El discurso de Bernie contra la desigualdad gana adeptos

04/04/2016 - 10:45 am

Sanders, un hombre de 74 años, logró atraer la atención de jóvenes estadounidenses, con un discurso que critica el rescate de Wall Street, la fuga de empleos y la caída del salario.

Ciudad de México, 4 de abril (SinEmbargo).– El cuestionamiento a la desigualdad producida por el control de las corporaciones sobre la política pasó de las manifestaciones callejeras a la precampaña electoral de Estados Unidos y está ganando adeptos entre los votantes, sobre todo jóvenes.

La búsqueda por la candidatura presidencial demócrata del Senador independiente Bernie Sanders –centrada en denostar el rescate de Wall Street, la fuga de empleos y la caída del salario producto del libre mercado, así como en ofrecer educación superior pública gratuita– ha obtenido triunfos en los estados de Washington, Alaska, Hawaii, Idaho y New Hampshire.

Si bien está detrás de la Secretaria de Estado y precandidata Hillary Clinton, este rápido crecimiento del hasta hace poco semi-desconocido Senador tiene a los medios norteamericanos analizando, desde diferentes posiciones del espectro político, cómo es que una plataforma que incluye la palabra “socialismo” avanza en un país cuyos Gobiernos han promovido globalmente y por décadas la ideología opuesta.

Las respuestas, coinciden artículos publicados, es una suma de circunstancias que ha sumido a la generación de votantes más jóvenes, o “millennials”, en las secuelas de la crisis financiera iniciada en 2008, la peor, señalan, desde la Gran Depresión de 1929.

“Para los millennials, socialismo no es una mala palabra; es capitalismo”, publicó el pasado 29 de marzo la historiadora Spencer Bailly en el periódico Alaska Dispatch News. “Por causas ajenas a las nuestras, estamos en condiciones económicas que hacen el sueño americano más inalcanzable que nunca. Tenemos una deuda de la escuela del valor de una casa, pero no tenemos casas. Somos la primera generación en 80 años que muy probablemente estará peor que la de nuestros padres”, agregó la autora.

Este artículo fue respuesta a uno publicado horas antes por The Washington Post y titulado “A los millennials les gusta el socialismo hasta que tienen trabajo”, y que afirmó que esta afinidad ideológica, basada en la preferencia actual por una ampliación de los beneficios sociales, es probable que se acabe a medida que los jóvenes “envejezcan, ganen más dinero y paguen más impuestos”.

“Alcanzando la mayoría de edad durante la Gran Recesión (la de 2008), los millennials no están seguros de si los mercados libres son suficientes para impulsar la movilidad de los ingresos y por tanto muchos se sienten cómodos con que el Gobierno ayude con las necesidades de la gente”, escribió Emily Ekins, investigadora del Instituto Cato, dedicado a promover el libre comercio.

“¿Durará? ¿Están los millennials marcando el comienzo de un cambio radical en la opinión pública? ¿Significa esto la transformación de los Estados Unidos en una social–democracia escandinava?”, agregó el texto.

Una referencia estadística citada es una encuesta de la organización internacional Yougov que, en enero pasado, mostró que si bien sólo un 29 por ciento de la población norteamericana tiene una opinión favorable sobre el socialismo, ésta aumentaba a un 43 por ciento cuando se trataba de jóvenes de 18 a 29 años. También, que esta simpatía había aumentado significativamente más entre los millennials que entre el resto de la población, al pasar de 36 a un 43 por ciento en un año.

“La crisis financiera parece haberle dado al socialismo y al marxismo un nuevo aire”, dijo Bhaskar Sunkara, editor de la revista Jacobin en una entrevista publicada el pasado 21 de marzo en el sitio de noticias en línea Vox.

“… Aun cuando Bernie se desvanezca, todavía hay una base electoral para las ideas socialistas, un hecho que podría llegar a ser mucho más importante que la campaña de Sanders misma”, agregó el editor.

#FILIBERNIE

Bernie Sanders busca quitarle a su oponente, Hillary Clinton, el voto latino y afroamericano. Foto: Efe
Bernie Sanders busca quitarle a su oponente, Hillary Clinton, el voto latino y afroamericano. Foto: Efe

Autodenominado socialista y afiliado a este tipo de movimientos desde su juventud, Bernard o Bernie Sanders es un Senador independiente por Vermont, de 74 años, los últimos 26 reelegido para el Congreso. Es originario del barrio neoyorquino de Brooklyn y graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de Chicago en los años 60, cuando también participó en el movimiento por los derechos civiles. En 1968 se mudó a Vermont, donde el Partido de Libertad Sindical lo propuso como candidato de diferentes cargos de elección popular, todos los cuales perdió hasta que, en 1981, en el inicio de la era Reagan, ganó la Alcaldía de la ciudad de Burlington como independiente, cargo para el que fue reelecto otros dos términos.

Una serie de videograbaciones hechas esos años fueron difundidas y puestas a la venta en diciembre pasado por el Centro para los Medios y la Democracia de Vermont, el cual emitió un boletín de prensa afirmando que “lo que América está apenas empezando a saber, los burlingtonianos lo han sabido por más de tres décadas –que Bernie Sanders es un hombre franco, sincero e intenso”. Su mensaje de una reforma progresiva, agregó el comunicado, “está empezando a resonar entre una franja cada vez más amplia de votantes”.

En las imágenes, se observa a Sanders entrevistando ciudadanos antes e una votación, respondiendo preguntas luego de un viaje a Nicaragua e incluso grabando un álbum con artistas de la ciudad y en las que el hoy candidato declama clásicos folk norteamericanos como “Esta tierra es tu tierra”.

Opuesto como legislador a decisiones como la guerra de Irak o al rescate de Wall Street, Sanders cobró notoriedad nacional el 10 de diciembre de 2010, cuando tomó la tribuna del Senado para argumentar durante ocho horas y media en contra de la aprobación de un programa de aumento de impuestos que perdonó a las clases más altas.

En ese discurso, que inició en la mañana y terminó por la tarde, Sanders trazó una historia sobre el debilitamiento de la clase trabajadora y ubicó el inicio de este declive en los años 70, cuando inició el periodo de mayor acumulamiento de capital por parte de unos cuantos.

 “Desde los años 70, el uno por ciento era dueño del 23 por ciento de todo el ingreso, más que todo el 50 por ciento de los que menos tienen. Ahora, el uno por ciento posee más riqueza que el 90 por ciento. Eso no es la fundación de una sociedad democrática. Esa es la fundación de una sociedad oligárquica”, dijo Sanders en su discurso.

“Por ejemplo, y esto me irrita a mí y a mucha de la gente de este país, la horrenda recesión en la que estamos ahorita, en la que millones y millones de personas han perdido sus trabajos, sus ahorros, sus casas, esta recesión fue causada por la codicia, la imprudencia y el comportamiento ilegal de Wall Street. Estos tipos, con su codicia, crearon la recesión más severa desde la Gran Depresión, y la población americana los rescató (…) Necesitan más, más. Es similar a una adicción. Cincuenta millones no son suficientes, necesitan cien millones. Cien millones no son suficientes; necesitan un billón…”, insistió una y otra vez.

Aunque sin posibilidades de detener la aprobación del programa fiscal, el inusual discurso de Sanders –basado en el filibusterismo o el intento de obstruir una decisión legislativa– fue seguido por decenas de miles de personas que lo convirtieron en tendencia nacional en redes sociales con comentarios como “dales infierno, Bernie #filibernie”.

Estos temas son ahora la base de su compaña, la cual empezó hace un año en Vermont y que, a la fecha, llena estadios, como el pasado 25 de marzo en Portland, Oregon, cuando la imagen de un pinzón que se posó en el podio desde el que hablaba el candidato le dio la vuelta al mundo.

“Hay algo profundamente significativo ocurriendo en el Partido Demócrata –uno podría incluso decir que hay una revolución en curso– y la mayor parte de los reporteros de política se la están perdiendo completamente”, publicó el pasado 28 de marzo el medio especializado en temas políticos, The Hill. “La historia es que Bernie Sanders, un hombre de 74 años, autodescrito socialista, de quien la mayor parte de la gente no había escuchado hace un año y que está compitiendo contra el ‘establishment’, ha ganado ya 15 primarias, está empatado con Clinton en encuestas nacionales y está más fuerte que la ex Secretaria de Estado en competencias con Trump y Cruz (…) Quien quiera que sea el nominado demócrata, Bernie Sanders no tiene que predecir una revolución política. Ya empezó una”, agregó el texto.

NEOLIBERALISMO A JUICIO

Las críticas de Sanders a acuerdos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y al futuro Acuerdo Transpacífico (o TPP , que es un acuerdo comercial negociado en secreto por gobiernos de 12 naciones, entre ellas México) han motivado incluso que Clinton se pronuncie como “opuesta” a éste último acuerdo, lo cual ha sido considerado como producto del éxito de la campaña de Sanders.

En un mundo globalizado, ¿qué alcance podría tener el crecimiento de la izquierda en la política de partidos de Estados Unidos?

Para el economista e investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Saúl Escobar Toledo, la conexión digital actual ha permitido la expansión del descontento contra la acumulación económica y, antes que en Estados Unidos, el movimiento de los “Indignados” en España se convirtió en Podemos y ganaron posiciones políticas, como también ocurrió con el laborista Jeremy Corbyn en Reino Unido.

“Hay una oposición creciente, después de 30 años en los que fue la ideología dominante, que parecía que no tenía rival y que no hubiera quien no dijera que el capitalismo era la única solución, eso se está agotando”, dijo el académico e historiador de movimientos obreros en México.

“La crisis económica, la crisis de las instituciones están levantando inconformidad, nuevos actores políticos y nuevas corrientes de pensamiento, y creo que es signo de cierto debilitamiento de este pensamiento de políticas neoliberales”, agregó.

En México, cuya economía depende de la norteamericana, la política económica, antes en poder del Estado, empezó a ser abierta al capital privado desde los años 80, sobre todo a partir del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, que a partir de 1988 privatizó más de mil empresas estatales. Una de ellas fue Teléfonos de México (Telmex), vendida –según un cable diplomático develado por Wikileaks– en condiciones “favorables” a Carlos Slim Helú, quien 20 años después figuró en la lista de los hombres más ricos del mundo.

Otra medida, pactada entre el Gobierno de Salinas y el del ex Presidente Bill Clinton –esposo de la precandidata demócrata Hillary Clinton–, fue el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que a partir de 1994 le permitió a las corporaciones norteamericanas movilizar sus inversiones de un país a otro. Y, más recientemente, en 2013, el Congreso aprobó la propuesta del Presidente priista Enrique Peña Nieto para abrir al capital privado todos los procesos de la industria energética, en poder del Estado desde 1938.

Esta modificación, muestran diversos documentos oficiales, fue apoyada por diferentes integrantes del Departamento de Estado encabezado por la hoy precandidata demócrata Hillary Clinton, como el ex Embajador Carlos Pascual, que el pasado 22 de febrero le dio un premio a Peña Nieto por “profundizar la relación en materia de energéticos”. Fue en ese evento en el que el mexiquense anunció también el adelanto para el pasado 1 de abril de la liberación del mercado de importación, almacenamiento y distribución de gasolinas.

Pero estas décadas de apertura económica, muestra una investigación publicada en 2014 por Escobar Toledo, han tenido como efecto una marcada caída de los salarios y en la profundización de la desigualdad.

“De 1969 a 1977, el salario mínimo real crece a 5.7 por ciento anual, llegando a su punto más alto en este último año. Luego seguirá un periodo más corto, de 1977 a 1982, en que el salario mínimo tiene un ligero decrecimiento de 1.3 por ciento anual. En cambio, entre 1982 y 1992 se da la peor caída del salario mínimo en la historia del país: 6.36 por ciento anual acumulando un baja de 63.6 por ciento”, dice el artículo de Escobar, titulado “Salarios Mínimos: Desigualdad y Desarrollo”.

Otro análisis que apunta a los costos generados por tres décadas del actual modelo económico fue el escrito en 2015 por la médico social Assa Cristina Laurell, ex secretaria de Salud del Gobierno del Distrito Federal y quien planteó que “la adopción del ajuste fiscal y de reformas estructurales ha destruido la estructura productiva industrial y agrícola del país, así como sus instituciones sociales públicas”.

En entrevista con SinEmbargo, la autora plantea que este tipo de resultados por el mundo, más la llegada de una generación que no vivió bajo la era de la Guerra Fría, han ampliado el descontento y la noción de que la concentración de la riqueza en pocas manos es “brutal”, y de que ha habido una constante destrucción del empleo y los salarios.

“Lo que significa que la gente, por primera vez en muchas generaciones, está viendo que en vez de avanzar esta yendo hacia atrás”, dijo Laurel. La otra expresión de este mismo descontento, observó, es el éxito del también precandidato Donald Trump, que ha cuestionado también este retroceso económico, pero desde la “ultra-derecha” y culpando a los inmigrantes.

Cualquier impacto sobre México, consideraron los entrevistados, sería de todas formas limitado. Este país no ha pasado ni aun por la transición a los partidos de izquierda –o al Estado de bienestar, con más servicios públicos gratuitos­– que se vivió en países sudamericanos y en donde el modelo está en crisis o derrotado.

Además, planteó Escobar, el miedo y la violencia que azotan al país están siendo internalizados por la población de tal forma que, pese a la rabia y el descontento, en millones persiste la desesperanza y la pérdida total de confianza en los procesos políticos o incluso, dice, el interés por la búsqueda de cambios.

“Están las dos cosas, la sensación de miedo y la desesperación, el coraje; es difícil saber que pesa más, pero es cierto que en estas manifestaciones (como las generadas por la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero) hay una gran descalificación del Estado, de los gobernantes y los partidos, de que no sirven para nada, y que solo la acción directa de la gente puede tener un efecto”.

Sandra Rodríguez Nieto
Periodista en El Diario de Ciudad Juárez. Autora de La Fábrica del Crimen (Temas de hoy, 2012), ex reportera en SinEmbargo
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