Ahora habla como el sabio de la tribu, dice Mauricio Rabuffetti. Foto: Especial

Ahora habla como el sabio de la tribu, dice Mauricio Rabuffetti. Foto: Especial

Ciudad de México, 6 de agosto (SinEmbargo).- La experiencia de José “Pepe” Mujica al frente de la Presidencia de Uruguay alcanzó fama mundial y convirtió al líder sudamericano en una especie de estrella de rock que fue recogiendo aclamaciones y loas a su paso.

Sin embargo, desde la esencia de la política, ya sea de izquierda o de derecha, también se cuestionó el poder real de un ex guerrillero de larga y fascinante vida, quien a sus 80 años acuñó un discurso más cercano a lo religioso, como una especie de new age optimista y renovada, que a lo militante.

El libro José Mujica. La revolución tranquila, editado en México por el sello Aguilar y escrito por el joven periodista uruguayo Mauricio Rabuffetti, propone un retrato moderno y humano del ex mandatario, con la certeza que de se trata de un personaje “que en su país genera polémica mientras cosecha elogios por el mundo”.

¿Por qué su mensaje tiene tanta potencia fuera de fronteras y cuáles han sido sus derrotas como gobernante?

¿Cómo lo recordarán los uruguayos? ¿Quién es, cómo se forjó, y por qué despierta pasiones este hombre que le vio la cara a la muerte, abrazó la locura y anduvo un camino de espinas de las armas a la paz?

¿Cómo se gestó la ley de la mariguana? ¿Cuánto participa realmente en el proceso de paz en Colombia? ¿Es cierto que Barack Obama le pidió que usara su influencia en busca de flexibilizar el embargo a Cuba?  ¿Cuánto quedará de su mensaje contra el consumismo? ¿Cuál será el legado del presidente más popular del planeta?

Algunas preguntas que encuentran respuesta en el libro de Rabuffetti, nacido en 1975 y quien fuera corresponsal latinoamericano en Washington DC y secretario de redacción de la Agencia France Presse en Brasil.

Actualmente es el editor de Economía de AFP en América Latina. Es colaborador del diario estadounidense The New York Times y columnista invitado del diario El País de Uruguay.

Realizó y produjo reportajes, entrevistas y notas de análisis alrededor del mundo, desde Estados Unidos a Israel y los territorios palestinos, pasando por Río de Janeiro, Haití y Venezuela. Ha colaborado entre otros medios con The Guardian, France 2, TV Globo, radio El Espectador, NTN24 y Univisión.

“Cuando Mujica tomó apoyó las leyes que más repercusión tuvieron en el exterior, como la legalización del aborto, del matrimonio entre personas del mismo sexo e incluso la regulación del consumo de mariguana y al mismo tiempo pronuncia los discursos más conocidos internacionalmente, lo que se produce es una especie de fascinación por el pragmatismo que él exhibe”, explica Rabuffetti en entrevista exclusiva con SinEmbargo.

“Fascinó también su sentido común. Ahora bien, cuando dejó la Presidencia de Uruguay, el peso de sus palabras tiene más que ver con la filosofía de su mensaje que con su capacidad para tomar decisiones, puesto que ya no está en el poder. Comienza a hablar como una especie de viejo sabio, dicho esto con mucho respeto y sin ninguna intención de elogiar, porque el libro es un ensayo para tratar de explicar la figura y no para alabarla”, agrega Rabuffetti.

–¿Uruguay es un país mejor después de Pepe Mujica?

–En algunas cosas sí y en otros no. Mejoró con él la percepción del Uruguay desde afuera y eso le representa al país mucho respeto en materia de derechos humanos, en avances jurídicos, mayor al que ya tenía. Empeoró el país en la educación. Mujica no fue un gran gestor. El país siguió creciendo, pero el empleo siguió bajando. Mi balance personal de gestión está matizado y es más positivo que negativo. Uruguay con él se abrió a varias realidades del mundo. Por otra parte, la democracia uruguaya está muy sólida y creo que todos los presidentes de los últimos tiempos contribuyeron a consolidarla; en el caso de Mujica se añade esa especie de ventana al mundo, para tratar de entender por qué una figura de esa naturaleza viene de un país como el nuestro.

–Mujica puso de moda al Uruguay

–Es verdad y ese aspecto no es tan visible en el Uruguay. Afuera hizo visible a nuestro país con medidas como recibir a refugiados de Siria y contribuir a desmantelar la cárcel de Guantánamo. Así demostró ser gobernante de un país muy tolerante. Esas medidas consolidaron la idea de que somos una nación dispuesta a colaborar con los grandes problemas que tiene el mundo. Ojo, Uruguay hace tiempo que participa en muchas comisiones de paz. Tenemos tradición en eso. Cuando yo salía del Uruguay afuera me hablaban de futbol; de Enzo Francescoli, de Diego Furlán, de Luis Suárez, ahora también me hablan de Pepe Mujica, de un líder político. Eso puede ser anecdótico y tiene que ver también con que algunas de esas cuestiones ligadas a dicho líder se comunicaron de una manera que no se había comunicado con Presidentes anteriores.

–En el asunto del narcotráfico, con la regulación del uso de la mariguana, ¿quedará Mujica como un pionero, como un adelantado?

–Le dediqué un buen tramo de mi libro a ese tema por varias razones. La primera es que fue una medida impulsada por Mujica a contrapelo de la mayoría de los uruguayos que no estaba de acuerdo con eso. Incluso cuando el Parlamento aprueba la ley que regula el mercado de cannabis, estableciendo al Estado como garante, el Gobierno no supo explicar bien cuál era el sentido de dicha ley. Por otro lado, Uruguay es un país ideal como plataforma de experimento para una ley semejante. Es un país pequeño, con gran solidez institucional, donde puede verse fácilmente si una normativa como esta realmente funciona.

Además, Uruguay es uno de los pocos países en el mundo capaz de dar vuelta la medida si cae en la cuenta de que los efectos de la ley resultan negativos. Tiene herramientas para volver atrás y en ese punto coincido plenamente con Mujica cuando reiteró en varias oportunidades el carácter experimental de la medida. Uruguay, por cierto, es una nación acostumbrada a implementar medidas de vanguardia desde el punto de vista jurídico y desde los derechos individuales. Este país fue el primero en autorizar el voto femenino en el continente, el primero en autorizar el divorcio por decisión de la mujer, el primero en separar al Estado de la Iglesia Católica.

–Entonces Mujica para ti es un producto de la identidad uruguaya

–Bueno, creo que tiene muchísimas cosas de ese caudillo clásico uruguayo y rioplatense, que entiende el sentir de su pueblo y además tiene un montón de ‘uruguayez’ evidente. Mujica, le pese a quien le pese, incluso a pesar de provenir de un pasado guerrillero como integrante de los Tupamaros, termina siendo parte de una tradición política nacional y que destaca conceptos como la redistribución del ingreso, la solidaridad y la equiparación en el ejercicio de los derechos individuales. En ese sentido, Mujica no es un innovador.

Lo que él aporta es su forma peculiar de comunicación, ahí rompe el molde y las reglas habituales. Es un hombre que se ocupa de estar siempre conectado con la realidad. Cuando salía, por ejemplo, jamás tenía la guardia alrededor, como es costumbre. Muy por el contrario, los guardias permanecían lejos y él iba cuerpo a cuerpo con la gente. Ahí es donde él tiene una capacidad superior a otros mandatarios, aunque no es poca cosa destacar también que el Uruguay es un país muy seguro donde un Presidente puede caminar tranquilamente por la calle sin que le pase nada.

–En el capítulo “De guerrillero a Presidente” habla de la historia del continente en las décadas pasadas, cuando la opción armada era una opción política

–Los Tupamaros dicen que fueron políticos con armas, pero cuando ellos accionaron, en el Uruguay no había una dictadura y ahí está la gran crítica que se le hace a dicho movimiento guerrillero. La dictadura comenzó cuando la guerrilla estaba derrotada. Mirando esa época, una de las cosas más valiosas que rescato yo en Mujica, es que no le escuchas decir ni siquiera esbozar la posibilidad de un ajuste de cuentas. No salió de la cárcel con un hacha vengadora.

–En eso se acerca a la Presidente de Chile

–Sí, puede ser, pero lo destacaba porque es síntoma de una coherencia digna de elogiar. En algunas cosas puede ser que Mujica haya ido y venido, pero en esa posición siempre fue muy firme.

–¿Cómo está el tema de los inmigrantes sirios refugiados en el Uruguay?

–Hubo en algún momento un comentario que señalaba problemas de convivencia en alguno de los grupos que vinieron. Desde el punto de vista de ayudar con una gotita en un mar formada por la Guerra de Siria, tanto el mensaje como la señal para el resto del mundo están instalados. Dentro de la sociedad uruguaya las opiniones están divididas. Hay quienes no se muestran tan solidarios con un tema que creen ajeno y hay otros que como yo pensamos que se trata de un ejemplo muy importante para el resto de los países del mundo. Lo que es cierto es que hubo algunos choques culturales y se detectó incluso algún que otro episodio de violencia doméstica que fue inmediatamente resuelto por los gestores de la iniciativa.

Lo último que pasó es que el Secretario de Derechos Humanos de la Presidencia, Javier Miranda, mencionó que el programa podría cortarse por razones económicas, una noticia que causó tanta conmoción social que a los dos días, el canciller salió a decir que Uruguay iba a continuar con el programa y que vendrían 72 refugiados más. Eso sí, se va a cambiar la metodología de adaptación, puesto que las nuevas familias serán colocadas en zonas rurales, en núcleos productivos, para que sean capaces de generar su propio sustento a través de trabajo agrícola.

–¿Y con los liberados de la cárcel de Guantánamo?

–Hubo una protesta larga de varias semanas de los ex detenidos frente a la Embajada de los Estados Unidos, que pedían que alguien atendiera su situación. Finalmente, el Gobierno uruguayo logró que firmaran un acuerdo con ACNUR, el departamento de refugiados de Naciones Unidas y de los seis que hay, cinco se van a quedar en el Uruguay. De hecho, tres de ellos se han casado ya con mujeres uruguayas. Sólo queda uno que no sabe bien qué va a hacer. Lo que sí quedó claro es que no van a llegar nuevos detenidos de Guantánamo, porque Tabaré Vázquez nunca estuvo de acuerdo con esa medida de José ‘Pepe’ Mujica.

–¿Y qué pasó con la regulación del consumo de mariguana luego de la implementación de la ley?

–Algunos capítulos comenzaron a funcionar muy bien y otros no. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con la formación de clubes de autocultivadores o el autocultivo en las casas de los consumidores, eso va perfectamente. Hay muchos clubes con personería jurídica y la gente se asocia sin ningún problema. El registro de cultivadores que se implementó por ley está muy organizado. Lo que tiene que ver con la producción de mariguana a través de empresas y la distribución en las farmacias –el punto más polémico de la normativa- no funciona. No hay producción y mi impresión personal es que esa parte del proyecto quedó en un cajón y no hay interés por parte del Gobierno actual en completar la ley.

–¿No hay narcos que vendan mariguana en Uruguay?

-¡Claro que hay! ¡Por supuesto que hay! Las personas que no se anotaron en los clubes de autocultivo, no tienen otro camino más que recurrir a los narcotraficantes, puesto que el Estado no ha cumplido con esa parte de la ley que le exige distribuir mediante las farmacias la mariguana.

–El Gobierno actual, entonces, no está dispuesto a que se cumpla íntegramente la ley…

–Bueno, es de conocimiento público que Tabaré Vázquez no está de acuerdo con que se venda la mariguana en las farmacias.

­–¿Pepe leyó el libro?

–La verdad es que no lo sé, porque el libro no está basado en una relación Presidente/periodista. Es un ejercicio de reconstrucción y análisis y era la única forma de tratar un personaje de tanto peso, para hacer un libro desapegado, tratando de ser neutral.