene, y posa junto a su hermano Carlos, al hablar de la detención de su padre, Carlos Ortiz Becerra. Foto: Aurelia Ventura, La Opinión

Por Aracely Martínez Ortega

Ciudad de México, 16 de marzo (SinEmbargo/La Opinión).– Desde que el inmigrante mexicano Carlos Ortiz Becerra fue arrestado por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) el 9 de febrero en su casa en Pasadena, California, su hija Stephanie no ha dejado de preguntarse, por qué abrió la puerta.

Los agentes llegaron a su casa en busca de un inmigrante con múltiples condenas, a quien no encontraron, pero hallaron a Ortiz y decidieron llevárselo.

“Muchos días lloró. Se sentía muy culpable. ‘Por qué tuve que abrir la puerta’, decía. Nosotros le explicamos que no era su culpa. Nos estaban esperando. Los vecinos dicen que la casa estaba rodeada desde las 4 de la mañana. No podíamos estar encerrados siempre”, dice Ana Ortiz, madre de Stephanie y esposa del inmigrante arrestado.

Eran las 5:30 de la mañana cuando unos fuertes toquidos a la puerta despertaron a los miembros de la familia Ortiz.

“Yo pregunté quién era y me dijeron que la policía. No me pareció sospechoso porque otras veces, la policía local había venido a tocar buscando a un maleante en el barrio. Así que les abrí la puerta. Ellos dijeron que buscaban a un hombre llamado Rodrigo”, recuerda Stephanie. “Parece que este hombre si vivió antes en esta casa”, sostiene.

SE CONFIARON

Nunca imaginó que no eran policías locales sino agentes del ICE y que se llevarían bajo arresto a su padre.

Eran como cuatro o cinco agentes vestidos de civil con chalecos que decían “Policía”.

“Salimos todos a la sala. Mis padres, mi hermano, mi hijita y yo”, menciona Stephanie.

Desde la puerta, sin entrar, los agentes “solo le pidieron identificación a mi papá y a mi hermano. Mi hermano Carlos presentó su identificación del estado de California. Él y yo somos beneficiarios de DACA [la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia] y mi papá presentó su matrícula consular mexicana”, recuerda la muchacha.

“A mi papá le pidieron salir fuera de la casa. Ya en la banqueta, le empezaron a insistir para que les dijera que él era el tal Rodrigo que buscaban. Mi papá decía que no. Los agentes del ICE traían una foto de ese hombre, la veían, la ponían a un lado de la cara de mi papá como para verificar si era o no él”, recuerda Carlos, el hijo mayor.

Después de alrededor de una hora de interrogatorio, los agentes de inmigración se llevaron detenido al jefe de la familia.

Carlos Ortiz se encuentra actualmente en el Centro de Detención Migratorio de Adelanto. Foto: Aurelia Ventura, La Opinión

LA RECLUSIÓN 

El inmigrante mexicano se encuentra recluido en el Centro de Detención Adelanto desde hace más de un mes.

“A veces cuando vamos a verlo, se nota feliz. En otras ocasiones se le bajan las esperanzas”, dice su hija.

“Nos dice que la comida que les dan es muy mala, que [él y otros inmigrantes] pasan frío, no tienen almohadas y duermen en un colchón muy delgadito. Tampoco come mucho porque esta pena nos ha quitado el hambre a él y a nosotros”, cuenta.

Becerra tiene 49 años de edad. Vino de Jalisco, México, hace 18 años a Los Ángeles. Trabaja como jardinero y es el principal proveedor de su familia.

Él y su esposa, también inmigrante indocumentada, vinieron a Estados Unidos con sus dos hijos —Stephanie, ahora de 19 años, y Carlos, de 24 años. Ambos eran muy pequeños cuando llegaron. Es abuelo de Darlene, una menor de dos años, hija de Stephanie.

“Él no tiene antecedentes penales. Es un buen padre, muy responsable, excelente abuelo”, dice su hija.

NO LO VIERON VENIR

Su esposa, Ana Ortiz, platica que nunca esperaron que los agentes de migración pudieran llegar a su casa y llevarse a su esposo.

“’A ver qué nos espera’ dijimos cuando vimos que Donald Trump se hizo presidente, pero no nos preocupamos. Veíamos en las noticias, que detenían a tal o cual inmigrante, pero nunca pensamos que nos iba a pasar eso a nosotros”, confía.

Stephanie dice que por el contrario, su padre estaba siempre preocupado por sus hijos. “Nos recomendaba que si alguna vez nos agarraba la Migra que no fuéramos a firmar nada”.

Ana dice que desesperados y muy tristes pidieron ayuda al Centro para Jornaleros de Pasadena (NDLON). También los está apoyando la organización Pasadena Organizing for Progress (POP). El caso de Becerra ya está en manos del abogado en migración Gabriel Castillo de Stockton, California.

“Nosotros venimos a este país en busca de un futuro mejor. Y no hemos hecho otra cosa más que trabajar muy duro. Por eso vamos a luchar con todo para evitar que Carlos sea deportado. Los necesitamos aquí”, anota la madre.

Agrega que la ausencia del padre de familia ha sido muy pesada para ellos. “Somos una familia que se sienta a comer juntos, que convive mucho. Ahora estamos muy dolidos”, dice la madre, con la tristeza reflejada en el rostro.

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