La noche del 15 de septiembre, el Presidente Enrique Peña Nieto se retiró de Palacio Nacional donde celebraba el Grito de Independencia. En la Secretaría de Gobernación, lo esperaba Luis Felipe Puente Espinoza, coordinador nacional de Protección Civil, de los hombres más cercanos al primer mandatario y el ser en quien hoy recae la exigencia de los diputados de oposición para que sea destituido. La razón: el territorio nacional se encuentra destrozado. Dos fenómenos bautizados como “Ingrid” y “Manuel” lo atacaron desde el Golfo, y sus dos oceános, el Atlántico y el Pacífico. El número de muertos puede llegar a 200. Los damnificados ya son miles, pero la cronología del desastre no ha encontrado el punto final. El gobierno federal teme más deslaves en zonas de riesgo como ocurrió en La Pintada, la comunidad de Guerrero desaparecida bajo el lodo. Poco a poco, la tragedia es más pesada en los hombros de Puente Espinoza, el dueño de un currículum en el que no se encuentra un solo dato referente a los desastres naturales y quien se aletargó en la advertencia a la población.

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Luis Felipe Puente. Foto: Cuartoscuro

Ciudad de México, 24 de setiembre (SinEmbargo).– De los escándalos entrañados en la campaña presidencial y protagonizados por los hombres de Enrique Peña Nieto, Luis Felipe Puente Espinoza es un sobreviviente.

Licenciado en Administración de Empresas Turísticas por la Escuela Mexicana de Turismo, su perfil se barajó para una Secretaría de Estado. Pero en los caminos del poder, los imprevistos son lugares comunes. Corría mayo de 2012, la campaña había llegado a su punto climático y las luces enfocaron un añejo vínculo entre Puente Espinoza y Pablo Zárate Juárez, acusado por la Fiscalía de Texas de ser enlace entre el ex Gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, y el Cártel del Golfo. Las posibilidades de avanzar en el ajedrez político se desvanecieron.

Así que Luis Felipe Puente Espinoza se quedó con la Coordinación Nacional de Protección Civil, el ámbito que coordinó en el Equipo de Transición.

No era un cargo cualquiera. Esta cartera en el gabinete ampliado fue presentada en diciembre como una de las prioridades del gobierno federal para someterla a reingeniería. La prevención de desastres, las alertas oportunas y la elaboración de los atlas de riesgo en las entidades del país se apuntalarían con celeridad porque el territorio mexicano no podía más. Antes de tomar posesión la administración peñista, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había evaluado el costo de los desastres naturales en los últimos 12 años: dos mil millones de dólares anuales. Se trataba del mismo presupuesto otorgado al combate a la pobreza o el destinado a la guerra contra la delincuencia organizada, sólo en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012).

Sostiene Carlos Zaldívar Edding, de la Comisión Especial de Seguridad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que en México no hay oferta académica en las universidades para preparar a Licenciados en Prevención de Desastres. Ello se refleja en la falta de expertos en la administración pública. Pese al reconocimiento de ese escenario, al especialista le parece urgente perfilar el cargo de Protección Civil. “Se requiere tener experiencia operativa y responder una pregunta básica: ¿Ha estado usted involucrado en un desastre?”

Dice el experto que la Ingeniería en Prevención de Riesgos es la formación más cercana a este requerimiento. Las maestrías en Emergencia y Desastres que se ofrecen en el mundo, también.

–¿Qué sabe un licenciado en Administración de Empresas Turísticas de Desastres Naturales? –se pregunta Zaldívar Edding, con 15 años de experiencia en salvamento.

Él mismo responde: “Lo más probable es que nada”.

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La licenciatura en Administración de Empresas Turísticas no discrepó de las funciones que desempeñó Luis Felipe Puente Espinoza en la administración pública mientras Alfredo del Mazo González fue Gobernador (1981-1986): ocupó la dirección de Turismo.

En los noventa, trabajador en el Ayuntamiento de Atizapán de Zaragoza empezó a entablar ese binomio con Zárate Juárez que a la postre sería una sombra. En 1994, Puente Espinoza se convirtió en alcalde y Zárate en hombre fuerte de su gobierno como director de Administración del municipio. Desde entonces, a Zárate, nacido en Matamoros, ya lo envolvía el apodo de “El Gigantón”. Y desde entonces, vivía entre el Estado de México y Tamaulipas.

La carrera pública de Luis Felipe Puente Espinoza viró cuando Enrique Peña Nieto ocupó la gubernatura. Además de la Secretaría de Transporte, fue asesor del procurador de Justicia del Estado de México. Ya en campaña, fue el coordinador en la segunda circunscripción nacional que abarca Aguascalientes, Coahuila, Guanajuato, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas. Y a Zárate lo puso a cargo de la oficina de Guanajuato, una plaza esencial dado el predominio del Partido Acción Nacional.

En el equipo de transición, Puente Espinoza ocupó el puesto de Protección Civil. Luego, cuando su nombre ya no fue barajado para una Secretaría de Estado, fue nombrado coordinador nacional en el mismo ámbito.

La cercanía con el Presidente es un hilo conductor en esta historia de vida política. Además de Humberto Benítez Treviño (hoy fuera de la administración debido al desliz de prepotencia de su hija en un restaurante de la colonia Roma), su rostro aparece en las fotos que han reproduido algunas revistas de las fiestas privadas de Peña Nieto. Por ejemplo, la que tuvo con motivo de su unión con la actriz Angélica Rivera en la hacienda Cantalagua. Puente Espinoza es aficionado a los caballos y ese sitio, con un casco reconstruido del siglo XVIII, es un escenario al que recurre para montar. Su hija está casada con el propietario de ese centro turístico, Mayolo R. Del Mazo, primo del ex Gobernador del mismo apellido.

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En reunión de trabajo. Foto: Twitter

Es 11 de junio de 2013. Faltan tres meses para que dos rabiosos fenómenos, bautizados como Ingrid y Manuel ingresen por el Golfo y el Atlántico, y recorran 24 estados. Le arrancarán la vida a más de cien personas y dejarán sin nada a casi un millón. El conteo de damnificados será una tarea complicada porque los efectos de los gigantes no amainarán. Pasarán los días y llegarán los deslaves, la crecida de los ríos, el aumento en las presas, el miedo. Los pobladores se irán. Algunas comunidades, las pobres de las pobres, se quedarán sin agua ni alimentos. Muchas, estarán incomunicadas. Miles de escuelas serán destrozadas al grado de la inutilidad.

Este día, cuando reina el sol, parece que ese apocalipsis jamás ocurrirá. El coordinador nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente Espinoza, se encuentra ante reporteros en la Secretaría de Gobernación y reconoce que el mayor reto de su cartera es la prevención de desastres.

Acaba de recibir de manos del consejero de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), Stéphane Jacobzone, una evaluación que le indica la urgencia de recomponer los tiempos de respuesta en México, un territorio siempre en riesgo. Las amenazas se desgranan en naturales, se extienden a las epidemiológicas y por si fuera poco, se agregan las provocadas por el hombre.

Pero esa exposición parece ser sólo tema de una mesa de ponencias. Nada indica que lo dicho aquí vaya a transformarle la vida al encargado de Protección Civil.

De modo que con cierta seriedad, se hace público el estudio que expone que la tercera parte de las entidades del país carece de un atlas de riesgos. Entre las entidades que no lo tienen están Baja California Sur, Durango, Quintana Roo y Sinaloa. Cuentan con él, pero no lo han actualizado: Campeche, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Oaxaca, Tabasco y Yucatán. Hay entidades que modificaron sus atlas, pero lo hicieron en 2001 y 2008. Esas fueron el Distrito Federal, Guanajuato, Nuevo León y Tlaxcala.

El coordinador nacional de Protección Civil es cuestionado sobre el tema y defiende que el 85 por ciento de las entidades tiene un atlas de riesgo terminado y revisado por el Cenapred.

El funcionario dice: “Lo que estamos haciendo ahora es crear unas nuevas plataformas que nos permitan identificar en todos los casos, los posibles riesgos que tienen que ver con sismos o fenómenos meteorológicos, , sequías, incendios, y así se lleve a cabo una modernización del Atlas nacional de riesgos”.

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Enrique Peña Nieto en Atoyac de Álvarez, Guerrero. Foto: Cuartoscuro

Sin bien el informe de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto omitió por completo ámbitos como la Transparencia y el combate a la Corrupción, así como la Cultura, la protección civil fue uno de los temas a los que le dedicó buena parte de su alocución el pasado 1 de septiembre en la residencia oficial de Los Pinos.

En resumen, expuso que su administración, desde el principio, había impulsado la reingeniería en la materia. Que se proponía mejorar la eficacia preventiva y garantizar la respuesta oportuna ante los desastres naturales. Dijo que había una nueva perspectiva.

Sus palabras fueron “Desde la nueva perspectiva en materia de protección civil, caracterizada por su énfasis preventivo, el Sistema Nacional de Protección Civil busca lograr una estrategia equilibrada, en la cual la prevención desempeñe un papel tan importante como la mitigación de las consecuencias adversas que ocasionan los desastres naturales y los que se originan de la actividad humana”.

En el papel, la protección civil, fue considerada. Titulado como “Salvaguardar a la población, a sus bienes y a su entorno ante un desastre de origen natural o humano”, el objetivo 1.6 del Plan Nacional de Desarrollo tiene como primer punto: promover y consolidar la elaboración de un Atlas Nacional de Riesgos a nivel federal, estatal y municipal, con homogeneidad.

Carlos Zaldívar Edding, el integrante de la Comisión de Seguridad de la UNAM, exclama: “Un huracán y una tormenta son eventos negativos. Se generan en forma progresiva. Se puede observar si va  a pegar fuerte”.

Después, elabora una cuestión: “No sé por qué con la magnitud del evento que venía no se alertó a la población, ni hubo medidas como desazolve y evacuación. La prevención no existe”.

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Panorámica de La Pintada, Guerrero. Foto: Cuartoscuro

Al salir del albergue Cici, en Acapulco, Guerrero, el Presidente Enrique Peña Nieto es increpado:

–¡Señor Presidente! Acabo de perder a mi padre. Se llama Margarito Hernández. Yo también soy Margarito Hernández. Yo era de La Pintada. Era, porque allá ya no hay nada, señor Presidente. Y perdí a mi hermano, señor Presidente. Y a mi cuñada. Y también busco a mi hermanita y a mi mamá.

Hace tres días que un alud de rocas y lodazal bajó como monstruo rabioso y aplastó medio pueblo. Lo que hasta el domingo 15 se llamó La Pintada -casas bicolores con piso de barro- está perdido en una revoltura de tierra. Fue culpa de los huracanes Ingrid y Manuel. Ingrid ingresó por el Golfo y el Atlántico  y Manuel que al llegar tenía rostro de tormenta cedió a la furia al tocar tierra en el Pacífico. Ambos, recorrieron 24 estados de la República.

Primero, las aguas mojaron los muebles, los documentos y se llevaron a los animales. Después, los aludes sepultaron las vidas. Ahora Margarito intenta contarle su historia al Presidente Enrique Peña Nieto quien está en Acapulco. Se presenta con prisa y sin diplomacia, porque en su terruño de 400 habitantes ya no hay nadie. Las cámaras de televisión le captan la espalda apenas cubierta con una camiseta sin mangas. Se identifica: tiene 17 años y quiere hablar.

El Presidente responde: “A ver. Venimos hoy a comprometer aquí esta ayuda, este apoyo. Por eso les he expresado a todos ustedes mi solidaridad y mi pesar realmente por lo ocurrido”. El primer mandatario les dice a todos que las autoridades trabajan lo más rápido posible, pero también les pide paciencia.

Pero es una petición, hasta ahora, difícil de acatar. La cronología del desastre no ha concluido. Los muertos pueden llegar a 200. Los damnificados, a un millón.

La Secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, ha sido instruida para elaborar un censo de damnificados, pero el conteo es incesante y el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en una conferencia de prensa, ha dicho que “se ha encontrado en varios otros lugares una cantidad importante de deslaves”.  Y Luis Felipe Puente Espinoza no alcanza a hacer el conteo de víctimas. Desde que México ingresó a este capítulo ha hablado todos los días para incrementar las cifras de los daños.

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Chilpancingo, Guerrero. Foto: Cuartoscuro

Luis Felipe Puente Espinoza, el licenciado en Turismo que perdió una secretaría de Estado, está en el templete político y los focos lo iluminan. Es para hacerle preguntas: ¿Qué hizo que se aletargara en advertir a la población cuando la señal de los huracanes estaba desde el viernes anterior? ¿Qué lo hizo retrasar los seis compromisos que asumió cuando la OCDE le entregó un estudio en el que indicaba que varias entidades ni siquiera tenían atlas de riesgo? ¿Qué lo hizo retrasarse en la reingeniería del Sistema que dirige, comprometida desde diciembre, así como en el Plan Nacional de Desarrollo?

Los legisladores de oposición lo acusaron de negligente en la sesión de la Cámara de Diputados del pasado 18 de septiembre.

El Diputado de Partido del Trabajo, Manuel Huerta Ladrón de Guevara; José Luis Muñoz Soria del PRD y Humberto Armando Prieto del PAN coincidieron en que es necesario analizar el tiempo en que el gobierno federal reaccionó ante el embate.

“Tiene que haber un informe íntegro de por qué no se actuó a tiempo. Si es necesario, Luis Felipe Puente debe comparecer. Pero si tiene un poco de dignidad y seriedad, debe dejar su cargo”, resume Humberto Armando Prieto, del PAN, en entrevista.

Su actuación será evaluada. Eduardo Sánchez, subsecretario de Normatividad de Medios de la Secretaría de Gobernación, se comprometió a brindar un informe pormenorizado para determinar si se atendió en tiempo y forma la emergencia, pero rechazó que el gobierno no hubiera actuado para alertar a la población.

Por ahora, el coordinador general de Protección Civil está concentrado en hacer un recuento de daños y un censo de víctimas. Ni lo uno ni lo otro es posible porque los desastres no han concluido. Los atlas o la reingeniería del sistema tendrán que ser, de nuevo, postergados. Ahora mismo, urge amainar los destrozos.