INVISIBLE CHILDREN: LA HISTORIA DETRÁS DE KONY 2012

 


El viernes 21 de marzo de 2003, justo el día que iniciaba la guerra en Irak, tres jóvenes estadounidenses iniciaron una travesía por África. Ellos no lo sabían, pero ese viaje sería el principio de un movimiento social y pacífico en la Unión Americana del que ellos serían los creadores. Con una cámara de video en mano y con ganas de “contar historias”, estos documentalistas amateurs llegaron “por casualidad” al norte de Uganda. Su encuentro con los “caminantes de la noche” y una guerra peleada por niños, los llevaría a crear Invisible Children, una organización con alcances internacionales para ayudar a los niños invisibles de Uganda… Niños que, para sobrevivir, aprendieron muy pronto a no llorar. Esta es la historia detrás del video más visto de los últimos tiempos, el behind the scene de: Kony 2012, el documental que en apenas unos días, fue visitado por millones de internautas y recibió más de 500 mil comentarios.

“Uno de los niños que conozco me dice que le duele la cabeza si no ve sangre (…) todos aquí están dañados: físicamente, la gran mayoría, y psicológicamente, todos (…) ellos no son como los niños de otras partes del mundo. Nuestros niños no son normales”.

Una mujer habla frente a una cámara y, por encima de su voz, la pantalla muestra imágenes de fieros niños soldados, o bien de niños brutalmente torturados hasta la muerte. La mujer de esta voz se llama Jolly Okot, vive en el norte de Uganda, y habla para la lente de tres jóvenes estadunidenses que llegaron a su pueblo casi por casualidad. Tres jóvenes estudiantes que, armados con una cámara de video, habrían de cambiar la historia de esta región ugandesa.

Bobby Bailey, Laren Poole, y Jason Russell son los fundadores de un movimiento pacífico y social que comenzó como una diversión entre amigos en busca de “aventuras” y –en palabras de Laren– “de conocer el mundo real y no el que les mostraba la televisión”. Estos tres estudiantes de San Diego decidieron un día viajar a África. En realidad estaban atraídos por países como Kenia o Sudán, lugares a fin de cuentas exóticos para el norteamericano promedio, y de alguna forma, los más mencionados por los medios de comunicación, a veces por sus safaris y paisajes trepidantes, a veces por sus incomprensibles conflictos… también trepidantes.

“La verdad es que todo empezó como una aventura… y cada uno de nosotros tenía al principio una motivación distinta para hacer ese primer viaje, un viaje que nos cambió el corazón, la forma en que veíamos el mundo; por eso, cuando regresamos sabíamos que íbamos a volver… O tal vez, ahora que lo pienso, lo cierto es que nunca nos fuimos de ahí”, dice en entrevista, Laren Poole, un joven que hoy tiene 31 años, nueve de ellos, dedicados a un país a donde nunca planearon llegar: Uganda… y más específicamente a una región en el norte de Uganda, la región Acholi, donde se adentrarían a un grave problema: la guerra de los niños soldado.

Hay quien dice que nada es casualidad. En todo caso, la travesía de Bobby, Jason y Laren comenzó con un presagio, pues su vuelo rumbo a África partió el viernes 21 de marzo del 2003: justo el mismo día en que comenzaba la guerra en Irak.

Ellos todavía no sabían que el suyo sería un viaje pacífico y que su única arma, una cámara de video, sería el detonante en cadena de un movimiento social que, a su manera, también cimbraría las conciencias de millones de jóvenes estadounidenses, cambiando con sus acciones el destino de miles de niños de una –hasta entonces lejana– tribu norugandesa.

 

LOS NIÑOS INVISIBLES NO LLORAN; HUYEN… SI PUEDEN

En casi todas las culturas, los niños suelen temer a la oscuridad y a las apariciones nocturnas. Pero en la región ugandesa de Acholi, situada en la frontera sur de Sudán, estos temores infantiles distan mucho de ser una fantasía.

Muy por el contrario, se trata de una espantosa realidad: los niños acholi tienen un miedo atroz a que durante su sueño, lleguen hasta su cama otros niños: los niños-soldado del Ejército de Resistencia del Señor (Lord’s Resistance Army –LRA–) que han sido entrenados para ser una verdadera pesadilla. Una pesadilla mortal. Una pesadilla de entre 7 y 14 años, armada con machetes y AK-47. Una pesadilla infantil de uniformes guangos y cuerpos minúsculos, que viene a llevarse a otros niños a un lugar donde deberán elegir entre morir o matar. Entre torturar o ser torturados. Una pesadilla que se repite y se recrea a sí misma cada noche… desde hace más de 25 años. Una pesadilla que se ha robado el sueño de la infancia de miles de niños ugandeses, que se cuentan entre 20 mil y 50 mil.

“Yo ahora, tengo suerte. Puedo llorar, puedo sentir (…) pero hay miles de niños allí que no pueden hacerlo”, afirma China Keitetsi, una joven que logró huir de las filas del LRA y que recibió tratamiento especial en Dinamarca durante años, antes de poder reincorporarse a “la vida normal”.

Autora de un libro donde relata sus experiencias en las filas de este ejército conformado en 90% por soldados menores de 15 años, China afirma que ahí dentro el entrenamiento es tan despiadado como eficaz: los niños aprenden rápido y bien que no deben “tener” miedo… deben “dar” miedo. Entre ellos, el único juego permitido es matar y sólo hay un castigo para la desobediencia: morir. Casi siempre de una forma lenta. Es parte del adoctrinamiento.

Esta tragedia humanitaria que parece un mal sueño es, sin embargo, la realidad de toda una generación en esta zona de Uganda. Cada día, al caer el sol, los niños uniformados salen en busca de otros niños, porque “la guerra del Señor contra el gobierno” debe continuar. Deambulan por los poblados, irrumpen en las casas, amedrentan o asesinan a los adultos y secuestran a los niños.

Y la pesadilla infantil es un interminable círculo vicioso para todos. Los que secuestran no quieren hacerlo y los secuestrados no quieren unirse al ejército, pero todos aquí, soldados y civiles, tienen miedo. Todos “deben” obedecer si quieren seguir viviendo. Aquí el llanto –especialmente el llanto, un gesto tan primario en el ser humano–, está prohibido porque es la manifestación externa del temor. Nadie llora porque de cualquier forma, de nada sirve.

Estos niños, los niños ugandeses de Acholi, aprenden muy pronto que llorar no sirve de nada, si acaso, para morir más rápido a manos de quienes podrían ser sus compañeros de juego y que están –además– casi tan asustados como ellos.

SANTUARIOS NOCTURNOS DE PAZ: HISTORIA PARA CONTAR Y CAMBIAR

Sólo en los últimos años, el LRA secuestró para sus filas unos 30 mil niños con edades comprendidas entre los 7 y los 14 años, aunque diversas organizaciones internacionales afirman que la cifra negra fuera de las estadísticas oficiales es tan alta, que el número podría ascender hasta 50 mil infantes. Nada más y nada menos que 10% de todos los niños-soldado que hay en el mundo: la Organizació  de las Naciones Unidas y la ONG internacional Save the Children aventuran en 500 mil niños militares repartidos en diversos países .

Paradójicamente, Uganda, con sus 30 millones de habitantes, es “un país de niños”: la mitad de su población no sobrepasa los 18 años,  y la región conocida como “Acholiland” representa al 4% de este tesoro infantil, miles y miles de infantes que han sido convertidos en adultos precoces, en soldados y militares. En niños-combatientes.

Hoy Acholi es una zona que apenas supera al millón de habitantes (un milón 200 mil). La guerra se ha cobrado más de 130 mil vidas y gran parte de su población actual está sumida en la pobreza. Unas 150 mil personas de esta etnia viven aún en campos de refugiados en las inmediaciones del sur de Sudán, (aunque llegaron a ser 2 millones) y el distrito de Gulu ha sido uno de los más golpeados por el VIH-Sida (6.7% en todo el país); otra de sus provincias, Kitgum, es tristemente célebre internacionalmente por el feroz brote de ébola ocurrido también en 2003.

Ese mismo año, y en total desconocimiento de esta realidad, tres jovencitos venidos de un contexto muy distinto, llegaron por casualidad a esta región norugandesa: Bobby, Jason y Laren venían de Estados Unidos. Tenían una cámara. Arrastraban un frustrado viaje a Sudán. Y sobre todo: buscaban una historia para contar en Norteamérica, una historia –afirman– distinta a lo que estaban habituados a ver en la televisión de su país.

Encontraron a Jolly Okot en un campo de refugiados. Esta mujer les habló “de esos niños enfermos de sangre”. Ella los llevó a Gulu y les dijo: “Tienen que ver esto”. Bobby, Jason y Laren, conocieron entonces a los “caminantes de la noche”. Hordas de niños y jóvenes que cada atardecer, huían de la pesadilla del ejército de infantes que venían con una sola orden: reclutarlos o matarlos.

Iglesias, estaciones de autobús, hospitales, una calle transitada… cualquier lugar medianamente iluminado o mejor aún, resguardado y cerrado, se convertía cotidianamente en el refugio temporal de unos 45 mil niños salidos de todas partes, que caminaban kilómetros y kilómetros sólo para pasar la noche y asegurarse de que al menos durante esa madrugada, quizá, no serían obligados a matar o morir.

En aquel 2003, cuando otra guerra más inmediata, la de Irak, era de la que hablaba todo el mundo, ninguno de estos tres jóvenes norteamericanos que buscaban una historia en África era mayor de 25 años, y lo que vieron en Gulu, los dejó en shock. Y lo único que atinaron hacer fue filmarlo.

“Esa noche nos cambió para siempre la vida. Nos mirábamos entre nosotros y pensamos: ‘esto jamás pasaría en América’ y nos preguntábamos ¿Por qué aquí sí? ¿Sólo porque esto es África?”, afirma la voz en off de Laren Poole mientras la cámara muestra una imagen sobrecogedora: una alfombra humana de cientos de niños acholi amontonados, semidesnudos y descalzos, dormidos en un casi total hacinamiento. Hermanados por un único deseo: que al menos durante esa noche, su sueño no sea interrumpido por la pesadilla de tener que convertirse en soldados.

“Encontramos nuestra historia”, dice la voz de Laren en el documental Invisible Children (Niños invisibles), filmado por tres estudiantes amateur sin experiencia previa. Un documental que hoy ha sido visto por millones de personas en 200 ciudades del mundo, y que se convirtió en la piedra angular de todo un movimiento social en Estados Unidos, así como en una ONG que le ha cambiado la vida de miles de niños y jóvenes en el Norte de Uganda al hacerlos “visibles”.


TRAGEDIA HUMANITARIA A RITMO DE MTV

Imágenes urgentes. Música vertiginosa. Encuadres ingeniosos. Risas y tragedia, alegría y drama perfectamente mezcladas. Diálogos dinámicos. Personajes que tocan la pantalla. Un guión impecable. Un documental de una hora pensado para un público muy específico: los jóvenes.

“Pensamos en hacer algo que pudiera tocar a gente de nuestra generación, jóvenes con cierto nivel de educación, que supieran cosas del mundo y pudieran interesarse en esta situación en Uganda, que pudieran ‘conectar’ con esta realidad (…) al principio, como teníamos tanto material pensamos en subir videos a internet, pero luego nos decidimos por este otro formato (…) un modelo donde además de poder proyectar el video, pudiéramos estar en contacto con quienes lo vieran, porque al regresar de Gulu, lo que buscábamos realmente era que la gente se movilizara… queríamos ayudar a detener este desastre y sacar a los niños de esa oscura noche de temor y sangre”, dice en entrevista Laren Poole.

A su manera, y salvando todas las distancias, los creadores de Invisible Children contrarrestaron los efectos malignos del ejército del LRA reclutando a otro tipo de milicia: cientos de jóvenes voluntarios que tras ver el documental se adhirieron a la causa para salvar a los “niños-soldado” de Uganda, y comenzaron a trabajar de forma gratuita en diversas localidades de Estados Unidos y Latinoamérica.

Entre 2007 y 2009, Invisible Children había logrado recaudar unos 4 millones de dólares para estos proyectos; la mayoría, sólo con la ayuda de grupos de voluntarios que organizaban proyecciones del documental en sus escuelas, con el fin de ayudar a las escuelas norugandesas. Otros se han dedicado a crear lobbies –grupos de presión– para comprometer a políticos y figuras públicas estadounidenses, y lograr que se involucren en el frágil proceso de paz que actualmente enfrenta la región Acholi.

“Creo sinceramente que la gente joven de Estados Unidos tiene un perfil distinto a lo que normalmente se piensa de los norteamericanos (…) que no estamos interesados o informados sobre lo que ocurre en otras partes del mundo (…) eso está cambiando, porque ahora pensamos más globalmente y también debemos actuar así. A mí, Invisible Children me abrió los ojos y el corazón. Me permitió no sólo ser testigo sino involucrarme con estos niños en Uganda”, dice Adam Finck, un espectador del documental que luego vivió casi dos años en el país africano trabajando para Invisible Children.

El mismo sentimiento tiene Chris Sarette, quien hoy tiene apenas 27 años y es formalmente parte del equipo financiero de la organización: “Desde que trabajo en Invisible Children me he convencido de que otro mundo es posible. Estados Unidos tiene una guerra contra el terror, pero hay otras guerras en el mundo y es tiempo de que nos involucremos, que los jóvenes pidamos cuentas y acciones a los políticos”

A siete años de su primera proyección en 2005, el documental de Invisible Children continúa su rodaje, uno que va más allá de las pantallas a través del activismo aunque, por fortuna para todos, la historia central de aquel video original ha cambiado radicalmente: hoy, unos 50 de jóvenes que apenas sobrepasan los 30 años, trabajan formalmente para esta organización estadounidense que ya tiene alcances internacionales.

Mientras tanto, en el norte de Uganda, un equipo de casi 100 personas administra los proyectos implementados por esta ONG: becas para niños y jóvenes, programas de microeconomía donde se manufacturan productos para beneficio comunitario, dormitorios infantiles y bibliotecas con libros donados por personas de todo el mundo.

“Cuando regresamos de Uganda, realmente para mí todo había cambiado y me prometí a mí mismo que no pararía hasta que las cosas para esos niños cambiaran. Hicimos un documental, no de una tragedia –aunque lo es– sino de seres humanos que pudieron haber nacido en cualquier parte del mundo. Queríamos que nuestra audiencia se sintiera asqueada de la situación en la que viven y no de ellos o de esos lugares donde hay también una inmensa alegría, fuerza y esperanza. Nuestra labor allá aún no ha terminado”, afirma Laren, cuya seguridad y pasión hacen pensar en alguien que también ha madurado precozmente… después de todo, él nació en Estados Unidos por las mismas fechas en que la guerra comenzaba en territorio Acholi, cosa de las casualidades.

“Quizá nos van a olvidar cuando vuelvan a América, pero al menos tienen el video, para recordarnos” dice al final del filme un niño de Gulu que mira fijamente a la cámara de Bobby, Jason y Laren, los creadores de este movimiento que ha visibilizado la tragedia y también la enorme resistencia de estos niños-soldado.

O quizá –como afirman otros– “nada es casualidad” y fue la historia de estos niños la que los encontró a ellos. Quizá una cámara bien usada puede ser más potente que la violencia, y tal vez, por una vez, el bombardeo de imágenes positivas pueda detener las pesadillas de guerra, para que estos niños ugandeses puedan volver a conciliar el sueño de una vida pacífica.


Niños Invisibles ha pasado a ser un fenómeno mediático del activismo cibernético global. Joseph Kony, un nombre prácticamente ignorado fuera de los confines africanos y el mundo de los tribunales internacionales, se convirtió de repente, en apenas unos minutos, en una “celebridad” mundial gracias al Internet y el poder de las redes sociales. Se trata, sin embargo, de un anti-héroe: Kony, el líder del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por su sigla en inglés) es uno de los peores y más crueles criminales de guerra de la historia reciente.

La ONG estadounidense Invisible Children logró con una fenomenal campaña cibernética lo que años de denuncias y atrocidades no pudieron: visibilizar el problema de los niños soldados en el Norte de Uganda, y las atroces prácticas para convertir a generaciones enteras de infantes en pequeños zoombies asesinos.

El último documental realizado por tres jóvenes cineastas estadounidenses, y con duración de 30 minutos, registró más de 100 millones de visitas en apenas seis días y fue comentado por más de 500 mil personas, un récord que lo convierte –hasta el momento– en el video más visto de los últimos tiempos.

Debido a esta “súbita popularidad”, tanto la organización de Invisible Children como sus propios autores fueron puestos en duda por diversos medios del globo; pero, los jóvenes cineastas afirman que después de varios años dedicados a intentar que el mundo gire la mirada hacia la abandonada infancia de Uganda y detenga las atrocidades impunes de Joseph Kony y su ejército de mercenarios, decidieron lanzar esta campaña aprovechando el exponencial crecimiento que tienen redes sociales como Facebook y Twitter, cuyos usuarios fueron sin duda los mayores promotores para que (finalmente) el rostro y la bestialidad de las acciones de Joseph Kony y sus “niños invisibles”, se convirtieran –al menos por unos días– en el foco de la atención ciudadana mundial.

En realidad, Invisible Children comenzó su activismo a través de la “denuncia cinematográfica” desde 2003 y éste no es el primer éxito mediático que cosechan, pues su primer documental fue exhibido en diversas ciudades del mundo y recabó fondos para construir albergues y escuelas para los niños ugandeses.

Con su nuevo –y demoledoramente exitoso– éxito en Internet, tal vez solamente estamos viendo el cumplimiento de la frase con la que arranca el documental: “Nada es más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo” y, sospechas aparte, lo cierto es que ahora usted y yo estamos al tanto de la existencia de Joseph Kony, pero sobre todo de la existencia de estos cientos de miles de niños forzados a ser soldados, niños que hasta ayer, nos eran invisibles.

 


El Ejército de Resistencia del Señor, el Lord’s Resistance Army (LRA) está liderado por Joseph Kony, un insurgente que se ha autoproclamado como “enviado de Dios” para derrocar al gobierno de Uganda. Es –o se dice– primo de la fallecida líder espiritual y guerrillera Alice Lakwena, quien también afirmó estar “poseída” por un espíritu que la había designado para luchar contra el gobierno.

Ella, que se hacía llamar “la Profeta de Uganda” fue la primera en crear un ejército conformado por niños a principios de 1980: el “Holy Spirit Movile Force” (HSMF) o Movimiento del Espíritu Santo. Su terrible sucesor, Joseph Kony, empeoró con mucho sus tácticas, mezclando el sincretismo de las creencias de la zona con un catolicismo exacerbado. La meta de este hombre es “refundar” una sociedad basada en su propia interpretación de los 10 mandamientos.

Los niños secuestrados para entrar en combate son sometidos a “rituales de iniciación” y se les hace creer que, untados con aceite, sus cuerpos son inmunes a las balas y las piedras que usen tendrán la potencia de granadas verdaderas.

Quienes escapaban de sus filas y eran descubiertos, debían ser literalmente despedazados por la tropa. Sus castigos “compasivos” son hoy visibles en muchos niños y hombres del norte de Uganda: les fueron cortados los labios y las orejas, la marca del LRA.

El 8 de julio de 2005, la Corte Penal Internacional cursó una orden de detención contra Joseph Kony, sobre quien pesan al menos 33 acusaciones por violar el derecho internacional humanitario. En 2006, el LRA estaba bastante debilitado y aceptó negociar la paz con el actual gobierno de ugandés, al frente de  Yoweri Kaguta Museveni, el onceavo presidente de ese país africano, quien ha estado en el poder desde 1986.

 


La situación en Uganda del Norte permaneció durante años fuera de la atención de la comunidad internacional y de los grandes medios de comunicación. Durante casi un cuarto de siglo, esta “guerra peleada por niños” arrojó cifras más espeluznantes que las del momento más álgido en la invasión de Irak.

Según las organizaciones Save the Children, Amnistía y Oxfam Internacional, estos son sólo algunos de los muchos horrores que muy pocas cámaras captaron:

–Entre 20 y 50 mil niños fueron secuestrados por el LRA durante la guerra y convertidos en combatientes.

–41 % de las muertes en los campamentos de desplazados son niños de menos de cinco años.

–250 mil niños en el norte de Uganda no reciben educación, (una cuarta parte de la población).

–Miles de niños han nacido cautivos del LRA, hijos de las niñas y jóvenes secuestradas por el ejército rebelde.

–Datos recopilados por instituciones de ayuda humanitaria estiman que unas 6 mil 500 niñas fueron reclutadas como niñas-soldado y utilizadas como esclavas sexuales del LRA, lo que constituye 33% de esa fuerza rebelde.

–Un estudio dirigido por la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, en junio de 2008, concluyó que el Norte de Uganda era el lugar del mundo con mayor incidencia de enfermedades mentales.

 


En febrero de 2002 entró en vigor el Protocolo internacional que prohíbe la utilización de menores en los conflictos armados, firmado y ratificado –en ese momento– por 86 países. Sin embargo, los organismos involucrados en esta problemática afirman que todavía hoy medio centenar de países continúan reclutando de manera legal e ilegal, a niños de niñas menores de 18 años para entrar en combate o participar de alguna manera en las labores militares, dentro y fuera del campo de batalla.

Actualmente se calcula que unos 500 mil niños siguen siendo militares, y hay algunos que no han conocido otro tipo de vida. En ciertos conflictos resueltos, se procede a la desmovilización de estos infantes (entrega de armas y reintegración a la vida normal).

La cifra mundial de ex niños-soldado hoy desmovilizados es de 300 mil, aunque hay por detrás una cifra negra de quienes nacieron y crecieron en cautiverio y posesión de los ejércitos, y carecen de documentos de identificación. Sea como fuere, las secuelas para la gran mayoría de estos niños pueden curarse, con tratamientos adecuados en un ambiente pacífico y constructivo

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Es periodista especializada en temas internacionales y en el llamado ‘Periodismo de Paz’. Fundadora y editora general del medio digital Corresponsal de Paz www.corresponsaldepaz.org


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11 comentarios en "INVISIBLE CHILDREN: LA HISTORIA DETRÁS DE KONY 2012"

  1. mario 20/03/2012 a las 3:13 pm · Responder

    Gente: Porfavor informense antes de apoyar una “militarización pacífica” en Uganda, si bien Kony es un peligro para el pais, el fundador de invisible children no ha demostrado ser una persona congruente, hace poco lo arrestaron por estarse masturbando en público en un estado de ebriedad. Los invito a leer lo que uno de los grandes periodicos internacionales el AlJazeera dice al respecto

    Dangerous ignorance: The hysteria of Kony 2012
    http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/03/201231284336601364.html

    Kony: What Jason did not tell the Invisible Children
    http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2012/03/20123138139642455.html

    • Totlacherin 20/03/2012 a las 4:10 pm · Responder

      El hecho de que uno de los divulgadores de “Invisible Children” tenga un pasado delictivo no puede restarle importancia a la causa. Lo que sucede en esa región de África es una atrocidad. Está claro que los gobiernos de la región no pueden proteger a sus niños.

      Si Invisible Children no te parece confiable… se entiende, y entonces hay que darle mayor poder a la UNICEF o a otras. La idea es no quedarse de brazos cruzados.

      • Marilu 20/03/2012 a las 4:18 pm · Responder

        El problema no es solo el pasado delictivo del fundador. El problema es como se menejan y las soluciones que proponen, si es verdad hay problemas en Africa, pero lo último que necesitan es una militarización Americana, y ESO es lo que proponen. Llegan los gringos a Uganda, mas armas mas ejercito,mas intereses por petroleo, es esta la solución????

  2. schierke 20/03/2012 a las 7:23 pm · Responder

    Seguramente que en 2009 Uganda declarara su mayor hallazgo en petróleo y que desde el 2006n ya tengan multipartidismo que permite hacer “convenios” de intervención, no tenga nada que ver… además Kony está ubicado en República del Congo y República Centroafricana.

  3. Armando Sánchez 20/03/2012 a las 7:24 pm · Responder

    Antes de criticar a los creadores de alguna organización. Veamos que las causas por las que han alzado la voz sean escuchadas. Después pueden discutir sobre moral y otras situaciones menos urgentes.

  4. cristina ávila-zesatti 21/03/2012 a las 1:37 am · Responder

    Soy la autora de este reportaje, y me parece que si el mundo va como va (o sea: nada bien) es porque siempre pesa más el ‘sospechosismo’ que lo que realmente buscan las buenas causas, es decir: solucionar un problema que nos atañe A TODOS.
    Si Laren Pole se masturba en público o privado, no tiene NADA que ver con lo que sí ha hecho su causa y a eso, no soy yo la que se remite a las pruebas, sino la organización misma.
    Invisible Children es una ONG cuya página puedes visitar y revisar sus cuentas públicas. Sus integrantes han hecho grupos de presión (lobys) políticos desde 2005 EN CONTRA de la política de indiferencia de EEUU y otros organismos internacionales.
    Ni siquiera afirmo que ‘metería mis manos al fuego’ por nadie, digo que para juzgar hay que tener primero conocimiento PROFUNDO y para eso es que los remito a que hagan sus búsquedas en la propia página de Invisible Children.
    Si dentro de 2 años o más se encuentra petróleo ahí y EEUU invade Uganda (pensemos morbosamente) no quita que esta organización y otras más hayan salvado mientras tanto a algunas vidas de ese infierno de guerra infantil, (y ha sido precisamente gracias al llamado MUNDIAL que estos 3 chicos han hecho con sus propios medios)
    En resumidas cuentas, y parafraseando a quien me pide que ‘me informe antes de escribir’ pido sola y exclusivamente lo mismo de regreso: que antes de comentar peyorativamente tanto para la autora como para la propia organización y la causa que la mueven, se informen para (al menos y de menos) hacer críticas sustentadas.
    Saludos, lectores. Cristina Ávila-Zesatti

    • Ivar Rodríguez 21/03/2012 a las 12:40 pm · Responder

      Cristina,
      Se agradece profundamente tu intención de informar y por supuesto la de ayudar a una causa humanitaria, que al menos en el papel, parece noble. Yo sin embargo, me he estado informando bastante sobre el caso, porque no me gusta opinar de algo tan sensible como una intervención militar, aunque sea “pacífica”, si no conozco un poco más de qué se trata.
      Hay muchas imprecisiones en el documental de “Invisible Children”, información que no es necesariamente verídica, pero eso sí, con un contenido extremadamente emocional que pega sin duda al corazón de la gente. No dudo que este tipo, Kony, sea un hijo de p… Pero veo, leo, detecto mucho del gobierno gringo atrás de esta poderosa campaña. En primera en querer hacer a Kony tan icónico y malvado como un Hitler o un Bin Laden, no hace falta más que ver los pósters que promocionan. Luego, el envolver esa unión política Demócrata-Republicana. Sus “influencers” mundiales, etc.
      Hay mucho, mucho, muchísimo dinero envuelto en esta campaña. Trabajo en publicidad y sé bien que una campaña viral en youtube necesita una infraestructura gigante para conseguir 70 millones de vistas en una semana. Eso no se logra solamente con un buen video. (Simplemente para poner un contexto, busca los videos históricamente más vistos en youtube, y te darás cuenta que por lo menos llevan varios meses arriba). Te lo juro. Luego el video mismo tiene una producción impresionante, las cámaras, los gráficos, la edición… wow, es increíble la producción. Y el contenido es excelente, super bien pensado, venido de las mentes de un verdadero profesional del guión cinematográfico. Eso también cuesta. Su website, wow, qué website, con una programación maravillosa. Rápido, fácil de navegar, lindo a la vista. No se diga de sus “kits de apoyo”. Los DVD’s maravillosamente diseñados, sus playeras “super cool”. Incluso las camionetas vestidas perfectamente con la campaña que andan en las calles de EU.
      A lo que voy con todo esto, es a que no creo que una ONG, una hasta hace unas semanas casi desconocida ONG, tenga tantos recursos para una campaña que solamente una empresa del tamaño de Coca Cola o Nike podría empatar. Nunca le he visto ese alcance a Greenpeace, Medicos sin Fronteras, Amnistía Internacional, etc, que son conocidas y seguidas mundialmente durante muchos años.
      Perdona Cristina, pero es tan difícil no dudar de que no haya algo más detrás de esto. Ojalá me equivocara porque creo sí hay una causa justa enmedio, pero como siempre, esa causa justa solo se vuelve un buen pretexto para explotar los intereses de algunos.
      Con mucho respeto, Ivar.

    • Mario 21/03/2012 a las 7:10 pm · Responder

      Cristina,

      Yo escribí el mensaje pidiendole a la gente que se informe. Disculpa si fue un isulto. Creo que invistigaste mucho al respecto, sin embargo todo fue del lado a favor de la organización, y no comentaste nada acerca de las críticas que se han hecho. No se si para ti pero para mi el AlJazeera es uno de los mejores periodicos del mundo y creo que si ellos han criticado la organización es por algo. Los dos articulos que cite anteriormente fueron escritos por academicos que viven en Uganda. Supongo que estarán bien informados.

      Yo no soy escritor pero soy lector y si le exigo a la gente que leo que se informe de las buenas y malas opiniones antes de escribir acerca de algo. Se que el video es conmovedor, y que escribiste el artículo con la mejor intención, pero creo que un periodista tiene que ir más allá.

  5. cristina ávila-zesatti 22/03/2012 a las 10:37 am · Responder

    Estimados lectores:
    En primer lugar, agradecerles la lectura del artículo, que es a fin de cuentas, para lo que sirve nuestro trabajo. En segundo lugar, aclarar que en ningún momento me he sentido insultada, antes bien, al contrario: prefiero mil veces que un artículo mío sea criticado que ignorado. Lo único que pedía era opiniones fundamentadas para elevar la discusión, que es a fin de cuentas, el objetivo que se persigue cuando se investiga un tema

    Ni soy ingenua ni puedo (y tampoco quiero) meter las manos en el fuego por ninguna otra causa que no sea la exposición de la verdad. Lo que he contado aquí, la realidad de los llamados ‘niños de la noche’ del norte ugandés, es absolutamente cierto y está documentado.

    Lo he hecho sí, con Invisible Children como hilo conductor de la historia porque, a fin de cuentas, y se diga lo que se diga a favor o en contra, ha sido esta organización la que ha puesto con màs insistencia el dedo sobre esta llaga social que lleva años (muchos años) sangrando.
    El último “hit” de esta ONG norteamericana tuvo mucho de apoyo de las redes sociales. Sin duda, hay toda una preparación mercadológica por detrás, pero no me parece un argumento suficiente para denostarlos, puesto que, a fin de cuentas, el fin que ellos persiguen se logra: se visibiliza un problema hasta ahora ignorado (sabido, pero ignorado, ustedes comprenden a qué me refiero)

    Invisible Children ‘nació’ en 2004 y desde entonces sé que han logrado el apoyo de varios congresistas norteamericanos. Su primer documental (un poco más largo que éste último) fue exhibido en diversas entidades de EEUU y luego en algunas universidades de otros países, entre ellos el propio México, aunque a decir verdad, esa primera campaña tuvo poco ‘eco’, y la prueba es que hasta hace poco, encontrar algo sobre esta ONG en internet no era ‘tan común’ como ahora.

    Se les acusa también de ser ‘excesivamente emotivos en su campaña’. Me temo que entran –sin duda- en la categoría de ‘infoentraitenment’, una forma de informar que por desgracia, es hoy (casi) el común denominador de lo que se expone en los medios.

    Conozco bien el mundo de las ONG internacionales y nacionales. Reporteros sin Fronteras y Greenpeace (por mencionar algunas) han sido duramente cuestionadas por el origen de los fondos que las mantienen así como por los métodos utilizados en algunas de sus campañas.

    Hasta ahí podemos estar de acuerdo, y sin embargo, lo cierto es que han logrado llevar a la arena política y al terreno público las causas que defienden.

    Save the Children, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Médicos sin Fronteras –ganadora incluso de un Premio Nobel) y las propias Naciones Unidas no están ‘libres de pecado’, y sus temas y campos de acción se esparcen en el globo de muchas maneras, pero eso no quita valor a algunas de sus labores en los sitios y problemas en los que intentan (con más o menos éxito) solucionar.

    Estas y otras organizaciones civiles de carácter internacional sin embargo, adolecen en sus campañas precisamente en que no han sabido llegar al ‘público de a pie’. La prueba la tenemos en la constante ausencia que existe en los medios a este respecto. Invisible Children está focalizada no sólo en Uganda, sino en una pequeña región (Acholi) donde estas atrocidades han ocurrido durante años sin que (hasta al momento y que yo recuerde) se haya emprendido una acción global y tajante, con pronunciamientos internacionales o del propio gobierno ugandés (el presidente actual, que hasta hace poco emitió una declaratoria sobre el tema, lleva años –años!- en el poder, sabiendo perfectamente no sólo de la existencia de Kony y su ejército infantil, sino de las atrocidades que ahí y en otras regiones se comenten por esta dolorosa milicia que lleva años robando la infancia a ese país)

    A lo que voy en resumidas cuentas: si dentro de algunos meses, un año o dos se da a conocer que Invisible Children es una ONG fraudulenta, lo que creo es que no podemos perder la oportunidad de que este tema (el de los niños soldado de Acholi en particular, y de otras naciones en general) sea puesto sobre la mesa y llevado realmente a una discusión con miras a solucionar el problema.

    En ese sentido la ONG me merece un respeto, pues ellos han tenido un éxito que otras organizaciones y los propios tribunales internacionales no han tenido hasta el momento. Hablar de la masturbación de Laren Pole en público o privado me parece completamente ocioso y desviado de la discusión que REALMENTE debe rodear a esta campaña mediática.

    También es cierto que estos jóvenes (con quienes hablé antes de su éxito) han realizado acciones reales como son la construcción de albergues y el otorgamiento de becas para algunos de los niños que están en proceso de reinserción.

    Reducir el tema a que EEUU quiera invadir Uganda –con la ayuda de una ONG- me parece por un lado absurdo –porque Estados Unidos hace muuuuuucho que no necesita legitimar sus invasiones- y por otro lado, me parece una visión que se ‘pierde en el bosque’ impidiéndonos ver ‘los árboles’ (válgame la metáfora)

    Al-Jazeera, como la propia CNN, ABC, Fox o NBC tienen -como ‘todos los grandes conglomerados mediáticos- cada uno intereses particulares. (Yo trabajé para CNN y NBC y lo sé de cierto). NBC por ejemplo, es solo uno de los negocios de la General Electric Company, a la postre, uno de los mayores productores y vendedores de armas en el mundo. ¿qué eso hace menos creíbles TODAS sus informaciones?! … no … no todas, pero sí algunas (véase la política que tiene la cadena para Irán, por ejemplo, o cómo se ‘debe’ informar sobre las tropas de EEUU en el mundo)

    Al-Jazeera nació en su momento como respuesta a la ‘americanización’ de la información en detrimento de todo lo que oliera a árabe o musulmán, y con todo el respeto que me merece su programación, también tiene –como todos los grandes medios insisto- un sesgo informativo así que… volvemos a aquella máxima: el que esté libre de pecado…

    El punto es que hoy en un lejanísimo punto de México, estamos aquí, discutiendo la existencia de Kony, o si está (o no) en Uganda … y eso ha sido en gran parte a la ‘viral campaña’ emprendida por Invisible Children, que vuelvo y repito: si resulta que tiene otros fines a largo plazo (de momento ahí están sus cuentas en su página) al menos sí habrá colaborado a que ‘como daño colateral’ (permítanme el término) nos hayamos puesto EN TODO EL MUNDO a hablar de las atrocidades de los niños soldados ugandeses y los niños soldado de otras partes del mundo.

    Para mí ESA causa es la que importa y de esto es de lo que he escrito. Las críticas a Invisible Children (por eso) me parecen hoy y hasta ahora, irrelevantes. Lo que importa es lo que ocurre en este y otros sitios.

    Saludos !!

  6. Erika 22/03/2012 a las 8:39 pm · Responder

    Claro que importa lo que ocurre, pero también importa y mucho más, las soluciones que se porponen y el intervencionismo gringo, aunque sea pacífico, no es, ni ha sido, ni puede seguir siendo la única “solución” y al final esto es lo que proponen en Invisible Children.

    He trabajado en comunidades en las que el paternalismo de las grandes ONG’s a perjudicado mucho más de lo que ha beneficiado, a fin de cuentas los pobres son su pretexto para seguir existiendo y tener trabajo, las comunidades que han salido adelante lo han hecho siendo creativas y por sus propios medios, acompañados por personas que han sabido impulsarlos para que desarrollen sus habilidades y las pongan al servicio de su comunidad.

    Hacer visible la tragedia de los niños soldado es loable, pero el paternalismo y la militarización no los va a sacar de donde están, OTRO MUNDO ES POSIBLE y la propuesta que hacen es la misma de siempre.

  7. Susana 23/03/2012 a las 12:05 pm · Responder

    Gracias Cristina. Mientras más personas sepan sobre esta dolorosísima situación algo podrá hacerse al respecto.
    Es como el cuento de la pesona que regresaba estrellas de la playa al mar, …. con una que se salve, … habrá valido el esfuerzo. Me parece que el artículo habla de Esperanza y Esfuerzo. Y por parte de unos jovenes en apoyo de otros jovenes. Es lo que yo leo en tu artículo. Gracias en verdad.

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